Opio: el oro verde afgano

Artículo publicado el 26 de Septiembre de 2005
Artículo publicado el 26 de Septiembre de 2005
A pesar de los esfuerzos de las Naciones Unidas y del gobierno de Afganistán, la producción de opio de este país no para de crecer, inundando Europa con toneladas de heroína.

Aun después de la kermés electoral de estos días, Afganistán sigue siendo un país a la deriva. Según las estadísticas relativas al año 2004, este país produce por encima de las dos terceras partes de la oferta mundial de opio. Estas cifras convierten la frágil democracia del Presidente Hamid Karzai en el principal productor de heroína del mundo. Este negocio, que empezó a desarrollarse en los años ochenta, representa la principal fuente nacional de ingresos.

Heroína sin fronteras

Refinada en laboratorios turcos o incluso in situ, la droga afgana se envía allí donde se encuentran sus clientes más numerosos: Europa. La droga se traslada a través de múltiples rutas que cruzan Asia central, el Cáucaso, Rusia, Ucrania y Polonia hasta llegar a Alemania. De allí viene seleccionada y enviada hacia el oeste, hasta el Reino Unido pasando por Bélgica y Holanda. Según cálculos del gobierno británico, el 90% de la heroína tipo “azúcar moreno” proviene del opio afgano, mientras que sólo el 5% de la heroína que se distribuye en los Estados Unidos procede de dicha fuente. La facilidad con la que se traslada esta droga se debe a la abolición de las fronteras interiores como consecuencia del Tratado de Schengen. Todo eso sin contar que, con la caída del muro de Berlín en 1989, el consumo de heroína se incrementó mucho en los países del Este (en particular en Polonia, Hungría y República Checa), mientras descendía en Francia, España y Gran Bretaña. En Varsovia había oficialmente tres personas heroinómanas en tratamiento en 1995. En 2000 eran 1466. ¿Es esto producto de la globalización?

Una democracia llena de obstáculos

Frenar el alarmante flujo de heroína en la Unión Europea es una tarea a desarrollar en equipo. Europol, un organismo que nace para incrementar la colaboración entre los Estados miembro contra el crimen organizado, está trabajando en esta dirección, pero no es suficiente.

El problema debe ser extirpado desde la raíz, esto es, en Afganistán. Según el informe mundial de drogas de la Oficina de Naciones Unidas contra el Crimen y las Drogas (UNODC), sólo en 2004 los cultivos clandestinos de opio cubrían un área de 131.000 hectáreas, mientras que en 2003 la cifra correspondía a 80.000. Esta actividad por primera vez se encuentra presente en las 34 provincias en las que se divide el país, representando entre el 12% y el 14% de la población agrícola. Una cifra nunca alcanzada con anterioridad. A pesar de una reducción de los cultivos en algunas áreas, los datos no corroboran una mejora a nivel nacional.

Antonio María Costa, Director Ejecutivo de UNODC, define este problema como “extremadamente serio”, ya que el vínculo entre narcotráfico y terrorismo internacional puede minar, entre otras cosas, la estabilidad del país. “El tráfico de opio”, añade Costa, “es probablemente el principal obstáculo al que se enfrenta la democracia, ya que es la razón principal de la corrupción de los funcionarios, demostrando que el gobierno es ineficiente”.

Cooperar o morir

Las Naciones Unidas y el gobierno afgano trabajan codo con codo para eliminar los cultivos de opio. La nueva constitución de Afganistán sanciona oficialmente la ilegalidad de este cultivo, amenazando con segar con tractores los terrenos que contienen plantas de opio. Sin embargo, muchos campesinos no se atemorizan pues para algunos el cultivo de opio es su única fuente de ingresos. El 70% del pueblo afgano vive por debajo del umbral de la pobreza. A menudo se trata de familias sin padres, muertos bajo las bombas, cuyo sostenimiento recae por entero sobre las espaldas de las mujeres.

Frente a la amenaza de la muerte por inanición, la mera prohibición legal no basta. Mientras las Naciones Unidas auspician una intervención conjunta de la comunidad internacional, Mirwais Yasini, jefe del Departamento Antinarcóticos de Afganistán (CND), considera que es prioritario mejorar la calidad de vida de los campesinos a través de nuevos riegos, carreteras y cultivos alternativos.