Omaíta, ¿qué es el comunismo?; ¿y el ramadán qué es, Opá?

Artículo publicado el 16 de Octubre de 2007
Artículo publicado el 16 de Octubre de 2007
Yasmin, Cihan, Mani y Christian protagonizan la producción germano-francesa Mon monde - meine Welt (Mi mundo), manifestando, en un tono agridulce, que no hay respuestas uniformes para todos respecto a la inmigración en Europa.

En la cafetería Bistrot am Britz, Cihan, un joven germano-turco que se encuentra sentado frente a su padre en la mesa de una cafetería situada en la plaza de un suburbio berlinés, proyecta su entorno con la ayuda de una cámara. Le echa un vistazo a su chuleta y le inquiere: “Papá, ¿qué dirías si llegara a casa con una novia alemana?”. El padre hace una mueca con aire disgustado. Hasta ahora no lo concebía, pero habrá que ver qué sucede a partir de ahora.

¿Y una novia musulmana? Pawel, un joven germano-polaco, ni se lo plantea. En la película da a entender que es un “patriota polaco”, y lo proclama a los cuatro vientos. Christian, cuya familia huyó de Ruanda en 1994, le pregunta a su madre Béatrice qué le falta allí en Francia. "Los olores, hijo, y cómo se vive en Ruanda. Aquí se vive en espacios muy pequeños y los unos encima de los otros”.

En 20 años de intercambio el acuerdo de amistad entre París y Berlín toma forma en la película Mon monde - meine Welt de dos jóvenes realizadores: el berlinés Christian Stahl (de 37 años) y la parisina Isabelle Foucrier (de 24), acerca del tema de la inmigración."Es lógico", afirma Christian Stahl, "en ambas ciudades hay una gran variedad cultural, son metáforas europeas de la inmigración". El proyecto se sitúa en el marco de la iniciativa artística "Impresión" entre París y Berlín, en el que junto con esta proyección se incluye una variada galería de temas acerca de la inmigración. El dúo germano-francés se dedica a filmar en la escuela berlinesa de Rütlischule. Luego, van a los suburbios de París y se meten hasta la cocina de las casas. El concepto en torno al que trabajan es el de los hijos de inmigrantes preguntándole a sus padres: ¿pertenezco a este lugar? ¿por qué nos hemos quedado aquí? Cihan, Mani, Christian y David nos cuentan acerca de su mundo, su visión de las cosas. "La película podría llamarse también “9 salas de estar y una cafetería", afirma Christian Stahl.

No se puede medir todo por el mismo rasero

La película presenta imágenes que se pretende que aparezcan en los medios durante todo el año, en lugar de ser una película de verano que se olvide con facilidad. Hay niños golpeados y apuñalados en la escuela Rütlischule del barrrio Berlin-Neukölln; profesores que no pueden contener ya la violencia, coches quemados, gases lacrimógenos y el todo el aparato policial que vimos en las afueras de París cuando tuvieron lugar las revueltas “raciales” de 2005: contra la “escoria”, como denominó Sarkozy a los habitantes de las afueras de la capital francesa durante dichos disturbios. Son las imágenes de una supuesta integración abocada al fracaso. Imágenes de las que, en todo caso, Mon monde - meine Welt no abusan a propósito. ¿Por qué no se ha mostrado la inmigración en estos lugares? "No es que evitemos lo que huele a chamusquina", da a entender Christian Stahl. "Nos hemos interesado esta vez por los casos que muestran la división. Hemos buscado intencionadamente 10 familias diferentes dentro un variado espectro. Desde aquellas cuyos hijos van a la conflictiva Rütlischule, hasta las más pudientes y educadas. Desde Créteil hasta Charlottenburg-Wilmersdorf."

Mundos alejados los unos de los otros

Como el de la madre de Mani –abogada de éxito en su día-, que hoy se siente tan desarraigada en Francia como en Irán, su país de origen . O el equivalente croata de Johnny Hallyday, Darko Rundek, que huyó de la guerra en los Balcanes con su mujer, entonces embarazada. O la parisina de 13 años Nastassia, cuya madre es de origen caucásico, y que se niega a aprender ruso. La fuerza de la película reside en que no debe dar ninguna respuesta. Tesis unilaterales como “cuando estás en el colegio, ¿te sientes integrado?”, ya no valen, afirma Isabelle Foucrier.

En otra escena, una periodista croata ha tenido que renunciar a su trabajo, mientras en la siguiente una familia polaca se felicita por su suerte y cuentan historias maravillosas de su tiempo como asilados. La felicidad de la mano de una penetrante melancolía. "No se puede generalizar", afirma Stahl, "pero los niños se las apañan para llegar en esos momentos en el salón, al corazón de aquellas personas, donde un periodista no puede llegar. Y lo que ha salido a la luz ha cambiado de raíz mi visión del mundo: no tengo ninguna respuesta, tengo miles de preguntas.”

¿Qué significa hoy por hoy inmigración en Europa? “Las personas, tanto si emigran a Francia como si lo hacen a Alemania, se enfrentan a los mismos problemas. Incluso en Italia, España o Polonia es exactamente lo mismo”, cree Isabelle Foucrier. "Lo interesante al respecto es que con la mirada de los inmigrantes acerca de nuestro país, llegamos a conocerlo mejor, y también a nosotros mismos. ¿Qué tipo de política de inmigración puede establecer Europa, si ni siquiera se conoce a si misma?."

¿Se define la inmigración entonces según la lengua extranjera que se hable, el color de la piel o el derecho de residencia? Nada de esto. Mon Monde - meine Welt muestra de manera muy llamativa lo escurridizo del concepto: "Se trata sólo de algo diferente, de las personas. Da igual si están en Croacia, Alemania o Francia: todo el mundo experimenta lo mismo”, asegura Stahl.

Mon monde - meine Welt

©Isabelle Foucrier; Christian Stahl