Organización e ingenio en el campamento de refugiados de Bruselas

Artículo publicado el 5 de Octubre de 2015
Artículo publicado el 5 de Octubre de 2015

Un campamento de refugiados en pleno centro de Bruselas. Hasta hace poco eso era inimaginable, por lo que la nueva situación ha pillado a las autoridades belgas con la guardia baja. Frente a la inercia de los políticos responsables, los voluntarios se organizan como mejor pueden.

Cerca de 900 migrantes viven en el parque Maximilien, cerca de la estación del Norte de Bruselas. Sin contar a los voluntarios. Se trata de un desafío organizacional y logístico, que hay que administrar con los medios disponibles. Comida, distribución de tiendas y ropa, servicios de salud, ayuda médica, limpieza del campamento... Las tareas son numerosas y los recursos limitados. Dependen de la generosidad de los ciudadanos y voluntarios. Es por esto que improvisan y se las apañan como pueden.

Un desorden estructurado

Manu es el responsable del campamento. Está orgulloso de los progresos llevados a cabo en tan poco tiempo: "Somos muy pocos los que hemos trabajado en un campo de refugiados. A nivel de coordinación, quizás seamos sólo tres los que ya habíamos hecho esto antes. En Bélgica esto no ocurre todos los días, por eso al principio era un poco caótico, hacía falta hacer todo, crear todo en todas partes. Hoy va un poco mejor, el campamento está estructurado y cada uno tiene un rol bien definido".

El centro de responsables y coordinadores no para de buscar soluciones para mejorar la organización. Y suena la alarma. "Hemos establecido una especie de registro del campamento", explica Manu. "Una lista de los lugares de las tiendas, aquellas que están ocupadas y las que están libres. Esto se vuelve realmente necesario cuando llegamos a la saturación. La capacidad de acogida del campamento está, por así decirlo, sobrepasada. Si más personas llegan en los próximos días no sabremos donde ponerlos, y se arriesgan a acabar en la estación del Norte...".

Hasta hace poco, el equipo podía contar a menudo con numerosos voluntarios. Delante del puesto "Accueil des bénévoles" (Acogida de voluntarios) el movimiento de nuevos ayudantes era prácticamente inintirrumpido. En menos de diez minutos, una decena de personas se presentaba en pequeños grupos de tres o cuatro. Parecía haber muchos "perfiles" de voluntarios: Aquellos con competencias particulares (médicas, de bricolaje, etc.) que venían para ayudar en las tareas precisas, y los que llegaban diciendo "quiero ayudar, ¿qué es lo que puedo hacer?". El equipo los distribuía en función de las necesidades. Después estaban aquellos que iban a hablar con los refugiados, a escucharles, mostrar un poco de simpatía o explicarles cómo es la vida en Bélgica. Estos últimos no participan de manera "activa", aunque su labor no debe ser infravalorada, ya que a veces tener a alguien que escuche es tan importante como un bol de arroz.

Por desgracia, la situación ha cambiado, ya que muchos de los voluntarios eran estudiantes. La Universidad ha vuelto a empezar y aparentemente eso ha hecho mella en el número de los voluntarios. Al principio Manu no estaba tan preocupado: "El primer gran fin de semana se esperaba que hubiese alrededor de 400 voluntarios por día, y nos decíamos que durante la semana tendríamos mucho curro, ya que no habría nadie; pero al final hubo alrededor de 150 voluntarios. Si los estudiantes no vuelven, contaremos con otras personas como pensionistas, desempleados, trabajadores a tiempo parcial... Esto debería funcionar".

Desgraciadamente, la sucesión de acontecimientos parece haberle fallado. Desde hace bastantes días, la plataforma de ciudadanos de apoyo a los refugiados de Bruselas, que coordina la acción ciudadana en favor de los migrantes, multiplica las llamadas; sin embargo prácticamente no hay más voluntarios en el campamento. Es una situación bastante problemática, porque los nuevos refugiados continúan llegando.

Eficacia: un arma de doble filo

Se dice que el hecho de tener una organización tan bien desarrollada puede causar problemas, ya que provoca que el campamento duradero, y esa no es la idea. No debe convertirse en una estructura (semi-) permanente sobre la que los políticos se apoyen.

La cuestión de la duración de la vida del campamento es central. Aunque bien cierto que se han creado más plazas en los centros de acogida, eso no solcuiona el problema. Aquí están las personas que esperan su primer contacto con la Oficina de Extranjería para introducir su petición de asilo. Y mientras no hagan esto, no pueden ir al centro de acogida. Por tanto, la duración de la vida del campamento no depende únicamente de las plazas libres, sino de la capacidad de gestión de los expedientes de la Oficina de Extranjería (actualmente 250 por día). No es lo mismo.

"Para nosotros es la pre-acogida la que cuenta aquí", explica Manu. "Porque está muy bien hablar del después, ¡pero no se habla del durante! La semana pasada, el tiempo de espera era de 6 días para abrir un expediente en la Oficina de Extranjería, y hay riesgo de que el período aumente a dos semanas muy rápidamente. ¿Qué es lo que (los responsables políticos, n.d.a.) harán con la gente en espera? Nosotros sólo somos ciudadanos, no es nuestro trabajo a largo plazo".

Para cuando los diferentes niveles del gobierno lleguen a un acuerdo, el problema no se resolverá en seguida. Ya se ha puesto un edificio a disposición de los migrantes las 24 horas, pero no puede acoger más que a 500 personas, así que el resto pasará algunas noches más a la intemperie...

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Nuestro equipo local de Bruselas, actualmente trabaja duro en un dossier dedicado a los campamentos de refugiados en Bélgica. Solidaridad, orden y un gran pedazo de humanidad... encontraréis pronto todos los artículos recogidos en una revista.