Ocupación y resistencia - Marta Muixí

Artículo publicado el 8 de Septiembre de 2007
Publicado por la comunidad
Artículo publicado el 8 de Septiembre de 2007
¿Te imaginas que en cualquier momento haya soldados que puedan entrar en tu casa y hacerte prisionero o dispararte sin motivo y con total impunidad? Que un día cualquiera el paisaje con el que te despertabas cada mañana sea sustituido por un muro.

Que para cada desplazamiento necesites permisos que requieren peripecias burocráticas y que tienes que pedir a unas instituciones que ni siquiera son las tuyas. Que tengas que dar siempre explicaciones y que jamás tengas la seguridad de poder llegar a la escuela, la universidad o el trabajo.

Que un día cualquiera tu casa pueda ser marcada con una cruz y demolida, con todos los recuerdos y vida que guarda. Que un día cualquiera puedan expoliarte las tierras que has cultivado toda la vida. Que las persones a quien has votado estén entre rejas, así como amigos, familiares y vecinos. Intentar dormir, cada día, con disparos de fondo pensando: ¿entrarán los soldados esta noche? ¿Te imaginas estar sometido a estas humillaciones para poder sobrevivir?

Esto es lo que viví y sentí en Palestina. Personas agotadas después de 40 años de ocupación y humillación, año tras año, día tras día. Un pueblo intentando hacer frente a estas atrocidades siempre sometidos al cruel y voluble deseo del ocupante. ¿Cómo resistir? La resistencia armada solo sirve para dar excusas al gobierno israelí para endurecer la opresión. La resistencia pacífica parece que solo prolongue la agonía.

Pero al final, la supervivencia es la resistencia. Las personas siguen sonriendo, invitando y queriendo, si olvidar el sufrimiento que viven y han vivido pero sin renunciar a las bondades de la vida. Los jóvenes estudian y sueñan con un futuro sin condicionante, no se dejan abatir a pesar de que todo vaya en su contra. Esto es resistir. Solo esperan que un buen día el mundo les mire, les escuche y exija a Israel el cumplimiento del derecho internacional y de los derechos humanos. Es por esto que cuentan sus historias personales, sin buscar compasión, sólo quieren justicia. Para poner fin a todos estos años de barbaridades. Ya basta de adaptarse a la ocupación y es que, después de tanto tiempo, incluso se crea una normalidad alrededor de las situaciones inverosímiles que genera la ocupación. Una muestra de ello es la vida paralela que se ha montado alrededor de los check points más grandes de Cisjordania, por ejemplo, el de Awarta, para entrar a Nablus. Para poder pasar, los palestinos que van con transporte público tienen que cruzar andando los controles de los soldados israelíes y dar las explicaciones pertinentes sobre que van a hacer y porque. Y, cruzar los dedos con la esperanza de que los soldados les dejen pasar. Allí, taxistas, conductores de colectivos y autobuses y vendedores ambulantes encuentran una humilde fuente de ingresos. Entre las personas que entran, salen y, sobretodo, los que esperan. Una no-acción a la que los palestinos están muy acostumbrados.

Marta Muixí