Paul Verhoeven: cine comercial, ¿y qué?

Artículo publicado el 19 de Enero de 2007
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Artículo publicado el 19 de Enero de 2007
El cineasta holandés de 68 años, autor de Desafío Total, Robocob e Instinto básico, ha vuelto a Europa para realizar su último trabajo.

El erudito Erasmo de Rótterdam, el pintor Vincent Van Gogh y el futbolista Johan Cruyff podrían ser las tres grandes figuras más importantes de la Historia de Holanda. Pronto, si las cosas no se tuercen, se les podría sumar Paul Verhoerven. Quizás su nombre no les suene, pero de momento es el cineasta más importante que jamás ha nacido en los Países Bajos y el autor de algunas de las producciones más rentables del cine norteamericano. Tal vez exageremos, pero su última película, Black Book (2006), entusiasmó al público en el Festival de cine fantástico de Sitges y significa el retorno del director a su país de origen tras veinte años en los EE UU.

Un alud de fans y de periodistas le llama, le dispara flashes, le hace preguntas y reclama su atención. En la rueda de prensa del festival, Verhoeven se muestra solícito. Con una sonrisa imborrable en la cara, firma un autógrafo aquí, responde un periodista allí y todo el mundo queda satisfecho. Y es que el señor Verhoerven, además de ser talentoso, es un tipo accesible que cae bien.

Lo que primero llama la atención es su aspecto físico. Su carné de identidad debe de estar equivocado. Ahí dice que tiene 68 años, pero no aparenta más de cincuenta. De acuerdo, tiene el pelo blanco, pero su constitución corpulenta y su sonrisa permanente engañarían a cualquiera.

Un conflicto personal

Empezamos a charlar en el vestíbulo del hotel. La primera pregunta es inevitable ¿Por qué Paul Verhoeven ha vuelto a Holanda? Después de éxitos como Robocob (1987) o Desafío total (1990), la mayoría se hubiesen quedado en Hollywood. “Tenía ganas de volver a la realidad. Ahí me tienen catalogado como director de ciencia ficción. Ni se les pasa por la cabeza darme una comedia porque desconocen mi primera etapa holandesa en la que toqué otros géneros. Quería huir de todo aquello y hacer una obra más realista.”

El resultado de este esperado retorno es Black Book, una superproducción europea ambientada en la Segunda Guerra Mundial. La película, heredera de las películas de espías, se desarrolla en espacios cerrados. Es un relato desmitificador de la resistencia holandesa al nazismo, inspirado en hechos reales. “La guerra me afectó de pequeño y desde los años 70 he estado investigando sobre el tema. En mí casa, debe de haber unos 700 libros que hablan ello. Para la película, también recogí información en un museo de Ámsterdam. Nada de lo que aparece en la película es desmesurado. Es obvio que me he tomado ciertas licencias creativas a la hora de caracterizar a los personajes como en el caso de la protagonista femenina, que contiene rasgos de tres mujeres reales de la época; pero he querido hacer una obra bien documentada.” El cineasta se ha sentido libre para hacer la película que él quería. Se le ve satisfecho del resultado; una película comercial que entretiene al espectador y le invita a la reflexión al mismo tiempo.

Verhoeven sabe cómo contentar al público y a la crítica. A veces fracasa, como pasó con las flojas Showgirls (1995) y El hombre sin sombra (2000), pero cuando lo hace bien, los elogios son unánimes. Sólo cabe recordar el boom de Instinto básico (1992). ¿Qué tiene de especial este director holandés? Pues, a parte de un envidiable sentido del ritmo, una visión ambigua de los seres humanos que le ha permitido conectar con todo tipo de público y a su vez recibir críticas muy diversas. Él se defiende. “Sería falso decir que está lleno de personas íntegras, ya que los hombres somos como somos, casi todos mentimos. En la vida no hay ni buenos ni malos. Lo mismo pasa con los nazis de mi última película. Con los años, se ha creado un esteriotipo del soldado alemán que sólo se dedicaba a matar, matar y matar. Pero ésta no fue la realidad. También había gente decente que estaba fuera de todo aquello.” No me deja de mirar mientras dice estas palabras. Lo hace a toda velocidad. Su tono de voz, entre serio y sarcástico, es propio de alguien que se cree lo que dice. Es convincente.

Sexo y violencia, la fórmula mágica

A pesar de la provocación, si analizamos su filmografía, nos damos cuenta de que el éxito de Verhoeven no puede deberse sólo a un discurso moral ambiguo. En Hollywood hace falta algo más para atraer a la audiencia. Este director holandés lo ha encontrado. En todas las películas de Verhoeven hay una dosis de sexo y violencia, dos elementos bien controvertidos. Le pregunto por qué. Primero me habla de sexo con una sonrisa franca. “¿Cómo alguien no puede prestarle atención? Sin sexo, no podemos ser creados. La vida está llena de sexo. Es natural y aparece en los momentos más importantes de nuestras vidas. A mí me encanta el sexo y por eso lo incluyo en mis películas.” Así de simple y así de sugerente ¿Quién se ha olvidado del cruce de piernas de Sharon Stone en Instinto básico? ¿O de la alienígena de tres pechos de Desafío Total? Para no hablar de la primera etapa holandesa de Verhoeven con hitos eróticos como Delicias Turcas (1973).

Si hablamos de violencia, el director también tiene una respuesta ¿Por qué la utiliza? “Pues porque la odio. Me interesa retratar el comportamiento de los seres humanos. Si damos un vistazo al siglo XX, nos daremos cuenta de que somos la especie más violenta del planeta. Hemos matado a más de 50 millones de personas. Pensad en Uganda, Vietnam o las dos grandes guerras mundiales. Y ahora los americanos siguen matando gente en Irak sin sentido.” Verhoeven gesticula con las manos visiblemente excitado y acaba su lista de guerras con ironía: “Está sucediendo lo que ya decía el desmesurado gobierno que salía en Starship Troopers (1997) cuando se dirigía a los soldados, que no paraban de gritar ‘Kill’m all, kill’m all’ ante cualquier problema”. Aunque haya gente que se escandalice con algunas secuencias de Robocob, el mundo es violento y Verhoeven no pretende esconderlo.

Mi tiempo se acaba y le pregunto sobre su futuro. Me mira con suspicacia y me asegura que seguirá haciendo películas dramáticas en Holanda. Parece decidido a aparcar la ciencia ficción, el género que le ha hecho triunfar. “Aprecio obras como El señor de los anillos o Harry Potter, pero nunca haría una cosa así”. Es una lástima. Muchos le echaremos de menos en el mundo de la fantasía, pero de momento ya es una referencia del cine de masas.