París: Los sueños de un sirio a todo color

Artículo publicado el 18 de Junio de 2014
Artículo publicado el 18 de Junio de 2014

Os pre­sen­ta­mos el re­tra­to de un in­mi­gran­te y pin­tor sirio que 10 años des­pués de haber pla­ni­fi­ca­do su exi­lio a Fran­cia, di­bu­ja la tra­yec­to­ria de sus com­pa­trio­tas en el in­te­rior de un "café de los re­vo­lu­cio­na­rios" pa­ri­sino. 

Según las Na­cio­nes Uni­das, más de 200 mi­llo­nes de per­so­nas re­si­den ac­tual­men­te fuera de su país. Es decir, el equi­va­len­te a 3% de la po­bla­ción mun­dial. Todos los paí­ses del mundo, sin nin­gu­na exep­ción, están preo­cu­pa­dos por estos mo­vi­mien­tos po­bla­cio­na­les. El des­tino es­co­gi­do por los in­mi­gran­tes, o los paí­ses que re­ci­ben a estos, va­rían de acuer­do a la per­so­na. Sin em­bar­go, la ma­yo­ría de estos mo­vi­mien­tos mi­gra­to­rios se pre­sen­tan en las mis­mas re­gio­nes. Los paí­ses fron­te­ri­zos son los que más se preo­cu­pan por los des­pla­za­mien­tos pro­du­ci­dos en sus paí­ses ve­ci­nos.

Un mundo en color

Ge­ne­ral­men­te, los in­mi­gran­tes que aban­do­nan su país desean es­ca­par de su reali­dad ac­tual o per­se­guir su sueño de una vida mejor, un deseo fo­men­ta­do por un ima­gi­na­rio ator­men­ta­do por mitos más o menos an­ti­guos. Ese es el caso de Firas, "co­man­dan­te a cargo" del Bis­tro Sirio en Paris. Diez años atrás, Firas tomó la de­ci­sión de vivir en la ca­pi­tal fran­ce­sa por una sim­ple razón: es­tu­diar be­llas artes,  y más es­pe­cí­fi­ca­men­te, pin­tu­ra. En Damas, Firas es­tu­dia­ba con la ayuda de un ma­nual, re­pre­sen­tan­do los lien­zos úni­ca­men­te en blan­co y negro. 

Es­co­gi­dos entre un cen­te­nar de can­di­da­tos, fue­ron tan solo una de­ce­na las per­so­na que se be­ne­fi­cia­ron de un vi­sa­do para poder es­tu­diar en Fran­cia. "Mis pri­me­ros días en París los pasé via­jan­do de un museo a otro y des­cu­brien­do los cua­dros y lien­zos en color. Yo había co­no­ci­do los lien­zos en blan­co y negro so­la­men­te. Des­cu­brí un nuevo mundo. Fue muy her­mo­so ver esto por pri­me­ra vez. Fue como si se me hu­bie­se qui­ta­do un velo que me im­pe­día ver la be­lle­za de las cosas", nos cuen­ta Firas.

Des­pués de va­rios días de en­can­to, nues­tro amigo sirio se tuvo que en­fren­tar a los pri­me­ros pro­ble­mas que afec­tan la vida en una ciu­dad como París. Ade­más de estos pro­ble­mas, Firas hizo fren­te a otras vi­ci­si­tu­des adi­cio­na­les. "En el 2010, yo es­ta­ba en la fa­cul­tad y tuve un ac­ci­den­te de moto que me obli­gó a des­can­sar du­ran­te tres meses en casa"me ex­pli­ca. "El pro­ble­ma es que yo tenía que pre­sen­tar una te­si­na final,  claro que me vi obli­ga­do a apla­zar­la. Y el año si­guien­te, se me negó la re­no­va­ción de mi per­mi­so de re­si­den­cia y me en­via­ron un OATF (Obli­ga­ción de aban­do­nar el te­rri­to­rio fran­cés)".

Firas se vió obli­ga­do a con­se­guir un abo­ga­do pero so­bre­to­do se le prohi­bió de ejer­cer un tra­ba­jo du­ran­te once meses: una eter­ni­dad en una ca­pi­tal cuyo coste de vida des­ta­ca por ser uno de los más caros de toda Eu­ro­pa. "¿Por qué 11 meses?", aún se pre­gun­ta Firas en voz alta. Es en reali­dad el tiem­po que le tomó pre­sen­tar una pe­ti­ción pero so­bre­to­do, el tiem­po que toma es­pe­rar la res­pues­ta del tri­bu­nal. "Luego, me con­ce­die­ron un per­mi­so de re­si­den­cia de un año como es­tu­dian­te", con­ti­núa. "Una res­pues­ta nor­mal, pues vieorn que había apro­ba­do mis cur­sos y con bue­nas notas. ¡Vaya, que me apli­qué en los es­tu­dios!". 

El 'café de los re­vo­lu­cio­na­rios'

Firas con­si­guió su maes­tría, pre­cio­sa se­mi­lla para ob­te­ner un per­mi­so de re­si­den­cia digno de este nom­bre. Si bien su vida logró tener un final feliz, el sirio no ol­vi­da la suer­te de sus com­pa­trio­tas, to­man­do en cuen­ta la si­tua­ción ac­tual de su país, de todos esos "ar­qui­tec­tos y mé­di­cos que han sido obli­ga­dos a huir a causa de la gue­rra en bús­que­da de una mejor vida", in­di­ca. 

Igual­men­te co­no­ci­do bajo el nom­bre de  "Café de los Re­vo­lu­cio­na­rios", el bar sirio donde él tra­ba­ja es tam­bién un asilo para los in­mi­gran­tes si­rios que, según él, "lle­gan por cen­te­nas". Un lugar donde los si­rios en París pue­den re­unir­se y ce­le­brar la li­ber­tad que tam­bién está gra­ba­da en las pa­re­des, trans­for­ma­das en pi­za­rras gi­gan­tes para todos aque­llos que tie­nen algo que decir.

ESTE AR­TÍCU­LO FORMA PARTE DE UNA EDI­CIÓN ES­PE­CIAL DEL PRO­YEC­TO "EU­RO­MED RE­POR­TER" INI­CIA­DO POR CA­FÉ­BA­BEL EN COOPE­RA­CIÓN CON SEARCH FOR COM­MON GROUND Y LA FUN­DA­CIÓN ANNA LINDH.