Papa ecuménico, Papa diplomático

Artículo publicado el 3 de Junio de 2005
Artículo publicado el 3 de Junio de 2005

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El dialogo entre religiones es como la diplomacia, con dos diferencias principales: las rivalidades se basan en distintas interpretaciones de la fe y las discusiones tienen por objeto 2000 años de Historia.

Tres palabras de Benedicto XVI nos permiten hacernos una idea de las relaciones que la cristiandad mantendrá con las otras religiones durante su pontificado: diálogo, evangelización y enseñanza. Se trata de conceptos con múltiples facetas, pero indisociables del hecho religioso.

Diálogo

Hablar de diálogo es hablar de diplomacia. Rabbi David Rosen, figura clave en las relaciones entre Israel y el Vaticano, conoce personalmente a Benedicto XVI y ha declarado al diario hebreo Ha`Aretz que "es un hombre profundamente partidario de mantener las mejores relaciones entre la Iglesia católica y el pueblo judío, incondicionalmente comprometido con el bienestar de Israel. Desde un punto de vista estrictamente judío e israelí, la elección de Benedicto XVI es una buena noticia".

En su misa de inauguración, el nuevo Papá anunció: "Aprecio los progresos del diálogo entre musulmanes y cristianos, en el plano local e internacional". En efecto, la religión musulmana está presente tanto de manera local, en Europa, como de manera internacional, por ser una de las grandes religiones. Dalil Boubakeur, rector de la mezquita de París, ha expresado sus deseos de que el nuevo Papa olvide el conservadurismo de Ratzinger en beneficio de una visión más espiritual, más abierta, que trascienda los dogmas y la doctrina.

Estas declaraciones de los representantes de dos grandes religiones monoteístas ponen de manifiesto el carácter diplomático del diálogo interreligioso. La presencia de jerarcas judíos y musulmanes en la ceremonia de entronización del nuevo Papa prueba que desde el Concilio Vaticano II las tres religiones monoteístas mantienen una especie de "relación espiritual" basada en el diálogo.

Evangelización

El pontificado de Benedicto XVI estará marcado por la evangelización. Evangelizar o reevangelizar no es un problema mientras se haga en casa. Pero el problema aparece cuando se intenta evangelizar al vecino. El padre Charles, irlandés de Londonderry y antiguo pastor de una pequeña comunidad católica en Rusia, mantiene unas prudentes relaciones con los fieles del Patriarcado de Moscú. Cuando alguna oveja descarriada acude a él en busca de una nueva vía espiritual, lo reenvía a su homólogo ortodoxo. Sólo los recibe cuando su fe es manifiesta. La rivalidad entre la cristiandad de Oriente y la de Occidente, causa del cisma de 1054, es un fenómeno de actualidad, acrecentada por la guerra de influencias que afecta a Europa. Los métodos para evangelizar van desde la conversión individual hasta la conquista de comunidades enteras, parroquias u obispados.

¿Ecumenismo o proselitismo? El patriarca de Moscú, Alexis II, lleva diez años acusando al Vaticano de proselitismo. Estas afirmaciones deben matizarse. La Iglesia católica no puede hacer campaña publicitaria en pleno centro de Moscú o Jerusalén, como hacen los mormones. Hace poco, el Patriarca Alexis II declaró al nuevo Papa que espera sinceramente "que el Pontificado de Su Santidad esté marcado por el establecimiento de buenas relaciones entre nuestras Iglesias y de un diálogo fructífero entre ortodoxos y católicos".

Enseñanza

¿Qué enseñanza debe adoptar la Santa Sede para acercarse más a sus vecinos? ¿Una bula papal favorable al aborto o a los métodos anticonceptivos? El papel de la Iglesia es formar a las personas en su propia moral y la opinión pública no puede modificar esta ética, adaptándola a sus propios principios. No se trata de ser liberal o conservador.

No podemos olvidar que las diferencias entre las religiones suelen erradicar en cuestiones de interpretación de la fe. Hay que estar dispuesto a reencontrar los vínculos que unen a la Iglesia católica con las demás religiones y confesiones cristianas. Para ello, debe darse mayor importancia a la espiritualidad y menos a los dogmas y doctrinas de la Iglesia de Roma, y estar dispuesto a hacer concesiones. La declaración hecha por el actual Papa con ocasión de su nominación como obispo de Roma, afirmando que su poder de enseñanza no se opone a la libertad de pensamiento, es un primer paso.