París, la capital más aburrida de Europa

Artículo publicado el 7 de Diciembre de 2009
Artículo publicado el 7 de Diciembre de 2009
Los porteros de discoteca murmuran, los vecinos se vuelven histéricos y llaman a la policía, los cigarrillos se apagan fríamente y los clientes, aturdidos por el precio de la cerveza, vuelven a casa, con las lágrimas en los ojos, en el último metro. La fiesta en París, mejor sin ruido y, a ser posible, aburrida. Réquiem por la fiesta parisina

"¡Psst, entrad rápido!", murmura el portero del Electrobar 4 Élements, en la plaza de la República. Dice "¡chut!" para alertarnos de los pisos superiores. En el apartamento de arriba las luces están apagadas. "¡Silencio, por favor!" Son las once de la noche de un sábado en París. Queremos gritar "¡Fiestaaaaa!" pero no podemos. París, antes Meca de la noche europea, se duerme silenciosamente.

"Paris is burning all night long", cantaba el grupo Ladyhawke el verano pasado, mientras que sus colegas de Mano Negra ya sabían en 2002 lo que era la vida nocturna parisina: "¡Todo está tan tranquilo que huele a podrido, París se muere de aburrimiento!" Como dice Eric Labbé, el Dj de My Electro Kitchen, en la calle Quincanpoix, la vida nocturna se muere en silencio, en el sentido más estricto de la palabra. Ya no se escucha nada en la ciudad y eso que muchos clubs han cerrado estos últimos meses, como La Loco, bar legendario en el barrio de Pigalle, que ha quebrado.

A parte de los artistas internacionales de moda, que triunfan llenando grandes salas de conciertos, como el Zénith, en el extrarradio norte de la capital, los conciertos y los festivales tienen lugar con menos frecuencia. Una tragedia cultural se desarrolla al tiempo que nace la célebre Fiesta de la Música.

©Adam Kozlow/http://www.flickr.com/photos/28683039@N02/sets/

¡El último en salir apaga la luz!

Los principales protagonistas de la noche parisina no se dan por vencidos. Precisamente, Eric Labbé, acompañado por otros artistas, acaba de lanzar la acción: 'Cuando la ciudad muere en silencio'. Cerca de 13.000 personas han seguido esta llamada y en el espacio de un mes han firmado una petición a la atención de numerosas personalidades políticas de la cultura y de la ciudad, con el fin de salvar la vida nocturna parisina de su desaparición anunciada. Subrayan la importancia económica y cultural de todas las distracciones nocturnas para la región entera y demandan una intervención inmediata de la esfera política, la supresión de obstáculos administrativos y la puesta en marcha de espacios destinados a eventos culturales. Instalaciones antirruido, limitación en horarios de apertura de bares, asombrosos alquileres en ubicaciones atractivas e, igualmente, prohibición de fumar introducida en 2008: todo son frenos para el ocio. Cada vez más insignias disco se apagan en la Ciudad de las Luces.

Berlín llama

©Adam Kozlow; http://www.flickr.com/photos/28683039@N02/sets/Algunos habitantes alardean de no tener ningún ruido que perturbe su sueño, pero los más fiesteros desilusionados y molestos se van a otras metrópolis. Los músicos tocan en Nueva York, Tokio o Berlín. Por ejemplo, Phil Stumpf, un Dj alemán especializado en Minimal que vive en París y se queja en una entrevista publicada por cafebabel.com del panorama clubbing local y de la ausencia de una cultura underground.

El alcalde de París, Bertrand Delanoë, debería preguntar a su homólogo y colega alemán, Klaus Wowereit, por qué Berlín es desde hace un cierto tiempo la 'Meca de los clubes'. 'Wowi' le hablaría sin duda de alquileres bajos, de los numerosos cafés que no tienen que cargar con horarios drásticos de cierre. Lo llevaría al Berghain, actualmente, el mejor club tecno del mundo, según afirma el magazine de música electro DHMag. Mientras tanto, the Deep, a las orillas del Sena, ha cerrado sus puertas definitivamente y las noches calientes de Bains Douche se enfrían.

Mientras que en Spree, jóvenes toxicómanos del mundo entero bailan en todos los pisos de una fábrica alquilada por poco dinero, en París nos pegamos en bares minúsculos o clubes extremadamente caros como el célebre Rex: llegamos a pagar 20 euros la entrada y si la música es nefasta, no será la cerveza a 6 euros la que nos ayude a olvidar el dolor de oídos. Aunque siempre nos quedará un poco de esperanza con la reapertura, tan esperada, de la Flèche d´Or, en el distrito 20 de París, una sala de conciertos cerrada durante varios meses. Aunque nadie puede asegurar que en la punta de la flecha brille el sol.

©Adam Kozlow; http://www.flickr.com/photos/28683039@N02/sets/

Más allá de la periferia

Lo más fácil sería cargar la responsabilidad de la decadencia de la vida nocturna a los trucos de los tiburones inmobiliarios o a dueños de clubes avaros. La capacidad de los parisinos para buscar una nueva escena underground se frena en el boulevard de la periferia, que no es solamente el límite de la ciudad: al otro lado de la autovía, lo amantes de la noche no se aventuran. Sin embargo, numerosos lugares industriales podrían acoger a los más fiesteros. Hace poco, nació en el extrarradio la tectonique. Este movimiento que mezcla danza, música y moda tuvo su momento de apogeo en el año 2000, cuando hizo su entrada en las urbes internacionales desde la periferia parisina. ¿Por qué no existe un autobús nocturno que lleve a todos estos fiesteros a las afueras de la ciudad (en lugar de Tokio o Nueva York?)? Por lo menos, lejos de los vecinos, podrían gritar a pleno pulmón: ¡Fiestaaaaa!