Peligro recesión en Europa

Artículo publicado el 18 de Octubre de 2002
Publicado por la comunidad
Artículo publicado el 18 de Octubre de 2002

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

La guerra anglo-americana podría llevarnos a una nueva recesión global. La UE, en cambio, puede salvar a la vez la paz y la economía.

Irak enfrenta la amenaza de una segunda guerra devastadora sobre su territorio en una situación extremamente precaria.

En los últimos años la economía iraquí se ha quedado prácticamente estancada, con ritmos de crecimiento discontinuos, un estándar de vida penoso, tipos de inflación constantemente a dos cifras y cercanas a las tres. El embargo que pesa sobre Irak golpea prácticamente todo bien que no sean medicinales o productos alimentarios, mientras que las piezas de recambio para las maquinarias son inexistentes, lo que hace de cada ruptura en las mismas un daño permanente.

Cuando se habla de la economía iraquí, el asunto central y el eje de toda análisis es naturalmente el petróleo; la población iraquí, en efecto, sobrevive gracias (es un decir) al programa “Oil for Food” de las Naciones Unidas, lanzado en 1996. A Irak le es permitida la exportación de una cuota predeterminada de petróleo, la cual es puesta en el mercado, y cuyos ingresos son destinados a programas de sustento de las necesidades de la población, en primer lugar para comida y medicinas. El destino de los fondos es decidida por la misma ONU, la cual gestiona la cuenta donde confluyen los ingresos de la venta del crudo.

Es interesante notar que los pagos del petróleo iraquí son regulados sólo en euros, mientras es igualmente importante que Irak sea miembro a pleno título de la OPEP, el cártel que reúne muchos entre los mayores productores mundiales de crudo. La producción predeterminada de petróleo para Irak es de aproximadamente 2,5 millones de barriles; en el caso en que el embargo y las restricciones fueran eliminadas, se estima que podría ocurrir una subida de la oferta de hasta el 30%, lo que probablemente no influiría sobre los precios mundiales, pero podría hacer entrar en las cajas iraquíes dinero suficiente para reanimar la economía.

De hecho, es evidente que el programa “Oil for Food” es ampliamente insuficiente para garantizar un nivel de vida decente a la población. Se estima que medio millón de niños hayan muerto en la ultima década, mientras cada ciudadano dispone de 2000 calorías diarias, debajo del límite mínimo recomendado de 2400; además, el PIB por capita es de aproximadamente 2700 dólares, inferior a lo de estados como Angola, Albania y Azerbaiján. Si, tal y como parece, pagar el embargo ha sido obra exclusiva de la población civil, dado que el dictador que era el supuesto objetivo está todavía activo en su puesto, el instrumento del embargo como arma en contra de los regímenes totalitarios ha fracasado nuevamente (ver también la cuestión de Cuba).

Una eventual guerra contra Irak no podrá claramente mejorar las cosas en ese país; más bien, las empeoraría notablemente en nuestra casa, y en la de EE.UU.

El porqué es muy simple, y se conecta a la constatación de que una fuerte y improvisada subida del precio del petróleo, en este momento de estancamiento de las economías occidentales, produciría un efecto violentísimo. La Comisión Europea estima que por cada subida de 10$ del precio del petróleo (por barril), la economía sufriría, en media, un choque sobre el crecimiento del 0,5% del PIB; países como Alemania e Italia se encontrarían automáticamente en recesión, mientras que serán muy posibles efectos en cadena (si imaginamos el impacto sobre las bolsas o unas políticas monetarias antiinflación, la recesión podría ser muy seria).

La razón por la cual una subida del precio del petróleo sería prácticamente automática depende del hecho de que los países árabes (Arabia Saudita por primera), que tienen en muchos casos acuerdos comerciales y de cooperación con Irak, podrían perfectamente poner de rodillas los países occidentales restringiendo la oferta de crudo. Para que ocurra un efecto sobre el PIB, como concuerdan la mayoría de los economistas, esta subida tiene que ser duradera, no compensable a través de un estímulo fiscal debido a la subida de los gastos de guerra. De hecho, es probable que esta guerra no será breve como la de hace diez años, dado que los iraquíes no afrontarían su enemigo cara a cara en el desierto, sino a través de una larga guerrilla, posiblemente en las grandes ciudades.

En todo caso, el corte iraquí de 2,5 millones de barriles a la producción diaria ya podría perfectamente provocar una subida de 10$ del precio del crudo; durante la guerra del 1990, las cotizaciones más que redoblaron (de 15$ a más de 30$), mientras que en ocasión del corte de oferta de 1999 (4,3 millones de barriles), el precio triplicó (de 10$ a 30$).

En todo esto, la UE se está moviendo para poder parar el golpe, o por lo menos tomar unas contramedidas; la Comisión está en efecto empujando para integrar más las políticas sobre en la energía a nivel comunitario, mientras que está preparando una medida para aumentar las reservas energéticas, de manera de contrastar la volatilidad de los mercados.

Un punto sobre todos es fundamental: la política energética común, caracterizada por una fuerte dependencia externa, tiene que ser acompañada por una fuerte política extranjera común. Sin ésta, las medidas tomadas a nivel europeo no pueden ser otra cosa que defensivas, en adaptación a peligros inmediatos y corrientes.

En cambio, una política extranjera agresiva tiene que ir dirigida a anticipar las posibles evoluciones de los mercados de las fuentes de energía, en primer lugar el petróleo; es en este ámbito que el propio Irak juega un rol fundamental.

El país iraquí dispone, después de Arabia Saudita, de las más grandes reservas petrolíferas mundiales; uno de los factores que caracteriza la alta volatilidad del mercado del petróleo son exactamente las voces sobre la duración de las reservas mundiales, y en este contexto países como Irak y Rusia representan fuentes indispensables para un abastecimiento continuo y estable.

En el momento en que EE.UU. mantengan unas relaciones, en la mejor de las hipótesis, frías con Bagdad, la UE puede ser el partner favorito de los iraquíes por los abastecimientos de petróleo, en el caso de que ellos sean libres de decidir dónde venderlo (hoy está destinado el 45% a EE.UU., de los cuales son el sexto proveedor, y el 35% a la UE). Las ventajas serían tener una fuente a largo plazo y más importaciones a pagar en euros, y no en dólares. No es casual, por lo tanto, la maniobra de Saddam Hussein, que ofreció el petróleo iraquí a las empresas europeas, mientras decidía aceptar los inspectores de la ONU.

Los estados de la UE tendrían claramente muchos motivos válidos para no entrar en guerra con Irak; el energético, aunque pueda ser el más cínico, no es el menos importante. De todas formas, es cierto que es lo que mueve a EE.UU. a una guerra contra Saddam Hussein y a ganarse un poder enorme en el escenario político y económico de Oriente Medio.

Pensar que la UE, siguiendo la aventura americana, pueda participar en el banquete, es ilusorio; sin embargo, a cambio de los beneficios de algunas pocas empresas europeas, los EE.UU. obtendrían el dominio de la política energética global.

Para la UE, la otra vía para bajar los riesgos de un contragolpe sobre la propia economía de un choque petrolífero es la de invertir sobre la investigación y la utilización práctica de las fuentes de energía renovables; esta elección es seguramente inteligente a largo plazo, y se acompañaría de la agradable sensación de poder abrir en la realidad la vía para el desarrollo sostenible global.

Es una lástima que típicamente los esfuerzos para el uso de las fuentes de energía renovables sean directamente proporcionales al precio del petróleo. La esperanza es, entonces, que las políticas para tener bajos los precios petrolíferos no perjudiquen esta investigación; la crisis ambiental, la inestabilidad política en Oriente Medio y la volatilidad del mercado del petróleo no harían otra cosa que aplazar el problema a otro momento, donde estaremos más retrasados que hoy.