Peras, uvas y fresas: el curioso mundo de los frutarianos 

Artículo publicado el 14 de Febrero de 2018
Artículo publicado el 14 de Febrero de 2018

Para Mees Vulling, no existe la fruta prohibida. De hecho, este alimento es la base de su dieta. Pero ¿cómo dejó este joven culturista holandés de lado la carne para hacerse frugívoro en solo tres años? Por un gato, como todas las grandes historias.

La vida de Mees Vulling cambió para siempre cuando adoptó un gato callejero. Ocurrió hace poco más de un año. Por aquel entonces, el chico tenía veintitrés años y compartía piso con su novia vegana. Un día, mientras observaba a su pequeño amigo de cuatro patas en su apartamento de Leiderdorp, se percató de que nada tenía sentido. "¿Por qué debería darle a este gatito todo mi amor y mi respeto si luego pido que otros maten animales para mi consumo?". De la noche a la mañana, Mees abandonó la carne y abrazó el veganismo, una elección que, al final, lo condujo hasta su dieta actual: el frutarianismo.

Etiquetas, frugívoros y Steve Jobs

Mees vive todavía en Leiderdorp, una pequeña ciudad de unos 27.126 habitantes situada en la zona oeste de los Países Bajos. La localidad se ubica cerca de La Haya, lugar en el que nuestro protagonista realiza sus estudios de arteterapia. Otra gente joven con los mismos hábitos alimenticios —o, al menos, con una mentalidad parecida— habita en su mismo edificio. Habla despacio y en voz baja, como si sopesara con cuidado cada palabra antes de decirla. Los tatuajes decoran su cuerpo, y su pelo rubio, largo y suelto se riza a medida que se acerca a las orejas. No vale la pena intentar achantarle y ponerle una etiqueta como si de un objeto se tratara. Él es músico, un terapista artístico que ama el yoga y los tatuajes. Es algo parecido a un gurú de la comida cruda en Instagram y un frugívoro, todo al mismo tiempo. Aunque, en realidad, Mees no cree en las etiquetas: "Me aparto de ellas porque pienso que nos hacen comportarnos de una manera concreta… Solo quiero ser todo lo libre que me sea posible". Para no complicar las cosas, diremos que es frugívoro y nada más.

El frutarianismo es una rama del veganismo, una dieta que excluye todo producto de origen animal. Los crudiveganos son veganos que solo se alimentan de productos vegetales en estado crudo, es decir, sin cocinar a más de 48 ºC, por lo que los frugívoros son en esencia crudiveganos que comen fruta. La revelación que tuvo Mees después de adoptar a su gato va de la mano de un sistema de creencias todavía mayor ligado a estas dietas: los humanos no son superiores ni a los animales ni a la naturaleza.

Al buscar la palabra "frugívoro" en Google imágenes, encontramos una amplia variedad de gente guapa posando junto a montañas de frutas coloridas. Sus cabellos son brillantes, sus pieles claras como el agua y parece que el sol los acaricie de manera perfecta mientras exhiben sus músculos tonificados. Se inclinan por un estilo de vida holístico en el que el yoga y la meditación resultan fundamentales para el "desarrollo espiritual", tal y como hace Mees.

Google imágenes también nos permite vislumbrar algunas instantáneas de Ashton Kutcher y Steve Jobs; aunque debe señalarse que son ejemplares raros. Todo el mundo sabía que Steve Jobs seguía una dieta basada en fruta, así que Kutcher —obviamente— siguió su ejemplo cuando lo eligieron para encarnar al magnate en una película biográfica del 2013. Sin embargo, lo trasladaron de urgencia al hospital por problemas en el páncreas tan solo unos días antes de comenzar el rodaje. Da igual si esto sirve o no como prueba de que el frutarianismo restringe demasiado al individuo; nada asusta a Mees. A diferencia de su decisión de convertirse en vegano, su camino hacia el frutarianismo fue un proceso gradual, ya que no ocurrió de la noche a la mañana.

De culturista carnívoro a vegano en una noche

Mees creció en una familia que no daba especial importancia a lo que comía. "Nadie es vegetariano en mi familia. [De joven] me decían que me comiera las verduras y demás, como la mayoría de los padres, pero nada concreto", explica. Hace tres años, se metió en el mundillo del culturismo y el fitness. Comía carne y lácteos sin cuestionarse si aquello era perjudicial para su salud. Simplemente lo hacía porque así se sentía bien. "Era el mayor carnívoro que te puedas imaginar", admite. No obstante, eso ocurrió antes de que adoptara a su gato callejero.

Sus padres no lo creyeron cuando les contó que había decidido hacerse vegano: "Pensaron que volvería a comer carne". Solo fue la primera impresión. Tres meses después, les comunicó que había cambiado su dieta y que consumía principalmente fruta. Tuvieron reacciones parecidas. La gente solía decir que había cambiado, que no era el mismo de hace unos años, pero el joven holandés no está de acuerdo: "No he cambiado como persona. Solo empecé a interesarme en otras cosas".

Si hace memoria y regresa al tiempo en el que hacía culturismo, admite que se sentía como algo parecido a un zombi. Su transición de friki del fitness carnívoro, a vegano y, finalmente, a frugívoro sucedió de manera gradual. Todo empezó a tener sentido cuando Mees se dio cuenta de que cuanta más fruta comía, más energía tenía. Al principio, se sentía como si estuviera "en éxtasis todo el rato".  Sin embargo, hacerse frugívoro nunca fue su intención; fue casi como un accidente, que esperaba que ocurriera de la mejor manera posible. "Al final me vi comiendo sobre todo fruta y comencé a sentirme mejor". Mientras que su transición hacia el veganismo la desencadenaron razones éticas —el gato—, su decisión de abrazar el frutarianismo se debió en su mayoría a "razones de salud" y, también, al hecho de que "la fruta siempre es deliciosa".

La filosofía de la fruta y el doctor Morse

Mees está convencido de que los humanos deberían ser frugívoros. Su transición hacia el frutarianismo ha sido tan beneficial para él que quiere inspirar a otros para que se unan al movimiento. Este joven de veintitrés años no solo "quiere que la gente sea más consciente de sus decisiones, más cariñosa y amable en general", sino que también piensa que "la fruta es la dieta específica para nuestra especie". Según Mees, los humanos están hechos a la perfección para seleccionarla, comerla y digerirla. Encuentra extraño y "raro" que los humanos cocinen su comida, ya que todos los demás animales de la Tierra la ingieren cruda. El joven estudiante cree, además, que deberíamos comer de uno en uno cada alimento, "sin especias y demás añadidos", puesto que la mayoría de los animales hacen lo mismo; por lo que la fruta es la fuente de alimento óptima para el hombre.

Sin embargo, el joven no es el creador de su meticulosa teoría dietética. Tras haber mantenido una pequeña disputa acerca de lo que los humanos deberían y no deberían ingerir, menciona a un enigmático doctor Morse. Mees ha seguido su trabajo durante un tiempo y explica que el doctor es un estadounidense de unos sesenta años que posee un club de salud y un canal de YouTube con alrededor de 57.700 suscriptores. El señor Morse lleva cuarenta y cinco años curando a pacientes con enfermedades potencialmente mortales, como el cáncer, mediante frutas y hierbas. "[El doctor Morse] recomienda una dieta basada en fruta y algunas hierbas que ayuden a los órganos. Las personas se curan así de cualquier enfermedad. No es que la fruta los esté curando, sino que esta hace posible que su cuerpo se cure por sí mismo”, clarifica el frugívoro. Continúa: "Es por eso que la medicina no funciona… solo puede paliar los síntomas, pero no cura nada en absoluto". La razón de que Mees se pasara al frutarianismo hace un año y medio no fue Morse, pero admite que su trabajo le asegura que hace lo correcto.

Si todo esto suena un poco ambiguo, es porque lo es. El doctor Morse ofrece todo el conocimiento y la experiencia que ha reunido con su club de salud a través de una serie de vídeos gratuitos en YouTube. En ellos, el gurú de la salud aparece sentado a su escritorio, en un cómodo sillón, con papeles desperdigados, como si la cámara lo hubiera cogido por sorpresa mientras investiga. Luce un tupido bigote y una buena mata de pelo canoso. A su espalda, un enorme cuadro abstracto de un corazón decora la pared junto a una colección de parafernalia nativa americana. Los vídeos, de hasta una hora de duración, abordan cualquier tema: desde "problemas cerebrales y la enfermedad de Parkinson" hasta "la bebida indígena ayahuasca y la enfermedad de Lyme". Mees está completamente convencido por su parte. "Creo que es increíble. Muchos de estos gurús cobran cantidades ingentes de dinero, pero él no". El joven se esfuerza por convertirse en una persona "de mente abierta, espiritual y libre", como el doctor.

"Hay veces en las que solo me alimento de sandía durante 18 días"

El invierno en los Países Bajos puede ser amenazador. Los meses pasan sin que luzca un solo rayo de sol y la humedad del aire puede hacer que el frío se cuele entre la ropa y llegue hasta los huesos. Es la dieta de Mees lo que lo mantiene activo. Compra su fruta en supermercados turcos, que ofrecen una amplia selección de frutas exóticas y, a menudo, son más baratos que los supermercados al uso. El chico se da atracones de chirimoyas en estos fríos meses invernales. Tienen el mismo tamaño que un melón pequeño y presentan una piel verdosa llena de escamas. El especialista explica que, para comerlas, hay que cortarlas por la mitad o pelarlas. Así, es posible sacar la pulpa blanca de su interior, que recuerda al sabor del yogur helado.

Mees ingiere unas cuatro o cinco chirimoyas por comida en una típica jornada invernal. Hace su primera comida justo antes de las doce del mediodía y suele saltarse el desayuno. Al contrario de lo que Google imágenes nos enseña cuando buscamos "frugívoro", en los Países Bajos no exista la opción de poder elegir entre cientos de frutas. Por este motivo, Mees completa su dieta con ensaladas crudas en las temporadas de más frío. Bebe también copiosas cantidades de té —hasta dos litros al día— para saciar su sed y mantenerse caliente.

En verano, simplemente cambia el contenido de su dieta minimalista y lo adapta a lo que hay disponible. Cuando empieza a hacer calor, se puede elegir fruta diferente en los supermercados de su barrio. La dieta de nuestro protagonista pasa de basarse en chirimoyas y plátanos a incluir melocotones y sandías, y lo más drástico: apenas bebe agua. "Hay veces en las que solo me alimento de sandía durante 18 días e incluso me olvido de beber agua", confiesa sin miedo.

Si le preguntamos por el impacto medioambiental que supone comer productos de importación, sigue sin inmutarse. "Ingiero fruta que procede principalmente de España, por lo que [la huella de carbono que deja el transporte] no es tan mala. Podría comprar productos locales y sería mucho mejor, pero no me activan del todo. Todo lo que se cultiva aquí son manzanas, peras y frutas del bosque. Pero no me hacen sentir igual de bien”, nos comenta en confianza. Mees es consciente del impacto medioambiental de una dieta frugívora. Sin embargo, tampoco pretende ser un santo y se decanta por una dieta que le haga sentirse bien. Opina que el positivismo resultará más productivo que el hecho de que se alimente de piezas locales: "Cuando me siento con las pilas cargadas, puedo transmitir bastante más energía positiva al mundo. Esto puede tener un gran efecto en muchas personas. Yo me siento bien y eso hace que los demás también se sientan bien". Puede que tenga razón y que sus 19.500 seguidores en Instagram lo corroboren.

Instagram: hasta el infinito y más allá

Mees utiliza Instagram para difundir su filosofía y su estilo de vida. Su cuenta está tan atestada de fotografías interminables de bandejas coloridas, zumos recién exprimidos y comidas crudiveganas que podría hacer creer a cualquiera que vive en una isla tropical. Añade un pie de foto a cada instantánea con el fin de explicar lo que se muestra y, a veces, detalla el sabor y la textura de sus comidas. Pese a tener una fuerte comunidad de seguidores, dice que nunca fue su intención: "Empecé porque me apetecía y despegó de repente. A la gente le comenzó a gustar todo lo que escribía, ya que no solo me dedicaba a publicar sobre frutas. Escribía cosas que me salían del alma, cosas que pudieran enriquecer a los demás. Todo gira en torno al crecimiento espiritual, al desarrollo personal, al yoga y lo que se me ocurra. Imagino que a la gente le gusta leerme".

Aunque gracias a su cuenta de Instagram ha llegado a miles de personas en todo el mundo, de momento no tiene previsto marcharse a ninguna parte. Todavía no ha terminado sus estudios de terapia artística y, además, su gato callejero y su cómodo apartamento en Leiderdorp lo obligan a enfrentarse al clima holandés durante un poco más de tiempo. Sin embargo, esto no le corta las alas cuando se trata de soñar. "Si plantáramos árboles frutales alrededor del mundo, todos tendríamos fruta gratis. ¿Por qué no lo hacemos? Si ese fuera el caso, no viviría en Países Bajos. Me mudaría a otro lugar y construiría mi propia casa o dormiría bajo un árbol. No me importaría; siempre y cuando la fruta sea gratuita", dice y sonríe al pensarlo. ¡Quién sabe! Quizás, en unos pocos años, lo encontremos dando sorbos a un coco en el Caribe, debajo de una palmera, con su teléfono en la mano y publicando fotografías de su última ensoñación frugívora.

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