Ornela Vorpsi: Yo, Albania y la belleza que ofende

Artículo publicado el 18 de Enero de 2008
Artículo publicado el 18 de Enero de 2008
Encuentro con esta novelista albanesa de 39 años que escribe en italiano y vive en París.

París, estoy sentado en un bar en la zona de Arts et Métiers, a pocos metros de la iglesia desacralizada donde el péndulo de Foucault mide, desde hace siglos, el tiempo del mundo. Ornela Vorpsi llega tarde, como procede en toda mujer, y aún más porque ella posee el agravante de ser novelista. Me envía un sms: “Llevaré un sombrero negro”. Pero su llegada no pasa inadvertida: se pasea entre las mesas mientras miradas indiscretas la siguen en su recorrido.

Se disculpa por el retraso, el gimnasio le ha machacado, tanto por fuera como por dentro. No se podría decir. Pide un té caliente. Después, me pregunta acerca de mi vida, pero sobre todo, pregunto yo acerca de ella. Nacida en Tirana, escritora con cinco novelas a sus espaldas, pintora, fotógrafa..., todo un partidito.

Pincha aquí para ver el homenaje a Francesca Woodmann, de Ornela Vorpsi

“Roma y Milán, demasiado provincianas”

“Vivo en París desde hace diez años y nunca me aburro. A Italia vuelvo sólo por periodos breves de tiempo, para unas vacaciones. Conocí Roma y Milán cuando estudiaba en la 'bella Italia', pero su entorno me parecía demasiado provinciano”. Esta es la norma: debemos divertirnos.

¿Y Albania? “Para mí es la tierra de los recuerdos infantiles, pero también la de un país hostil. Si me fui no fue por razones económicas: mi familia era del 'lado equivocado', y el Comunismo de corte estalinista del momento no daba salida.” Ya como artista y escritora consagrada, ¿volvería a su país de origen? “Nunca diré que no, y es verdad que ahora Albania ya no es la misma, pero sólo Dios sabe cómo de difícil será que cambien de verdad las cosas.” Se lo preguntamos a quien con sus escritos ha ya cambiado algo de la lengua italiana, queriéndola siempre con una mirada externa, vistiéndola a su manera, con los adornos de las otras lenguas que la pueblan. “También para mí ha sido difícil cambiar. Italia fue de algún modo una elección obligada: era el occidente más cercanoa mí. Además, era también la tierra de la cultura, de Lucio Battisti y de Mina. Por otro lado, yo que amo tanto el Cuatrocientos y su pintura, estaba justo en la patria de mis idolatrados Paolo Uccello y Fra Angelico.”

Mujer igual puta

Mientras estaba en Italia, Ornela estudió en la Academia de Brera. Más tarde, con 28 años, llegó su primer libro sobre Albania: Il paese dove non si muore mai (“El país donde no se muere nunca”) (Ed. Einaudi, 2005), cuya primera edición fue publicada en Francia, tal vez a causa de la temática, algo fuerte para la ultracatólica península italiana. El “puterío”, el apelativo maldito en el que se arriesgan a caer en Albania todas las mujeres guapas, ¿puede haber herido la sensibilidad más chapada a la antigua? “Buah, no creo. Se publica mucho de esta basura cada año. El puterío del que hablo es un problema universal del ser humano, porque la belleza ofende.” Ornela tal vez ha visto siempre su belleza como un obstáculo, por lo menos durante los años en Albania, donde el Comunismo quería que toda la gente fuese igual, y la belleza era un elemento diferenciador, que había que vencer. La regla “mujer guapa igual a puta” servía para reajustar el orden de las cosas. “De verdad que nunca lo he vivido en primera persona, en el fondo no soy tan guapa”, dice mintiendo por primera vez en el transcurso de nuestra conversación “pero mi madre si”.

“¿Matthew Barney y Sophie Calle? No nos transmiten nada”

Ornela continua escribiendo en italiano, pero piensa y habla en cuatro idiomas. ¿Sea tal vez este el sentido del idioma en la Europa actual?. “Para mi es natural, sigo hablando en albanés con mi madre por teléfono todos los días, en italiano con mi marido y en francés por la calle. Creo que la lengua de mis escritos es una síntesis de más de una cultura, de más de una lengua mezcladas entre ellas.” Por tanto el mosaico que deriva de ello es capaz de transmitir algo a cualquier persona en cualquier lugar: “El arte no necesita explicación, artistas como Matthew Barney o Sophie Calle están sobrevalorados, representan el culto al individualismo, no me transmiten nada. Cuando miro un cuadro de Fra Angelico entro en contacto con él, aunque esté muerto desde hace siglos, no es necesario que nadie me lo explique, el arte es así.” Y, ¿a quien robaría, Ornela, la pluma por un día? “No tengo modelos concretos, he entrado en este mundo sin pretensiones. Al principio me interesaban las artes plásticas, pintura y escultura, pero al final me he atado a la escritura de prosa. Hubiera querido escribir La nibe en pantalones de Mayakovski, por ejemplo, El Monje Negro de Cechov, o también El extranjero de Camus».

Es imposible no preguntar a un albanés sobre el futuro de Kosovo: “Espero que obtenga la independencia, es un pueblo que ha sufrido mucho. Sin embargo no sé de que sirve el concepto de nación en el actual siglo XXI: para mí tiene su sentido salvar los propios orígenes y la propia cultura, pero la única cosa que importa al final es el encuentro con su dimensión humana”.

Dos minutos después, una silueta ondeante en el crepúsculo parisino toma con andares esbeltos una de las pequeñas callejuelas que atraviesan el bulevar y se pierde entre los caminantes. Algunos de ellos, embaucados, se giran para mirarla.

Pincha aquí para ver Nothing obvious (Scalo publishers), de Ornela Vorpsi

Foto en página de inicio (Corinne Stoll)