'Panama Papers': Un cuento de dos Gran Bretañas

Artículo publicado el 11 de Abril de 2016
Artículo publicado el 11 de Abril de 2016

[OPINIÓN] Reino Unido no se ha salvado de las consecuencias del escándalo de los Panama Papers: El ya fallecido padre del primer ministro, Ian Cameron, era uno de los nombres que figuraban en estos documentos. La semana pasada David Cameron admitió haberse beneficiado de la empresa offshore de su padre. ¿Es noticia? Sin duda. ¿Es chocante? La verdad es que no.

"La evasión fiscal no es sólo ilegal, sino también inmoral. Las personas que evadan impuestos deberían ser tratadas como ladrones corrientes". Yo no lo podría haber dicho mejor, pero lo que es más interesante es que estas palabras provienen de George Osborne, Ministro de Economía. Lamentablemente, tuiteó esta declaración hace 18 meses y no ahora, cuando su amigo David Cameron ha sido pillado en un asunto económico un tanto turbio.

Me refiero a los Panama Papers, por supuesto. Los 11,5 millones de documentos filtrados han dejado al descubierto miles de compañías inscritas en paraíses fiscales, que permitían que los ricos y poderosos pudieran mantener su dinero lejos de las manos de los recaudadores fiscales. Varios políticos de alto nivel, entre los cuales se encuentran Vladimir Putin, David Cameron, el primer ministro de IslandiaSigmundur Davíð Gunnlaugsson, y el presidente ucraniano, Petro Poroshenko, están vinculados a estos paraísos fiscales situados en el extranjero.

Pero ¿es realmente sorprendente lo de los llamados 'Papeles de Panamá'? Ya sé que es bueno que este tipo de cosas se confirmen de vez en cuando, pero en el fondo ya lo sabíamos, ¿no? Mucha gente rica mueve cielo y tierra para proteger su dinero. No vaya a ser que nos echen una mano y paguen su parte justa a la sociedad, Dios no lo quiera. ¿Qué hay de nuevo, realmente?

Eso no quiere decir que no deberíamos estar indignados por ello. La filtración de estos documentos es la última evidencia de que estamos viviendo en una sociedad compuesta por dos grupos que juegan con reglas distintas.

Si eres un ministro tory que ha cometido fraude con dinero público, no tienes ni que devolver la mayor parte de lo que robaste y sólo recibes un leve tirón de orejas. Si no formas parte de la élite y haces lo mismo, te enfrentas a penas de hasta diez años de prisión.

Ayer, 8 de abril, Cameron admitió haberse beneficiado de la compañía offshore de su padre, pero, al parecer, no siente ninguna presión por dimitir. ¿Por qué naturalmente sospechamos de las personas  que están en los escalones más bajos de la sociedad, mientras que, al mismo tiempo, hacemos la vista gorda cuando se trata de las personas que están situadas más arriba?

¿Es porque pensamos que la élite ha llegado ahí arriba por sus méritos? Eso es muy poco probable, teniendo en cuenta que Reino Unido cuenta con algunos de los niveles más bajos en movilidad social del mundo desarrollado. En un mundo con igualdad de oportunidades, Boris Johnson sería un operador financiero, y uno de bastante bueno, pero seguramente no sería un posible Primer Ministro.

El contraste entre estos dos grupos en Reino Unido nunca había sido tan pronunciado. En un período en el cual se obliga a trabajar hasta la extenuación a las clases más bajas para sacarles el máximo provecho posible, los que se encuentran en los peldaños más altos de la escala social acumulan más y más y hacen todo lo posible para no compartir sus ganancias con el resto.

Los tories, que se hacían llamar "el partido de la clase trabajadora" en su reciente campaña electoral, no se avergüenzan de dar las mismas ayudas y prestaciones al 20% más rico de Reino Unido que al 20% más pobre.

En 2016, en Reino Unido es Navidad todo el año para las clases acomodadas. Reciben regalos que no necesitan, pagados con dinero que proviene de personas que apenas pueden pagar los bienes de primera necesidad.

En la nueva normalidad, automáticamente te clasifican como "parásito" o "gorrón" si necesitas ayuda económica del Estado para poder vivir. Las autoridades te obligan a hacer lo imposible para asegurarse de que "mereces" sus ayudas. La frase The poor and the needy are selfish and greedy ("los pobres y los necesitados son egoístas y codiciosos") forma parte de una canción particularmente poderosa de The Smiths por su absurdo inherente. Sin embargo, de alguna manera, se ha convertido en el mantra de la sociedad moderna.

Es una realidad infame en la que se supone que las personas que tienen dificultades para llegar a fin de mes deben luchar por las opciones que han escogido en su vida. Un claro ejemplo de esta "demonización de la clase obrera", tal y como la describió el periodista Owen Jones, es una medida que Iain Duncan Smith quería introducir en 2014. El exsecretario de Estado de Trabajo y Pensiones, quien recientemente renunció a su cargo debido a que consideraba que eran ilegales los recortes sociales para los discapacitados, quería que los beneficiarios de las prestaciones recibieran los pagos en "tarjetas inteligentes". Esto significaba que únicamente podrían gastar su dinero en alimentos y otros bienes esenciales en un número limitado de tiendas.

Era tan absolutamente condescendiente que Duncan Smith tuvo que abandonar el proyecto, pero esto nos muestra cómo piensan los tories: si eres beneficiario de una prestación, eres probablemente alcohólico o adicto a los juegos de azar.

Cómo de diferentes son las cosas en la parte superior de la escala social, en la que no existe tal escrutinio. A pesar del hecho de que la evasión fiscal cuesta a Hacienda 70 veces más que el fraude en las prestaciones sociales, las víctimas siempre son aquellas personas que continuamente sufren los recortes.

Y, por supuesto, ahora sabemos el porqué. Los Cameron no sólo se beneficiaron de los paraísos fiscales, el líder conservador también intervino personalmente para asegurarse de que la Unión Europea no tomara medidas contra estas sospechosas compañías offshore. Es un abuso flagrante de poder para servir a sus intereses personales.

¿Es noticia? Sin duda. ¿Es chocante? La verdad es que no. Lo chocante es que no importa cuántas de estas historias salgan a la luz, porque nada nunca parece cambiar. Seguimos votando a las mismas personas, o nos quedamos en casa en jornada electoral porque de todas formas no nos importa. Cuando lleguen las próximas elecciones, todo queda perdonado o, más probablemente, olvidado. Y el circo empieza una vez más.

Guardad vuestra ira para el período electoral.

*Desde la publicación de este artículo, David Cameron ha hecho públicos sus impuestos. George Osborne y el resto de políticos han sido llamados a hacer lo mismo.

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Este artículo ha sido publicado por un autor de Cafébabel desde Londres.