Occidente arrasa: cirugía estética en Corea del Sur

Artículo publicado el 15 de Noviembre de 2013
Artículo publicado el 15 de Noviembre de 2013

Corea del Sur posee el índice de cirugía plástica más alto del mundo. Un profesor de inglés en la pequeña ciudad surcoreana de Jinju habla acerca del agrandamiento de los ojos, del blanqueamiento de la piel y del ideal occidental que predomina y atormenta a los coreanos

En el aula la conversación cambia de ritmo. Un chico sentado en la última fila levanta la mano.

Delgada”, dice. “Con los ojos grandes

El resto de estudiantes comparte su opinión, murmurando. No cabe duda de que en Jinju los cánones de belleza están estrictamente fijados. Los ojos grandes con el doble párpado europeo son imprescindibles. También me dicen que ayuda ser alto. La lista de la compra continúa, pero la clase está de acuerdo: los rasgos occidentales arrasan. Las tasas de cirugía plástica son las más altas del mundo y, para la nueva generación de estudiantes, la belleza se compra.

No son miembros de la alta sociedad. Jinju es una pequeña ciudad en el sur del tamaño de Leicester (Inglaterra, unos 350.00 habitantes N.d.E) y la mayoría de los estudiantes pertenecen a la clase trabajadora. En los colegios, la cirugía de  agrandamiento de ojos y el doble párpado son tan comunes como llevar ortodoncia, y en los institutos coreanos el regalo de graduación por excelencia es una cirugía plástica. Solo el año pasado, se llevaron a cabo 700.000 procedimientos estéticos en la República. El 15 % de las mujeres de todo el país han pasado por una operación. En Seúl, la cifra asciende al 20 %. Más allá de de Silicon Valley, de Nip/Tuck y de la rinoplastia, lo cierto es que cuando hablamos de cirugía plástica los Estados Unidos se quedan atrás.

“Queremos ser blancos”

No es de extrañar si miras alrededor. Para entender la influencia occidental, no hay más que ver el éxito mediático de Girl's Generation en YouTube. Las cantantes son extremadamente pálidas, y no precisamente por las luces. Las estrellas del K-Pop son blanqueadas en post-producción.

Queremos ser blancos”, dice un chico. Bromea con un amigo y ponen sus brazos al lado del mío. La comparación resulta cómica, pero el asunto es serio: muchos coreanos no se sienten cómodos con su etnicidad.

Hay otro ejemplo que sobresale: todos los estudiantes de la clase llevan una identificación fotográfica. Todas las imágenes, sin excepción, han sido tratadas: la piel es blanca como la leche, se ha definido el borde de la mandíbula y, por supuesto, se han agrandado los ojos. El efecto es inquietante. En su búsqueda del ideal occidental, el parecido de los estudiantes es asombroso. Blanco sobre fondo blanco, la clase ignora sus diferencias naturales en favor de un parecido artificial.

Lo más irónico, por supuesto, es lo poco que Occidente les corresponde. La clase escucha, visiblemente horrorizada, que el pelo oscuro se considera atractivo. La piel pálida, revelo, resulta especialmente fea. Los estudiantes señalan mis brazos llenos de pecas. “¡Me voy a mudar a Inglaterra!”, declara uno de ellos, animando la atmósfera.

El alza de la cirugía estética y el blanqueamiento de la piel en el cine son igual de dañinos que los solariums o la obsesión de la prensa rosa por el peso. Tanto el Reino Unido como la República de Corea se aferran a unos cánones que no son sanos ni están al alcance. Aprender a aceptarse a uno mismo, haciendo caso omiso de las expectativas culturales, es una tarea ardua. A pesar de esto, muchos estudiantes están empezando a pensar diferente.

Yo prefiero la belleza natural”, dice una chica de la primera fila que ha estado callada durante la mayor parte del debate. “Nada de cirugía ni cambios”.

Me mira. “Ni siquiera la piel pálida”.