Operación ‘soldados en la ciudad’

Artículo publicado el 25 de Julio de 2008
Artículo publicado el 25 de Julio de 2008
En Italia se discute si hacer que el ejército colabore con la policía en la vigilancia de las calles, algo de lo que no se oye hablar con frecuencia en la Europa actual. ¿Peligro para la democracia, jugada desesperada o simple propaganda? Una situación normal arruinada por la basura.

En Nápoles se habla del ejército desde hace años. El último en hacerlo fue Romano Prodi en enero de 2008, cuando aún era Presidente del Consejo. Silvio Berlusconi, su sustituto, ha hecho de la solución al “problema de los desechos” un punto clave y una prioridad para su ejecutivo: ya en las primeras semanas de vida del Gobierno, se aprobó una medida que prevé el uso del ejército para controlar los vertederos, de modo que nadie intente sabotearlos.

De los cuarteles a los vertederos

Fotos, G2Studio / Flickr

Si la primera resolución del gobierno de Prodi había suscitado enconadas protestas, la de Berlusconi ha encontrado un mayor consenso, en parte porque la situación ha degenerado últimamente, en parte porque estamos en verano y el calor y la humedad pueden transformar los montones de basura en focos de infecciones. Además, es necesario tomar en cuenta a la Camorra, que acaba por gestionar los vertederos.

El ministro de Defensa, Ignazio La Russa, asegura que la operación ‘soldados en la ciudad’ dará comienzo entre finales de julio y principios de agosto, apenas el decreto haya a pasado a ser ley. Se trata de una operación que implica a un cierto número de militares, unos 3.000, para controlar las calles. La Russa no descarta que en un futuro se considere el extender funciones de orden público a una parte del ejército. Por ahora el deber parece claro: prestar labores de apoyo a la policía. El plan de seguridad del Gobierno prevé también, como en el caso de Bari, el envío de militares, que vestirán de paisano, para patrullar los CPT (Centros de Permanencia Temporal para inmigrantes) y los asentamientos de caravanas. Es decir, los inmigrantes.

Los ejércitos en Europa

Entre los pocos precedentes de un tal uso del ejército en tiempos recientes, uno tuvo lugar en Italia: en 1992, en el momento álgido de la ofensiva de la Mafia contra el Estado, se puso en marcha la operación Foto, Samuele Silva / Flickr‘Vespri Siciliani’ (Tardes Sicilianas). El ejército fue enviado a ‘invadir pacíficamente la isla’, desarrollando funciones de control del territorio. Otro ilustre precedente ocurrió en España en el 2003, al día siguiente del desastre ecológico causado por el hundimiento del petrolero Prestige cerca de las costas gallegas. En ambos casos se trataba de emergencias, al término de las cuales los militares regresaron a sus cuarteles. En Francia, el único que habló de enviar el ejército a las calles fue Jean Marie Le Pen durante los amotinamientos en los extrarradios franceses en 2005. Obviamente la propuesta no fue aceptada, pero fue restablecido el ‘etat d’urgence’ (estado de emergencia), una ley promulgada en 1955 durante la Guerra de Argelia para controlar el orden público.

En cambio, lo que se anuncia en Italia es lo contrario: el ejército no responde a un evento particular, sino al difuso sentido de inseguridad de la población, asumiendo auténticas funciones de policía. No obstante, la propuesta del Gobierno ha sido blanco de fuertes críticas. La oposición lo ha acusado de populismo y de maniobra publicitaria: 3.000 hombres desplazados por toda la península no resolverán el problema. También los sindicatos han alzado la voz: la policía anda escasa de medios y de hombres, y los recursos utilizados para los militares se podrían haber invertido en las fuerzas ya presentes en el campo. Más allá de la polémica, el uso del ejército en una situación de ‘normal emergencia’, deja perplejo, porque crea precedente.

A la luz también de otras medidas del Gobierno de Berlusconi: tolerancia cero contra la inmigración clandestina, fichado de los ciudadanos de etnia gitana, relanzamiento de la reforma constitucional y una gran atención puesta en el tema de la legalidad, parece una jugada más que nada propagandística, destinada a calmar las tensiones de una Italia insegura y necesitada de respuestas. Posiblemente fuertes.