Nuruddin Farah: La guerra sólo lleva a la autodestrucción

Artículo publicado el 26 de Mayo de 2007
Artículo publicado el 26 de Mayo de 2007
El escritor somalí Nuruddin Farah, de 62 años, es una de las figuras más importantes de la literatura africana. Comprometido con los derechos de las mujeres, es el cronista del viaje de ida y vuelta de Somalia al caos.

Desde los ventanales del mirador del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB) se observa una panorámica espectacular: un horizonte formado por azoteas y antenas parabólicas distribuidas de forma anárquica. Al fondo, se yergue dominante el castillo de Montjuïc. Estamos aquí para escuchar una conferencia del escritor somalí Nuruddin Farah dentro de un ciclo sobre el país del Cuerno de África.

Nacido en Baidoa [al sur de Somalia], el autor se ha convertido en el testimonio literario del caos y del fracaso colectivo de la sociedad somalí así como en uno de los portavoces de las demandas de liberación de la mujer africana. Ante los nuevos episodios de combates entre las tropas del Gobierno de Transición Somalí, y su aliado etíope, y las milicias de la Unión de los Tribunales Islámicos, y del clan Hawiye en Mogadiscio, conocer la opinión de Farah al respecto se convierte en algo ineludible.

“Todos culpables”

A la hora pactada, encontramos a Nuruddin Farah en una gran sala de reuniones del CCCB. “¿Quién es el culpable” de la situación en Somalia?, le preguntamos sin rodeos citando una frase común en sus obras. “Casi todo el mundo es culpable. Formamos parte de una sociedad y tenemos que ser responsables de nuestros actos”, responde la figura más importante de las letras somalíes.

Formado en la India y en el Reino Unido, el políglota autor –habla amárico, inglés, árabe e italiano- ha ganado numerosos certámenes literarios entre los que figura el prestigioso premio Neustadt [1998].

“Si yo pongo un dedo sobre la mesa, si después tu también pones un dedo, si todo el mundo hace lo mismo ésta empieza a desestabilizarse”, describe realizando una metáfora sobre su país. Según él, los últimos 16 años de guerra civil en Somalia son “la consecuencia de identidades malentendidas, de aspectos económicos o históricos, pero sobretodo de cuestiones que se han hecho mal, asuntos de los que nadie acepta su culpabilidad y se responsabiliza a los otros.”

En este contexto, no le extraña que muchos somalíes vean con buenos ojos la posibilidad de volver a un régimen dictatorial que aporte un poco de orden al país. Farah no comparte esta idea. Y es que durante la dictadura de Siad Barre este escritor se tuvo que exiliar al extranjero después de ser condenado a muerte en rebeldía debido a los contenidos críticos de su libro, A Naked Needle [1976].

Durante su exilio, Nuruddin Farah dedicó buena parte de sus esfuerzos a explicar el porqué de las dictaduras mediante su trilogía Variaciones sobre el Tema de las Dictaduras Africanas [1980-1983]. Para él, una de las razones de la existencia y persistencia de tantas dictaduras en África es que la mayoría de las “familias africanas son autoritarias”. Según el autor, las tradiciones autoritarias no admiten “la tolerancia de la diversidad necesaria para la democracia”. Las víctimas: mujeres y niños a nivel familiar, los marginados en la esfera más amplia de la sociedad.

Sólo con la caída de Siad Barre, el escritor pudo volver a Somalia en 1996. Desde entonces, visita periódicamente su país, aunque la mayor parte del año vive con su familia en Ciudad del Cabo, Sudáfrica.

El camino hacia la paz

¿Cuál es, pues, la ruta hacia la estabilidad de Somalia? “Hasta los mismos jorobados aprenden a vivir con su incomodidad”, contesta citando un proverbio somalí. Lejos de intervenciones extranjeras, opina que la solución recae en los propios somalíes: “La solución pasa por entender que la guerra sólo lleva a un camino: la autodestrucción; mientras que la paz lleva a la avenida de las posibilidades”. Un dilema, que por primera vez, cree que han entendido los somalíes.

Para Farah, en unas hipotéticas negociaciones de paz se ha de dar el protagonismo a las organizaciones de la sociedad civil “y no a aquellos actores que son parte del problema como los islamistas” o los propios señores de la guerra. Estos últimos son, para el narrador, “auténticos criminales de guerra” que han de ser llevados ante el Tribunal Penal Internacional.

La mujer como fuente de inspiración

A parte de la ambientación en Somalia, hay que destacar el protagonismo de las mujeres en las obras de Nuruddin Farah. Personajes luchadores femeninos como Cambara, la exiliada que vuelve a casa de su última novela Knots [2007], la nómada Ebla, que se niega a aceptar un matrimonio convenido en From a Crocked Rib [1970], o la enigmática Sholongo de Secrets [2000], muestran la determinación de Farah a favor de los derechos de las mujeres; un vínculo reforzado por su matrimonio con la escritora y académica nigeriana, Amina Mama.

En palabras del propio Farah, todo viene de hace tiempo: “Cuando era pequeño me sentía muy unido a mi madre [poeta]. Con el paso del tiempo percibí su infelicidad a través de sus gestos. A partir de su ejemplo desarrollé una especie de empatía hacia las mujeres”.

Para ganarse un dinero, el joven Nuruddin Farah se dedicaba a escribir cartas para personas analfabetas. “Un día, un hombre me pidió que escribiera a su mujer que había huido de su casa. Quería que le dijera que si no volvía en tres meses iría a buscarla; que cuando la encontrara, le daría una paliza y la arrastraría de vuelta a casa”, explica. En vez de escribir la carta tal cual, el escritor envió una versión completamente diferente. En ella, el hombre le concedía el divorcio. Aunque la carta le supuso muchos problemas posteriores, afirma estar orgulloso de lo que hizo.

Este uso de la prosa como herramienta de denuncia y de lucha nos muestran un escritor comprometido no sólo con la igualdad de géneros, sino con el respeto de los derechos humanos en su país: Somalia. Con la justicia, la libertad y la responsabilidad por bandera, Nuruddin Farah es el portavoz de un África que mira el presente desde una perspectiva crítica pero esperanzada; que reclama que el futuro de los africanos esté en sus manos.