Palestina, tercera fase hacia la democracia

Artículo publicado el 20 de Enero de 2005
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Artículo publicado el 20 de Enero de 2005

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Las elecciones a la presidencia son sólo el primer paso. Para la democratización de Palestina, Al Fatah tiene que convertirse en un partido democrático y los radicales han de integrarse en el sistema político.

Tras la catástrofe de las inundaciones vuelven a circular por el mundo imágenes menos impactantes. En los medios de comunicación se celebra el nombre Mahmud Abbas, alias Abu Mazen, vencedor de las elecciones presidenciales en Palestina, y junto a él la democratización de su país. Todavía queda por determinar si las reformas en Palestina van acompañadas de un fortalecimiento de la democracia. Su éxito dependerá de si Al Fatah, el movimiento más numeroso y poderoso dentro de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), se transforma en partido democrático y si los movimientos radicales Hamas y la Yihad islámica se pueden integrar en el nuevo sistema político.

Cuando el pasado 9 de enero un millón setecientos mil palestinos se encaminaron a las urnas para elegir al presidente de las autoridades autónomas palestinas, más de 20000 observadores entraron en acción. Entre ellos se encontraba Michel Rocard, antiguo primer ministro francés y jefe de la comisión para la supervisión de las elecciones, quien ya durante el preludio de las elecciones presidenciales advirtió de que los problemas para la consecución de permisos de viaje para los candidatos supondrían un obstáculo en las citadas elecciones. En contraste con las elecciones comunales del 23 de diciembre de 2004, durantes las cuales soldados israelíes reprocharon las detenciones de candidatos de Hamas, esta vez los repoches iban dirigidos a las fuerzas de ocupación fronterizas.

Sin elección en las elecciones

El verdadero punto débil de las elecciones fue el hecho de que Mahmud Abbas fuera el único candidato del movimiento Al Fatah -ya en el poder- y que éste acaparara casi toda la atención de los medios. No es de extrañar que muchos palestinos tuvieran la sensación de haber carecido de alternativas. Marwan Barghouti, el único candidato que pudo haber retado a Abbas (incluso desde la cárcel israelí en la que se halla), se vio obligado a retirar su candidatura ante la presión de Al Fatah. Barghouti quiso advertir sobre el nombramiento autoritario de Abbas como candidato de Al Fatah, y en esto coincidió con Hatem Abdul Qader, quien, al igual que Barghouti, forma parte de la guardia joven de Al Fatah. El reto para la nueva generación de Al Fatah no han sido las elecciones presidenciales sino la próxima junta del partido: "Tenemos que establecer un sistema democrático en el movimiento, al igual que un nuevo estilo, una nueva visión, un nuevo pensamiento, y desarrollar nuevas ideas".

Dicho esto, era importante reunir tantos votos como fuera posible para Abbas con el objetivo de procurarle dentro de su partido la legitimación que necesitará para futuras reformas. Ahora, la antigua guardia ha de delegar la responsabilidad en los más jóvenes y acabar con la corrupción y el nepotismo. Hasta las elecciones parlamentarias de la primavera que viene, Al Fatah afronta la labor de convertirse en un auténtico partido democrático.

Alto el fuego en todos los frentes

El éxito de la democracia en Palestina a largo plazo se decidirá dependiendo de si Hamas y la Yihad islámica, que han tratado de boicotear las elecciones presidenciales, se integran o no en el sistema politico. En primer lugar, Mahmud Abbas se enfrenta a la labor de convencer a los radicales de que adopten una política diplomática menos agresiva. Para respaladar convenientemente a Abbas, Israel desea liberar a prisioneros palestinos y suavizar los bloqueos en Jordania occidental y la franja de Gaza. Pero para que el nuevo presidente pueda realizar penosas concesiones a Israel debe perfilarse la formación de un estado palestino. En los comicios comunales, Hamas ha dejado claro que está absolutamente a favor de una Palestina democrática. La metamorfosis de los movimientos radicales en partidos politicos antes de las elecciones parlamentarias y su integración en el sistema politico dejaría fríos a los militantes. Hamas y la Yihad islámica podrían tomar como ejemplo al IRA y su brazo politico, el Sinn Fein, de Irlanda del Norte, quienes, al igual que la OLP, pasaron de ser una organización clandestina a convertirse en el movimiento que lidera el Estado.