Parlamento Europeo: Barroso se pliega al juego democrático

Artículo publicado el 27 de Octubre de 2004
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Artículo publicado el 27 de Octubre de 2004

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Empujando al Presidente designado para la Comisión europea a solicitar el informe de aprobación de su colegio de comisarios, el Parlamento europeo refuerza su papel político. ¿Será la Unión un verdadero ruedo político?

Se acabó el pulso. Esta mañana, el Presidente designado para la Comisión europea, José Durão Barroso, solicitó al Parlamento europeo el aplazamiento de la votación de aprobación del colegio de comisarios, prevista en un principio para hoy al mediodía. El Parlamento, pues, ha ganado la batalla forzando a Barroso a revisar su controvertida propuesta: fatwa contra homosexuales por parte del italiano Buttiglione (designado para Justicia y Asuntos de Interior), conflictos de intereses sobrevolando la reputación de la holandesa Neelie Kroes (designada para Competencia) y la danesa Mariann Fischer Boel (en Agricultura), e incompetencia del húngaro László Kovács (en Energía), son gotas que han colmado el vaso. El Parlamento, pues, ha reaccionado y ha abierto una crisis institucional sin precedentes para la Unión europea, ya que la Comisión Prodi parece dispuesta a seguir en funciones más allá del fin de su mandato, previsto para el 1 de noviembre. El problema es que no existe base legal explícita en los Tratados para este supuesto.

Héroes españoles, británicos y alemanes

La inestabilidad en la que se encuentra ahora Europa se ve acentuada por las cifras arrojadas por la asamblea de Estrasburgo: según el diario británico The Guardian, el “no a la Comisión Barroso” hubiera obtenido 362 votos, y el “sí”, 345. El aplazamiento de la votación debe ser interpretado como una afirmación de poder del único órgano democráticamente elegido de la Unión. Afirmación que, además, respeta una decisión de naturaleza claramente política y que por tanto debe ser celebrada. A favor del conservador Barroso, se unieron el Partido Popular Europeo (PPE) y el grupo de los nacionalistas; contra él se han erigido los Socialistas, los Verdes, los Comunistas, los Soberanistas, y dos terceras partes de los Liberales.

La sorpresa no proviene de estos últimos, quienes, después de todo, no podían quedarse de brazos cruzados ante las poco “liberales” declaraciones de Buttiglione sobre los homosexuales y la institución del matrimonio, sino de los socialistas españoles británicos y alemanes, sometidos durante los pasados días a una gran presión por parte de sus propios gobiernos (Zapatero, Blair, Schröder) para que apoyaran a Barroso. Ellos son los héroes de la jornada: resistir la llamada a capítulo prefiriendo apostar por un voto “político” no es fácil.

Próxima cita: el 17 de noviembre

El verdadero pulso no se ha dado tanto entre la Comisión y el Parlamento, sino entre una lógica intergubernamental y un “espíritu” democrático: entre capitales de Estado ansiosas por imponer un candidato de “compromiso” laboriosamente designado –Barroso-- que prometió limitarse al papel de “honesto intermediario”, y un Parlamento deseoso de hacer oír su voz.

Hoy, la Unión Europea entra de lleno en fase de madurez: ya no será un club de Estados, sino un verdadero ruedo político. Hoy, en Estrasburgo, no ha triunfado la “inestabilidad”, como pretende Barroso, sino la normalidad democrática ante la que todos tendrán que plegarse. Próxima cita: nueva votación el 17 de noviembre. Y con una nueva Comisión.