Parto difícil para un Irak democrático

Artículo publicado el 17 de Enero de 2005
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Artículo publicado el 17 de Enero de 2005

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La incertidumbre y el caos planean sobre las próximas elecciones iraquíes. ¿Serán el primer paso de Irak hacia la democracia?

Desde el 16 de Diciembre de 2004, 5000 candidatos se hallan oficialmente en campaña electoral en Irak. Una realidad truncada por la imposibilidad para los candidatos de ofrecer mítines, de encontrarse con sus conciudadanos y de desplazarse sobre el conjunto del territorio. A cuatro semanas del escrutinio, los ataques contra los soldados de la coalición, la policía iraquí y los representantes de la autoridad iraquí se han acelerado bruscamente, causando en tres días la muerte de más de cien personas, entre ellas la del Gobernador de Bagdad.

Esta campaña electoral sangrienta tiene sin embargo el mérito de liberar la palabra. La mal llamada "resistencia" iraquí intentará destrozarla todos los días de aquí al 30 de junio y por mucho tiempo aún. Lo que los "rebeldes" buscan matar en Irak es el emerger de una sociedad civil donde cada uno pueda expresarse, incluso para exponer su opinión contraria a las elecciones. El final de la dictadura de Saddam Hussein ha provocado la aparición, a pesar del caos de la guerra, de las circunstancias necesarias para el nacimiento de la propia idea de democracia. El gobierno iraquí ya no tiene hoy el poder de encarcelar arbitrariamente a los iraquíes, de anular las libertades públicas, de prohibir los periódicos, de cerrar las radios, de censurar los programas de televisión o de disolver los partidos políticos. El politólogo Antoine Basbous, fundador y director del observatorio de los países árabes, describe este momento cómo la creación "de las condiciones de existencia de un espacio de libertad, dónde la sociedad civil se situaría en algún lugar entre la cubierta de plomo de las dictaduras y las cúpulas de las mezquitas". El principio de democracia que ofrecen estas elecciones a los iraquíes puede permitirles separarse progresivamente de esta doble tutela.

80 listas

Sin embargo, "es la primera vez que los iraquíes prueban el derecho de voto". "Según ellos es una experiencia para la cual no están preparados", recuerda el periódico iraquí As Zaman, el primero en instalarse en Bagdad después de la guerra. Para éste periódico creado en 1997 por iraquíes exiliados en Londres, "este escrutinio es para los iraquíes una ocasión histórica de pasar página y quitarles las caretas a los diferentes jefes y dirigentes". La campaña electoral constituye un prisma de aumento de las nuevas libertades que existen en Irak. Las opiniones divergentes se expresan en los periódicos de todas las tendencias. Por primera vez desde la creación del Estado iraquí hace ochenta y cuatro años, todos los aspirantes están representados en el seno de las 80 listas depositadas con vistas a la elección de los 275 miembros de la asamblea provisional... Entre los 5000 candidatos, un tercio son mujeres.

Señalemos también que nueve de esas listas son de coalición, de las cuales la "Lista iraquí" del actual Primer ministro Iyad Allaoui, la lista Iraqioun ("los iraquíes") que agrupa personalidades suníes y chiíes bajo la dirección del presidente interino, el suní Ghazi al-Yaour, y "la alianza iraquí unida" del ayatolá Ali Sistani, que además de a los chiíes, incluye a kurdos, suníes y turkmenos. Los comunistas y los monárquicos tienen también la posibilidad inédita de presentarse a las elecciones. Finalmente, los jefes kurdos rivales de la Unión Patriótica del Kurdistán (UPK) y del Partido Democrático del Kurdistán (PDK), Jalal Talabani y Massoud Barzani, han dado el paso histórico de aliarse en una lista única.

La cuestión suní

Queda el problema de la minoría suní que dominaba el poder en los tiempos de Saddam. Después de tomar la decisión de participar en el escrutinio en la apertura de la campaña, la principal lista, el "Partido Islámico" de Mohsen Abdel Hamid, ha decidido llamar al boicot de las elecciones. Como lo expresa Adnane Pachachi, líder del "Unión de demócratas independientes" - la otra lista suní-, su angustia es ver las elecciones "confiscadas" por los chiíes del Sur y los kurdos del Norte, que tendrán muchas menos dificultades para acudir a votar que los suníes del centro del país, dónde la inseguridad reinante amenaza con comprometer el buen desarrollo de las elecciones. A mediados de diciembre, el periódico libanés An Nahar, subrayaba en un editorial las graves desigualdades que podrían resultar del escrutinio. En efecto, en el seno del "triangulo de la muerte", donde se encuentran ciudades como Faluya, Mosul o Ramadi, es poco probable que los electores consigan legar a los colegios electorales. "Si el proyecto del nuevo Irak es convertirse en un régimen que agrupe las diversas etnias y confesiones iraquíes, ¿cómo podría un consejo nacional iraquí emanar de unas elecciones a las que no hubiese participado uno de los grupos sociales esenciales del país?", se pregunta el editorialista Mohammed Mahmoudi. Teniendo en cuenta el número de etnias y de grupos religiosos representados, estas elecciones conducirían a un reparto contingencial del poder, y en el futuro a la guerra civil entre las diferentes facciones.

No abandonar a los iraquíes

Para impedir ésta esta situación, incumbe a los "exportadores" de democracia proteger el espíritu democrático naciente en Irak.

Las elecciones del 30 de enero no son más que el comienzo de un largo proceso. Como lo expresa el doctor Mahmoud Othman, kurdo independiente y respetado miembro del Consejo de Gobierno, "asistimos sin duda a los dolores del parto de un nuevo Irak". La pelota se halla hoy en el campo de la "coalición aliada, quien debe redoblar en cuidados, inteligencia y medios para que todo se desarrolle correctamente, para que los esfuerzos de tantos años no sean desperdiciados y que nuestras esperanzas no se vean decepcionadas". La democracia no se exporta de un día para otro. A los "liberadores" les toca saber esperar a que la nación iraquí sane todas sus heridas.