Pasaporte para el empleo

Artículo publicado el 19 de Febrero de 2008
Revista publicada
Artículo publicado el 19 de Febrero de 2008
Emigración padecida o elegida, es cada vez más corriente entre los jóvenes activos irse a trabajar al extranjero. Susanne y Murat, una alemana y un turco, nos relatan su experiencia y sus motivaciones.

Susanne: “Trabajar para vivir”

Con sus 3,7 millones de parados, el mercado laboral alemán presenta un aspecto poco atractivo. A quienes no encuentran empleo en el país de Schumacher les queda la posibilidad de marcharse a otro país. Es lo que hizo Susanne Wunderlich, una berlinesa de 33 años que emigró a Moscú para “enriquecerse con nuevas experiencias”, como ella mismo dice. “Estudio mediación intercultural en Moscú, lo que me permite perfeccionar mi ruso. Luego, me gustaría trabajar en el campo de la integración germano-rusa”, explica justificando su paso por el país de los zares.

Antes de decidirse a inscribirse en esta licenciatura, llevaba siete meses buscando empleo armada con currículum bastante potente: es poseedora de un título en comunicación económica por la Universidad de las Artes de Brlín con nota, habiendo realizado parte de estos estudios en el Reino Unido y Suecia. En paralelo a sus estudios, trabajó para varias empresas como diseñadora gráfica, asistente y jefa de proyectos. Ya con el diploma en el bolsillo, pasó dos años como asistente de idiomas en el Goethe Institut de Omsk. En mayo de 2007, al término de su contrato, es cuando vuelve a Alemania a la caza de un empleo como es debido.

Sin embargo, tras una maratón de búsqueda de empleo, sólo obtiene una propuesta seria: un puesto de coordinadora de proyectos en el Goethe Institut de Kabul. Resultándole Afganistán un destino aún peligroso, declina la oferta y se va para Rusia. Desde febrero, estudia en la Universidad de Ciencias Humanas de Moscú y espera encontrar pronto empleo en aquel país. Segura de su experiencia, afirma: “El mundo laboral es mucho más agradable por aquí. Los rusos tienen una actitud mucho más serena que los alemanes en cuanto al trabajo. Para ellos, más vale trabajar para vivir que vivir para trabajar.”

Murat: “Aprender con el contacto de compañeros de trabajo europeos”

Murat Urgulucan va camino del éxito. Originario de Iskenderun, una pequeña ciudad en el sur de Turquía, este cirujano cardiólogo trabaja en la actualidad como colaborador científico en Rostock, Alemania. En su país de origen, este brillante joven de 31 años trabajaba como practicante en la clínica universitaria de Estambul, uno de los mejores hospitales del país. Al poco de terminar sus estudios, ya realizaba arduas operaciones como médico asistente. En paralelo a su estresante trabajo, aún encontraba tiempo para dedicarse a sus trabajos de investigación y publicar artículos en revistas especializadas.

Sus profesores se deshacían en elogios hacia él, pero Murat, lejos de dormirse en los laureles, lo que tenía es curiosidad por saber cómo trabajaban sus colegas europeos para ampliar su experiencia y aprender a su lado. Tuvo conocimiento de una vacante en la clínica universitaria de Rostock, y allí que se fue nada más fue seleccionado. Desde agosto de 2007, trabaja en el departamento de investigación en cirujía cardiovascular de la clínica alemana. “El trabajo me gusta. Tengo mucho más tiempo libre que en Turquía. Y todo es más tranquilo que en Estambul, con lo que me puedo concentrar mejor en mi trabajo”, nos confía con una sonrisa envolvente. Su contrato es de duración determinada y expira a finales de 2008. No ha decidido aún si lo prolongará o si volverá a Turquía. “Todo dependerá de las oportunidades que me ofrezcan”.