Oda al Diablo

Artículo publicado el 5 de Marzo de 2015
Artículo publicado el 5 de Marzo de 2015

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El Parque del Retiro de Madrid podría tener una de las únicas esculturas en el mundo dedicadas al Diablo. La Plaza del Ángel Caído, dentro del propio parque, cobija la personificación en bronce de Lucifer: el ángel que fue expulsado del Cielo y condenado al lugar del fuego eterno.

El sol se pone grande y majestuoso por uno de los laterales del parque, donde el atardecer se va notando en el ambiente. Una sombra se proyecta en el asfalto de la Avenida de Alfonso XII en el Parque del Retiro y hace más imponente a la Fuente del Ángel Caído. Según dicen, la estatua que corona el pilar de la fuente es la única en el mundo dedicada a Lucifer. Madrid tiene una de las pocas esculturas dedicada al Demonio.

Laura Gallego en su obra Dos Velas Para El Diablo hace referencia a través de la protagonista del relato a este curioso monumento, que no se libra de las miradas de todo aquel que pasa por su lado, de la siguiente manera: “la mano que cinceló esta escultura representó al emperador demoníaco como un hombre joven, musculoso e indudablemente guapo. Una serpiente se enrosca sobre su cuerpo, atándolo al mundo, quizá, mientras él mira al cielo y grita de horror. ¿Es horror o es dolor lo que veo en su rostro? ¿O tal vez desafío?”

El ángel expulsado

La tradición cristiana cuenta cómo Lucifer, que representa el atractivo y la sabiduría corruptas por la soberbia, fue un ángel expulsado del Cielo y condenado al Infierno

Allí se transformó en Satanás. La de Madrid, si no es la única, es de las pocas esculturas que se atreven a representar al Diablo en su forma humana, como Lucifer. La obra, de 1877, fue cincelada en bronce por Ricardo Bellver y muestra el instante preciso en el que el ángel caído está sufriendo la condena divina. Como bien cuenta Gallego en el fragmento antes referenciado, el que se convertirá en Satanás aparece boca arriba, con sus alas desplegadas y una serpiente se retuerce por sus extremidades. La expresión de su rostro deja entrever el horror como antesala al dolor eterno al que ha sido condenado. La pieza, por su disposición y características, podría incluso recordar al Laocoonte griego. La base del pedestal sobre el que se erige la escenificación está, a su vez, decorada por carátulas demoníacas que sujetan lagartos en sus manos y expulsan agua por la boca.

Entre leyenda y casualidad

La pieza no es, a fin de cuentas, más que la escenificación de un pasaje bíblico. No obstante, si hay algo realmente inquietante en su historia es su disposición. Fruto de la casualidad o no, la Fuente del Ángel Caído está situada a 666 metros sobre el nivel del mar. Esta cifra ha sido popularmente relacionada con el demonio en las historias de terror literarias y cinematográficas. En los términos bíblicos del libro del Apocalipsis el número 666 se conoce como la Marca de la Bestia.

Sea como fuere, Lucifer tiene su lugar en Madrid. Se tapa el rostro en lo alto del pedestal según el sol se va poniendo y da la sensación de que la luz le molesta. Oscurecerá, como lo hizo para él cuando se introdujo en las tiniebla eternas. Por lo pronto, la imagen del que se convirtió en Satanás seguirá en el Parque del Retiro, recordándonos (y citando de nuevo a la obra de Gallego) cómo “el gran Lucifer pudiera llegar a mostrar una expresión tan humana alguna vez". Seguirá cumpliendo su condena, como suplicando hacie el cielo, con una mano cubriendo su rostro, tal vez por la vergüenza de que piense que todas las miradas se posen en él porque saben lo que ha hecho. Y en quién se va a convertir.