¿Pacifismo + antiamericanismo = política exterior?

Artículo publicado el 6 de Septiembre de 2004
Publicado por la comunidad
Artículo publicado el 6 de Septiembre de 2004

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

La política exterior es una patata caliente para las coaliciones de centro-izquierda europeas, obligadas a desmarcarse entre fidelidad atlántica y europea, responsabilidad gubernamental e ideales, intervenciones militares y retóricas pacifistas.

Qué sucedería si un nuevo gran ataque de Al Qaeda golpease a un país gobernado por una coalición de centro-izquierda? ¿Se modificaría la posición pacifista respecto a la crisis de Irak si una desgracia produjese víctimas sobre el propio territorio? Situaciones no tan imposibles, que los líderes de la izquierda europea querrían conjurar, puesto que no hay cosa que la izquierda tema más de la guerra.

Por el día pacifistas, por la noche guerreros

En campaña electoral, el pacifismo, arma cuya exclusividad detiene la izquierda, parece servir a los partidos socialistas: claro ejemplo es el inesperado respaldo electoral a Schröder en 2002 en plena crisis de Irak. Sin embargo, una vez en el gobierno, el asunto guerra-paz se convierte en un peligro flotante en tanto que puede hacer estallar cualquier coalición de centro-izquierda. Bien lo saben D’Alema e igualmente Schröder en ocasión del conflicto de Kosovo del 99. Para entender cuánto pueden cambiar las dinámicas, en su época la Liga Norte, que hubiese apoyado la intervención en Irak de 2003, se mostró partidaria de Milosevic y contra la Intervención de la OTAN, mientras que el “pacifista” D’Alema, ahora en el poder, aprobó los bombardeos sobre Belgrado. En campaña electoral, es sabido, se realizan tantas promesas, pero en la política exterior son realmente deseables visiones semejantes entre derecha e izquierda. En cambio, está sucediendo lo contrario: la política exterior parece siempre más influenciada por la pertenencia política que por la línea del propio país. De este modo, con Prodi en el poder en Roma y Zapatero en Madrid, hubiésemos tenido un escenario radicalmente distinto durante buena parte de la crisis irakí.

Reformistas vs. maximalistas

Especulaciones aparte, en el momento en el que una coalición de centro-izquierda se encuentra frente a una guerra, estalla el eterno dilema entre reformistas y maximalistas: en el interior de los principales partidos se observan grandes laceraciones, una corriente del partido o exponentes aislados que se sienten traicionados, abandonados, mientras los partidarios más a la izquierda se alzan como únicos guardas de la tradición pacifista y una crisis de gobierno rastrero acompaña a los gobiernos en guerra, como el de Blair, todavía en su sillón, de milagro. Una vieja historia en cuanto a la socialdemocracia, pero cada día más actual: acabada la guerra fría y con una OTAN cuya razón de ser se ha diluido, se hace cada vez más difícil explicar a los propios electores que llevan el pacifismo en el ADN los motivos de una intervención militar aún siendo una guerra justa. Schröder no necesita evocar Auschwitz para justificar la primera intervención en una guerra tras 1945 -la de Kosovo- generalmente sin el mandato de la ONU.

Antiamericanismo, un populismo de izquierdas

Para ser sinceros, antes que el pacifismo, es el antiamericanismo el que se muestra más recalcitrante, visto que el primero, a pesar de los nobles intentos y justas batallas ha sido casi siempre de un color más preciso que el del arco iris. De este modo nunca nadie se ha atrevido a manifestarse contra un dictador africano, Corea del Norte o China. Giuliano Amato, notable del socialismo europeo ha definido el antiamericanismo como “un método particular de pacifismo que se dispara únicamente cuando nos encontramos en territorio de los Estados Unidos”. El antiamericanismo va siempre de la mano de un cierto populismo de izquierdas tentado con jugar a esta carta. ¿Pero, son suficientes pacifismo y antiamericanismo para configurar una política exterior?

Con retórica pacifista, la izquierda ha maquillado la verdadera cuestión que no es tanto aquella entre guerra y paz, sino aquella fundamental entre multilateralismo y unilateralismo, un encuentro que está ensanchando cada vez más el océano que separa Europa y Estados Unidos. El único modo de salir de la crisis que invade las políticas exteriores de la izquierda europea es: desarrollar un coherente proyecto multilateral, promoviendo una reforma de la ONU, y trabajar en una política exterior europea que no sea siempre y en cualquier caso antiamericana, con la esperanza que, con las elecciones de EEUU Kerry, Washington retorne al multilateralismo que fue de Clinton. No se debe caer en la tentación del populismo, de los eslóganes simplistas como “retirada inmediata de las tropas” desprovistos de plan alternativo alguno, o en argucias electoralistas, como hizo Schröder, quien en un exceso de pacifismo, se apresuró a afirmar que no participaría de ningún modo en una aventura en Irak, ni siquiera bajo una resolución de la ONU ¿Y si Estados Unidos interviniese en Sudán, vendría a significar que la mano del tio Sam desea apoderarse de África, o antes bien el intento de frenar un genocidio? Auguramos que esto no dependerá de un sondeo, sino de la conciencia de los políticos socialistas.