Paolo Pietrosanti: "Asistimos a un apartheid contra los romaníes"

Artículo publicado el 18 de Abril de 2005
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Artículo publicado el 18 de Abril de 2005

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Los caminos de los romaníes y de Europa son hoy quizás paralelos. Según Paolo Pietrosanti, que los ha representado ante la ONU, los romaníes son el pueblo más "euro-entusiasta". Entrevista.

Paolo Pietrosanti, Comisario de asuntos exteriores de la Unión Romaní Internacional (IRU), lucha su reconocimiento. Este representante del IRU ante Naciones Unidas entre 1993 y 2000 desvela las las relaciones entre la UE y los romaníes.

El debate en torno al futuro de la Unión Europea va en la dirección de una Europa hecha de pueblos, más que de Estados. Es exactamente lo que sostienen desde siempre los romaníes. Un pueblo que hoy constituye la minoría étnica más grande de Europa. Muchos de ellos (en algunos países del Este alcanzan el 80% de la población) viven bajo el umbral de la pobreza, con una esperanza de vida 15 años menor que los "gadyé", palabra con la que en la lengua de los romaníes se designa a los no gitanos.

Los romaníes se definen como "el primer pueblo global", ven como anacrónica la idea de Estado y prefieren identificarse como una nación. Son, pues, ciudadanos del mundo. Se insertan de pleno en el proceso de globalización y han anticipado el concepto de eliminación de las fronteras como después hizo la Unión Europea. ¿Qué postura ha adoptado la Unión Europea respecto a ellos?

La Unión Europea no ha elaborado aún una política común respecto a los romaníes. Los romaníes constituyen una minoría europea, y discutir sobre la posición de la UE con relación a ellos significa comprender en qué dirección va la política de Europa respecto a las minorías en general. Europa ha empezado a mirar la cuestión romaní con ojos más interesados desde hace un par de años, algo arrastrada por el gran entusiasmo originado por la iniciativa del financiero George Soros, de origen húngaro, en 2003.

¿Cómo se ha producido esta implicación?

Soros, fundador del Open Society Institute, reunió en una conferencia de dos días en Budapest a seis jefes de Estado y de Gobierno, a representantes de otros dos países del este, al entonces presidente del Banco Mundial James Wolfensohn, a la ex-comisaria europea Anna Diamantopoulou y a decenas de políticos, altos representantes de organismos multilaterales (desde el Consejo de Europa al PNUD), a jefes de ONG de romaníes y no romaníes y a periodistas del este (poquísimos del oeste). Su logro consistió en hacer prometer a los ocho gobiernos del este, al Banco Mundial y de hecho a la Unión Europea, que promoverían conjuntamente entre 2005 y 2015 el "Decenio de la Integración de los Romaníes", con el modelo y las financiaciones aún por definir.

¿Por el momento qué se ha definido? ¿Ha previsto la Unión Europea -que se ha dotado del objetivo de "garantizar a todos sus ciudadanos un acceso igualitario a la educación, al trabajo y a la salud"- programas específicos respecto a ellos?

Se han previsto programas específicos gestionados a través de los Estados miembro de la Unión Europea en donde residen los gitanos. El programa PHARE, de la Dirección General para la Ampliación de la Comisión Europea, prevé, por ejemplo, medidas específicas encaminadas a la integración de los gitanos. Más allá de la reconstrucción económica y social, el programa PHARE pone un acento particular en la integración de las minorías étnicas y en las exigencias de los usuarios de lenguas minoritarias de Europa central y oriental, como por ejemplo el yiddish y las lenguas de los gitanos romaníes y sentíes. A mi parecer, debería existir un "Comisario de los asuntos romaníes" para afrontar en clave europea un problema tan importante.

Hace unos años el IRU lanzó la propuesta de una ciudadanía europea para los romaníes, esta solicitud, además, se apoyaba en una posibilidad contemplada por todos en los Tratados Constitutivos de las Comunidades Europeas. ¿Ha sido asumida?

No sólo no fue asumida, sino que en un primer momento despertó incluso una cierta desconfianza. Lo que en realidad sostenían es la rotura de la coincidencia entre Estado y nación, un binomio que a menudo en la historia ha sido el origen de masacres. En el año 2000, cuando presentaron nuestra propuesta, los tiempos no estaban maduros; Europa aún se concebía preferentemente como hecha de Estados. Pero entre 2000 y 2002, yo y el entonces presidente del IRU Emil Scusa, nos reunimos con doce jefes de Estado y de Gobierno europeos que mostraron disponibilidad y atención hacia nuestra visión, que desarrollaba la idea de una Unión Europea hecha de pueblos más que de Estados.

Rumanía, Hungría, Eslovaquia, Chequia y Bulgaria: en estos países vive el 80% de la población romaní mundial. ¿Qué es lo que ha cambiado para ellos, o qué está cambiando con el ingreso de estos países en la Unión Europea?

El proceso que ha llevado al ingreso en la UE de algunos países del este, en donde reside un alto porcentaje de gitanos, ha llevado a los gobiernos a eliminar algunas formas de discriminación previstas por los sistemas normativos. Pero se dan todavía, en situaciones de la vida cotidiana, una especie de apartheid respecto a ellos.

Los romaníes parecen estar entre los pueblos más europeistas. ¿Cuál es el valor añadido que pueden aportar a Europa?

Los romaníes pueden ayudar a Europa a tomar en consideración hacia que dirección está caminando. Es ésta la llave para insertar la cuestión romaní en el debate sobre la Unión. Se trata de un asunto muy importante, en el que está en juego la capacidad de superar los egoísmos y los legados estatales; todo aquello que bloquea el proceso de ampliación y la configuración de una verdadera unión de pueblos que elabore políticas coherentes con los objetivos comunes.