Perdón, somos mujeres: Descubriendo la modernidad de la Mezquita Azul

Artículo publicado el 17 de Noviembre de 2010
Artículo publicado el 17 de Noviembre de 2010
Como en cualquier mezquita, los vigilantes se aseguran de que nadie ponga un pie calzado sobre suelo sagrado. Somos tres turistas: una alemana, una inglesa y una polaca, y estamos preparadas (zapatos fuera, pañuelo para el pelo) para infiltrarnos en la Mezquita Azul, eso sí: en el espacio reservado a mujeres.

¿Cuán tradicional será la mezquita más grande de Estambul? Estamos en la Mezquita Azul por primera vez, y es muy espaciosa, luminosa y relajante. Los diseños de la colorida cerámica (con fuerte presencia del azul) son muy diferentes de los mármoles barrocos que adornan las iglesias europeas, y los candelabros llenos de velas cuelgan a poca distancia del suelo, en la base de la gran cúpula, probablemente para facilitar la lectura. Más tarde nos explican que sirve para crear una atmósfera agradable y cómoda, lo cual es totalmente cierto.

Un espacio plural

"A través de los pequeños agujeros vemos a un vigilante dando el último aviso. ¿Es así cómo se ve el mundo detrás de un burka?"

Los visitantes turcos no sólo acuden a la Mezquita Azul para rezar, si no para descansar y para estar con los amigos. Algunos turistas se fotografían frente a la barandilla que separa los rezos. Turcas jóvenes y bien vestidas posan delante de la cámara, sujetando en una mano la bolsa con sus zapatos. Hay también un par de niños vestidos en dorado y blanco, pero están allí para participar en los oficios. A la hora de rezar, piden a los turistas que salgan afuera. La política de rezo es diferente en cada mezquita. Una vez nos echaron de una pequeña mezquita por cotillear a través de un cristal; en cambio, en la nueva mezquita de Eminönü los turistas pueden sentarse y mirar a los hombres orar en dirección a La Meca. Los devotos parecen estar acostumbrados al ruido de los turistas, a los guardas de seguridad y a los rezagados. Cuando vemos la señal que indica el ‘rezo sólo de mujeres’, nos ponemos de rodillas y observamos. Una pantalla de madera nos separa del resto. A través de los pequeños agujeros vemos a un vigilante dando el último aviso: “Hora del rezo, sólo para musulmanes”. ¿Es así cómo se ve el mundo detrás de un burka?

La mezquita se convierte en un sitio diferente, sin turistas. Silencio, sólo se oye el ruido de la aspiradora que limpia la sala, los pasos de los guardas y algún teléfono móvil. Parece que nadie se ha dado cuenta de que seguimos allí, pero nos sentimos intrusas. Para disimular, cogemos algunos libros y revistas religiosas de un puesto de madera y los ojeamos mientras las otras mujeres van llegando.

Al cabo de un rato, una mujer nos dice algo y vuelve a su libro. Sonreímos y asentimos, pero otra mujer anciana nos habla, y cuando ve que no sabemos responder, cambia al inglés. Nos pregunta de dónde somos y cuál es nuestra religión; sonríe mientras contestamos. “Relajáos”, nos dice, “podéis quedaros; todos creemos en un Dios”. Se ofrece a acompañarnos, nos deja unos rosarios y nos sentamos en fila. “Cuando rezamos, repetimos versos, pero la mayor parte del tiempo rezas a lo que quieres, porque todos somos diferentes. Así que di aquello que tú consideres importante”. Bajamos la cabeza, manos al pecho y empezamos el rezo, que es una secuencia de movimientos. Empiezas de pie, después te arrodillas, te agachas y tocas el suelo con la frente, y de pie otra vez. Mientras las imitamos, una mujer joven viene y nos corrige la posición de la mano con aire divertido. Mientras nos relajamos, oímos la voz del imam. Suena diferente a lo que oíamos paseando por la calle, parece como una dulce llamada lejana. Después, algunas mujeres se nos acercan y responden nuestras preguntas con entusiasmo. "Mashalla”, exclama una joven, y nos regala su rosario. Nos deja asombradas y nos sentimos privilegiadas por haber sido tan aceptadas.

¿Mujeres prohibidas?

On the Asia side of IstanbulEl guarda se aproxima y nos dice que las mujeres no pueden rezar en el centro, debajo de la cúpula, donde algunos hombres están acabando sus plegarias. Más tarde un chico turco nos explica que en general las mujeres hacen la adoración en casa, como dijo el profeta Mahoma. La ley islámica dice que los hombres y las mujeres deben estar separados durante el rezo, mientras que en otras no permiten ni siquiera la entrada a las mujeres. No obstante, parece que las cosas están cambiando. Este mismo año, el diseñador Zeynep Fadıllıoğlu, reconocido internacionalmente, presentó un diseño radical para la nueva mezquita Şakirin en Üküsdar. Sustituyendo los pequeños cuartos de las mujeres, Fadıllıoğlu diseñó un espacio igual para ambos sexos.

Hay varios hombres sentados, hablando y riendo. Hacen parecer el sitio mucho más “vivo” que una iglesia católica o protestante. Al salir, unos guías turísticas aseguran que el lugar está abierto 24 horas al día: “La mezquita es la casa de Dios”, los vagabundos pueden dormir dentro de la mezquita (una de las razones por las que están enmoquetadas). La gente angustiada puede venir a refugiarse aquí, y dicen que la policía no puede echarlos. Con un pensamiento conservador pero matizado de modernidad, las mezquita continúan asombrando.

Fotos: portada (cc) joellybaby/ Flickr; Mezquita Azul (cc) Mr. dale/ brunmarde.com; Mezquita Sakiri (cc) laurenjoyner/ Flickr