Olga Karatch: “Lukashenko tiene a los dirigentes europeos por moluscos”

Artículo publicado el 24 de Enero de 2007
Artículo publicado el 24 de Enero de 2007
La presidencia alemana de la UE considera las elecciones locales del 14 de enero en Bielorrusia como “no democráticas”. La oposición anuncia un congreso para establecer una nueva estrategia contra el dictador.

Olga Karatch, de 28 años, es profesora de instituto y una de las disidentes más activas de Bielorrusia, una de las últimas dictaduras de Europa, situada enttre Rusia, Ucrania, los países bálticos y Polonia. Lidera la asociación Nuestra Casa ['Nasz dom'] y es editora de una publicación opositora clandestina. Pelea sin cesar para que se respeten de una vez los Derechos Humanos en su país. De paso por Varsovia, en tránsito entre Praga y Bruselas, Karatch trata de sensibilizar a las autoridades comunitarias sobre la falta de libertades en los medios de comunicación bielorrusos. En la actualidad, vive en Vitebsk, en donde trabaja como consejera municipal.

Jóvenes y jubilados: con Lukashenko

Aun a pesar de haber estado en prisión varias veces, Karatch conserva su juventud, su serenidad y su energía. “Tenemos actividades en 10 lugares distintos de Bielorrusia, pero no en Minsk, la capital”, comienza a explicarme hablándome de su ONG. “No es que falten voluntarios y opositores, sino que allí la represión es mucho más fuerte.”

Lukashenko accedió a la presidencia de Bielorrusia en 1994 y en 2006 fue reelegido de nuevo con un supuesto 82% de los sufragios emitidos. Según Karatch, “los escolares de la época, que hoy rondan la veintena de años, se han visto tan adoctrinados que es muy difícil explicarles que han vivido toda la vida envueltos en una mentira.” Un análisis corroborado por una investigación realizada por Nuestra Casa: “Los que apoyan a Lukashenko tienen entre 18 y 22 años o más de 65. Los que se oponen al régimen del Señor de Minsk tienen entre 23 y 45 años.”

¿Cómo concienciar entonces a los bielorrusos de su situación? Según Karatch, hay que ir paso a paso. “En Bielorrusia, todos viven en la ilusión de que los medios de comunicación son independientes y libres. La mayoría de nosotros tiene aún una manera de pensar propia de la era soviética, cuando todo -salvo la televisión estatal- estaba prohibido. Era un periodo en el que la gente escuchaba Radio free Europe colorados de la vergüenza. Hoy, tenemos acceso a la televisión, al cable, a centenares de periódicos y a Internet. Sin embargo, son casi todos medios de entretenimiento sin apenas programas de información. En los quioscos, sólo se encuentran revistas del corazón, de crucigramas o de asuntos que sólo interesan a las abuelas.”

Dame pan y dime tonto

En paralelo a este apagón informativo, la UE ha concedido el premio Sajarov por las Libertades en 2006 a Alexander Milinkievich, uno de los líderes de la oposición bielorrusa. Según Karatch, “la política de la Unión europea es muy imprecisa. La UE sigue siendo el mayor espónsor de Rusia, al comprarle su gas, sus carburantes, y su textil sin cuestionarle nada. Los responsables europeos quieren darle al dictador bielorruso lecciones de democracia sin preguntarle por la desaparición de opositores o por su gestión de las finanzas públicas. Y Lukashenko se aprovecha de ello,” prosigue esta disidente.

“A los ojos de Lukashenko, el diálogo es para los débiles. Tiene a los dirigentes europeos por blandos moluscos, pues le dan dinero sin exigir nada a cambio. La UE, al construir el gasoducto del Báltico y al decretar que los problemas energéticos de Ucrania y de Bielorrusia no le atañen, condena a estos países a quedarse aislados o a la merced del gigante ruso.”

Cuanto peor, mejor

Es cuando analiza la situación económica cuando Karatch se vuelve más optimista con la situación. En enero, Moscú, por segundo año consecutivo, ha cortado el grifo energético a Bielorrusia en pleno invierno, provocando una aguda crisis entre ambos Estados. “La gente ya está harta”, asegura Karatch. “Si los ciudadanos se ven obligados a pagar cada vez más, sin obtener nada a cambio, terminarán por rebelare y preguntar ‘¿dónde está mi dinero?'. Lukashenko no será capaz de justificar el más mínimo de sus gastos y de responder a sus necesidades.”

¿Descontento o revolución? Olga se sonríe con aire de misterio. “En Bielorrusia, nadie ha preparado la revolución aparte de Lukashenko. En la más pura tradición soviética de búsqueda de un enemigo culpable en nombre de todos, no se ha cansado de repetir que es la oposición quien busca hacer la revolución. Hasta el punto de que los bielorrusos han terminado por creer que existía una oposición cohesionada y que era en todo caso posible un levantamiento. Los que se han manifestado contra él han descubierto la amarga realidad. El jefe del KGB, anunció en un discurso que quienes protestaran en la vía pública podrían ser castigados con 25 años de prisión o condenados a muerte. Y en Bielorrusia, con estas cosas no se bromea.”

Karatch, por su parte, no teme salir a manifestarse. “La primera vez en prisión es como el primer amor: no se olvida nunca. Luego, todo le resulta a una normal. Lo más importante en esta lucha consiste en no dejarse vencer y en conservar nuestra humanidad”, comenta resignada. “La última vez que unos agentes del KGB me sentados en sus coches a la puerta de mi casa, en pleno invierno, bajé del apartamento y les espeté: ‘¿os preparo un café calentito?”.

Foto Olga Karatch: Natalia Sosin

Objetivo: solidaridad con Bielorrusia