París, la ciudad del amor (hetero)

Artículo publicado el 6 de Febrero de 2008
Artículo publicado el 6 de Febrero de 2008
París es, tras Londres, Berlín y Ámsterdam, la cuarta capital europea con una mayor población homosexual. En su desfile del orgullo gay, participaron el año pasado 700.000 personas. A pesar de todo, la vida de los gays y lesbianas en la capital francesa no es de color de rosa.

Francia fue el primer país del mundo en legalizar, en 1791, los actos homosexuales. Además, con el pacto civil de solidaridad (PACS) de 1999, el país reconoció las parejas de hecho. La legislación francesa garantiza desde 2001 la no discriminación por cuestiones de orientación sexual y concede el derecho de asilo a las personas perseguidas por este motivo. Según un sondeo de Pew Global Attitudes Project realizado en 2002, el 77% de los franceses acepta la homosexualidad; el Eurobarómetro de 2006 muestra que el 48% de los franceses está a favor de la legalización de los matrimonios homosexuales y un 35% de conceder el derecho de adopción a las personas del mismo sexo. ¿Significa esto que París es el paraíso del amor gay? Por desgracia no lo es. Sobre los problemas de las minorías homosexuales conversamos en París con Thierry Hochart, miembro de la asociación Contact en apoyo a los homosexuales y sus familiares y amigos.

¿En qué se centra el trabajo de su asociación?

Desde su establecimiento en 1993, la asociación se dedica sobre todo a dar apoyo a los homosexuales y a sus familiares. Nuestro trabajo se centra ante todo en las relaciones entre padres e hijos, dado que estas relaciones son las más estrechas y al mismo tiempo las más difíciles. Muy a menudo prestamos nuestro apoyo a los jóvenes, para que salgan del armario y expliquen a sus padres sus preferencias sexuales; asimismo, vemos con ellos cuáles pueden ser las posibles reacciones de los padres. Si la persona en cuestión así lo desea, un psicólogo de nuestra asociación está presente en las conversaciones. También les ayudamos a comprender que no son los únicos en el mundo en esa situación, contribuimos a mejorar el entendimiento mutuo o conversamos por teléfono con los homosexuales que necesitan hablar y no tienen con quién. En casos determinados, explicamos a los padres cómo se siente su hijo y les hacemos ver que éste necesita su respaldo. En líneas generales, nuestras actividades se basan en conversar, explicar, escuchar… y en dar estabilidad a las relaciones entre padres e hijos. Además de todo esto, damos charlas en escuelas sobre la homosexualidad, la tolerancia y la discriminación.

En París, se ve por todos lados el cartel de la campaña en promoción del sexo seguro, en el que aparecen dos hombres en una posición inequívoca. Parece que los parisinos están muy concienzados de este tema. ¿Tienen, pues, razón de ser las asociaciones de apoyo de los homosexuales en Francia?

Por supuesto. Una cosa es ser consciente de algo, y otra muy distinta ser tolerante frente a algo. Gran parte de los franceses se considera increíblemente liberal y tolerante. En París, este sentimiento predomina aún más que, por ejemplo, en el sur del país. Pero la realidad es distinta: no tienen nada en contra de que su vecino de enfrente, la vendedora de la esquina o un compañero de trabajo sean gays, pero la cosa cambia cuando la homosexualidad concierne a la propia familia. La gran mayoría tiene problemas a la hora de aceptar que su hijo es homosexual, porque ven que nunca podrán ser abuelos y no entienden por qué les tiene que pasar eso precisamente a ellos. Aquí es cuando nosotros les explicamos que esa situación puede darse en cualquier familia y que no es ninguna tragedia. París no es sólo la ciudad de los barrios variopintos y de las boutiques de moda, es además la ciudad de los suburbios, en los que a menudo vive la población musulmana, que no acepta la homosexualidad. Para los musulmanes, la familia y la comunidad son muy importantes, y el que se declare gay sufre el rechazo de la familia, la comunidad, los amigos, es decir, de todo su entorno. Por esta razón, los jóvenes gays de los suburbios lo tienen más difícil y presentan a menudo problemas psíquicos.

¿Las charlas en las escuelas tienen también por objetivo contribuir a aceptar que un compañero o una compañera puede ser gay o lesbiana?

Sí, pero no es nuestro único objetivo. Nos esforzamos porque los jóvenes respeten la diversidad, en materia, por ejemplo, de preferencias sexuales, color de piel, religión y aspecto físico. Los niños a menudo chinchan a sus compañeros utilizando palabras ofensivas como "negrata" o "marica" sin ni siquiera saber lo que éstas significan. Y según nuestros datos, el motivo del suicidio de entre un 10% y un 15% de los jóvenes entre 15 y 25 años es haber descubierto sus tendencias homosexuales y ser incapaces de aceptarlas. El resultado es que un joven que tiene que aguantar insultos de este tipo en la escuela, que es gay, negro y tiene además sobrepeso, tiene muchos motivos para sentirse mal consigo mismo. Nos esforzamos por hacerles ver que no están solos, que hay un lugar al que pueden llamar, donde pueden hablar de sus problemas y buscar ayuda. En nuestras charlas a escolares realizamos pequeñas escenificaciones en las que los niños tienen distintos papeles. Les pedimos además que escriban de forma anónima en tarjetas las palabras o insultos que les ofenden. A continuación, leemos las tarjetas con ellos y hablamos de por qué no deben utilizarse esas palabras y de por qué pueden ser hirientes.

¿Les apoyan las escuelas de alguna manera en estos actos?

Depende. Algunas nos prestan un gran apoyo, pero a menudo los padres no aprueban nuestra visita, porque, según ellos, "promovemos" la homosexualidad entre los niños.

Es decir que una vez más la reputada tolerancia francesa se queda en papel mojado. ¿No es así?

En estos casos, obviamente sí.

Mapa de las uniones entre homosexuales en Europa

Violeta: países que permiten el matrimonio homosexual.

Malva: países que permiten las parejas de hecho homosexuales.

Verde: países en los que no existe posibilidad unión legal entre homosexuales.

(Mapa: Aris Katsaris)