País Vasco: Volver a la normalidad después de décadas de terrorismo

Artículo publicado el 6 de Enero de 2015
Artículo publicado el 6 de Enero de 2015

Después de varias décadas, el terrorismo ha llegado a su fin en el País Vasco, dando paso a una lenta vuelta a la normalidad. La región, que está plagada de divisiones y disputas (la mayoría avivadas por ETA), siente que esta nueva paz es extraña, aunque bienvenida.

El 20 de octubre de 2011 el grupo terrorista ETA anunció el fin de la lucha armada. ETA asesinó a más de 829 personas a lo largo de 52 años e infundió el miedo tanto en el País Vasco como en el resto de España. Hoy en día, los ciudadanos se sienten más seguros en sus propias casas, pero no es fácil volver a la normalidad después de tantas décadas de miedo y terrorismo.

"Ten cuidado para que no te pillen desprevenido". Francisco Zaragoza, antiguo policía nacional y presidente de una asociación de víctimas, recuerda así aquella violenta época. En 1988 ETA le atacó con un coche bomba en Eibar (Guipúzcoa), matando a uno de sus compañeros.

Todavía toma las mismas precauciones que cuando trabajaba como policía. "Cuando te acostumbras a una rutina, especialmente de protección, es difícil olvidarla". Aún inspecciona la calle antes de salir, el coche antes de usarlo, en los espacios cerrados se sienta frente a la puerta y se fija en los coches de su alrededor al conducir.

El amanecer de una nueva era

Antes era normal ver a personas amenazadas acompañadas por guardaespaldas. Sin embargo, este verano el Gobierno Vasco decidió retirarlos a casi todos. Según la Asociación Española de Escoltas, durante la época de mayor actividad de ETA había unos 5.500 guardaespaldas trabajando en el País Vasco y Navarra, además de los equipos de policía especializada en la lucha antiterrorista, lo que suponía un gasto de 100 millones de euros al año.

Para Paul Ríos, líder del movimiento pacifista socialista Lokarri, la mayor prueba de que una nueva era ha comenzado es la presencia de menos escoltas. "No es lo mismo conocer a alguien cuando va con guardaespaldas que sin él", exclama. Muchos se sentían incómodos cuando veían a alguien con escolta, como si su vida también estuviese en peligro.

"La desaparición del impuesto revolucionario demuestra que el proceso de paz es sólido", apunta Ríos. Para poder financiar sus actividades, ETA exigía dinero a empresas a cambio de seguridad, pero en los últimos años este tipo de peticiones se han denunciado ante las autoridades.

Ríos, cuyo movimiento tuvo un papel importante en conseguir el fin de la violencia, está convencido de que el proceso de paz es "irreversible". Cree que ETA no volverá a atacar porque existen observadores internacionales que están atentos al proceso y porque su causa ha perdido el respaldo político que tenía. Comenta que, en general, el miedo ha desaparecido en el País Vasco, pero que en algunos pequeños pueblos hay gente que todavía puede sentirse insegura debido a rencores personales.

Francisco Zaragoza asegura que hay más indigentes en la calle, ya que "durante los Años de Plomo no había ningún sin techo". También se ven más coches caros porque antiguamente la gente tenía miedo de que al comprarlos les pidiesen el impuesto revolucionario. Los bancos y cajeros automáticos ya no tienen las persianas de metal que usaban entonces, cuando eran objetivos comunes del terrorismo callejero.

Los turistas también están volviendo al País Vasco. Seis meses tras el anuncio de paz de 2011 el turismo creció en un 47%. Las nuevas papeleras del aeropuerto de San Sebastián son un ejemplo de que el País Vasco es un lugar más seguro: hace años retiraron todos los cubos de basura de la zona porque pensaban que podrían usarse para colocar una bomba. Pero incluso con los avances en seguridad, el odio no ha desaparecido.

Coexistencia y odio

Consuelo Ordóñez, la presidenta de la asociación de víctimas COVITE, afirma que "la cultura del odio sigue intacta". Las víctimas se conmemoran con pintadas en las paredes, pero no todos condenan a ETA abiertamente. Hace unos días la familia de una víctima se negó a acudir a la ceremonia en la que presentarían una placa en conmemoración de las víctimas de Barakaldo (Vizcaya), ya que "aún viven en el pueblo y tienen miedo".

"La mayoría de víctimas esconden el pasado. Los que han hablado de ello en público han pagado un alto precio", explica Ordóñez, que se fue del País Vasco hace diez años por amenazas de ETA. "Tenemos muchos problemas para organizar eventos con víctimas anónimas porque siguen teniendo miedo", añade. Francisco Zaragoza está de acuerdo: "El odio sigue igual desde hace 20 o 30 años".

La coexistencia entre víctimas y agresores es uno de tantos asuntos que siguen pendientes en el proceso de paz. Según Ríos, otros temas son "todo lo relacionado con el reconomiento a las víctimas y a la memoria, el desarme de ETA, las políticas carcelarias y los derechos humanos de los prisioneros". Otro problema es el futuro del nombre ETA, porque para algunos representa una amenaza y miedos pasados.

"ETA tiene que esforzarse en concretar y ser sincero a la hora de reconocer el daño que ha causado, pero no podemos obligarles a pedir perdón porque se sentirían humillados", prosigue Ríos. Ve los pasos que se han dado con optimismo porque "hay más encuentros entre víctimas y agresores", y los miembros de Sortu (partido político cercano a ETA) están empezando a ir a conmemoraciones de víctimas.

Sin embargo, el proceso de paz del País Vasco aún no ha terminado. Puede que la violencia haya desaparecido, pero tantos años de terrorismo han causado una profunda herida en la sociedad, y no será fácil curarla.