Nuevos proyectos para los huérfanos de Georgia

Artículo publicado el 24 de Marzo de 2014
Artículo publicado el 24 de Marzo de 2014

Cuando la Unión Soviética se desmanteló, dejó tras de sí un conjunto de instituciones destinadas a cuidar de los niños huérfanos donde, muy a menudo, los pequeños eran víctimas de maltratos. Ahora, Georgia está esforzándose por modernizarse y tratar de encontrar mejores soluciones para atender a su población huérfana, todavía muy numerosa. 

Está sen­ta­da en una es­qui­na, mi­ran­do fi­ja­men­te las pa­re­des. No quie­re ha­blar con nadie. Su corte de pelo mas­cu­lino, la se­ve­ra pso­ria­sis y los oca­sio­na­les ata­ques de his­te­ria y neu­ro­sis la aís­lan del resto del mundo. Ta­ma­ri no tiene más que 13 años. No sabe dónde está su madre y a su padre le han acu­sa­do de abu­sar de ella. Sus dos her­ma­nas y ella ya no pue­den vivir en casa.

Ta­ma­ri no es la única niña geor­gia­na que no puede vivir con sus pa­dres. Hay mu­chos niños que se ven for­za­dos a aban­do­nar sus casas de­bi­do a la po­bre­za, la vio­len­cia do­més­ti­ca o por­que sus pa­dres son al­cohó­li­cos, pa­sa­ron tiem­po en­car­ce­la­dos o sim­ple­men­te les aban­do­na­ron. Según Uni­cef, el 95 % de los niños en ins­ti­tu­cio­nes de aco­gi­da de Geor­gia están en si­tua­ción de «huér­fa­nos so­cia­les». Estos niños se crían en or­fa­na­tos y tie­nen pocas opor­tu­ni­da­des, ade­más de una vida de po­bre­za. Ade­más, la vida en estas ins­ti­tu­cio­nes les deja sin las ca­pa­ci­da­des ne­ce­sa­rias para en­con­trar tra­ba­jo, por lo que mu­chos ter­mi­nan par­ti­ci­pan­do en la de­lin­cuen­cia ca­lle­je­ra, el trá­fi­co de dro­gas y la pros­ti­tu­ción. En los úl­ti­mos años ha ha­bi­do va­rios re­por­ta­jes y ar­tícu­los que han sa­ca­do estas si­tua­cio­nes ex­tre­mas a la luz, así que el go­bierno se aso­ció con Uni­cef para desa­rro­llar un nuevo pro­gra­ma que pre­ten­día ce­rrar todos los or­fa­na­tos pú­bli­cos y en­con­trar nue­vos ho­ga­res para los niños. En 2003 Geor­gia tenía unos 72 or­fa­na­tos que aco­gían a unos 8.000 huér­fa­nos. Según las es­ta­dís­ti­cas solo que­dan tres or­fa­na­tos de los 49 que había en 2005.

El go­bierno ha de­ja­do claro que quie­re erra­di­car estas ins­ti­tu­cio­nes de es­ti­lo so­vié­ti­co. Por eso el Mi­nis­te­rio de Tra­ba­jo, Salud y Asun­tos So­cia­les de Geor­gia, junto con el Cen­tro de Ca­ri­dad Hu­ma­ni­ta­ria «Abkha­ze­ti» (CHCA), em­pe­zó un nuevo pro­yec­to en 2011: pe­que­ñas casas gru­pa­les. Estas casas son una al­ter­na­ti­va a los sis­te­mas tra­di­cio­na­les de los or­fa­na­tos y la aco­gi­da. Niños sin re­la­ción al­gu­na viven en un am­bien­te si­mi­lar al de un hogar con pa­dres de aco­gi­da o un grupo de cui­da­do­res cua­li­fi­ca­dos que va ro­tan­do cada cier­to tiem­po.

Los niños re­si­den en estas cosas cuan­do tie­nen entre 6 y 18 años, y son de dis­tin­tas et­nias. La meta prin­ci­pal de este sis­te­ma es crear un am­bien­te si­mi­lar al de una fa­mi­lia para los niños, apo­yar su edu­ca­ción y desa­rro­llo y pro­por­cio­nar­les las ha­bi­li­da­des pro­fe­sio­na­les que ne­ce­si­tan para lle­var una vida in­de­pen­dien­te.

En Geor­gia exis­ten tres mo­de­los: casas de es­ti­lo fa­mi­liar para un má­xi­mo de siete niños, casas es­pe­cia­li­za­das con no más de diez niños y casas tipo SOS que aco­gen a unos siete niños. CHCA lleva tres de estas casas en la re­gión de Kakhe­ti pero hay unas 50 casas de pe­que­ños gru­pos en todo el país y más de 10 or­ga­ni­za­cio­nes que las di­ri­gen: Ca­ri­tas Geor­gia, Di­vi­ne Child, Child and en­vi­ron­ment, Bres Geor­gia, Bi­li­ki y SOS entre otros.

Ta­ma­ri es una niña dis­tin­ta des­pués de haber vi­vi­do dos años en una de estas casas de CHCA. Se aca­ri­cia el pre­cio­so y largo pelo mo­reno, le bri­llan los ojos cuan­do le ha­blas y en­se­ña una pre­cio­sa son­ri­sa. CHCA tra­ba­jó mucho para me­jo­rar su es­ta­do psi­co­ló­gi­co por lo que ahora su agre­si­vi­dad y ac­ti­tud ne­ga­ti­va y re­ser­va­da ha des­a­pa­re­ci­do. Es capaz de ha­blar sobre sus éxi­tos es­co­la­res y tiene va­rios ami­gos. Tam­bién está apren­dien­do cos­tu­ra y tiene su pro­pia má­qui­na de coser. Es la pri­me­ra vez que a Ta­ma­ri el fu­tu­ro no le pa­re­ce negro.

Pero estas casas no son más que una so­lu­ción tem­po­ral. Al­re­de­dor de un 80 % de estos niños tiene al menos un padre con de­re­chos pa­ren­ta­les pero que en ese mo­men­to no puede cui­dar de ellos. Por eso el go­bierno, junto con Uni­cef y otras or­ga­ni­za­cio­nes, ha crea­do una cam­pa­ña para re­unir a estos niños con sus pa­dres bio­ló­gi­cos o algún fa­mi­liar.

Como con­se­cuen­cia, la vida de Ta­ma­ri ha cam­bia­do ra­di­cal­men­te. Des­pués de vivir dos años en una de estas casas apa­re­ció un tío suyo. El pa­sa­do Año Nuevo fue el pri­me­ro que Ta­ma­ri y sus her­ma­nas no lo pa­sa­ban en el or­fa­na­to. En lugar de eso, lo ce­le­bra­ron con fa­mi­lia­res ca­ri­ño­sos y las niñas pa­re­cían ser las más fe­li­ces del mundo.

Los nom­bres del ar­tícu­lo han sido mo­di­fi­ca­dos por ra­zo­nes de pri­va­ci­dad.

Fotos cor­te­sía de Onnik James Kri­ko­rian. Las fotos no re­pre­sen­tan casas gru­pa­les del CHCA, sino que son de niños en si­tua­ción de ries­go de Geor­gia.