Perdone, ¿y mis derechos?

Artículo publicado el 29 de Marzo de 2016
Artículo publicado el 29 de Marzo de 2016

Con el hincapié que se está haciendo a la competencia internacional, que permite a los estudiantes y a otras personas reunir todo lo necesario para competir en el mercado laboral actual, es raro, por decirlo bonito, que si llegas a casa con más que un mero título de formación, de repente tenemos un probelma muy muy grande. 

Una de las características más obvias del siglo XXI es que los viajes y la interacción por internet han hecho posible buscar el amor fuera de nuestra comunidad local o incluso nacional, lo que en mi caso significa el rincón más oscuro en la periferia de Dinamarca: el Norte de Jutlandia. Ahora bien, uno puede viajar tanto al Sur de Jutlandia o incluso a Sudamérica para enamorarse. 

A menudo el objetivo del periodismo es defender los derechos y las voces de los otros y proteger al público del daño político y económico de gobiernos injustos. Sin embargo, debido a mi situación personal, puesto que he encontrado el amor fuera de Dinamarca, la cuestión de las leyes de reunificación familar se ha convertido en un tema personal. 

Tras haber vivido en Dinamarca toda mi vida, salvo tres periodos de largas estancias en el extranjero, me sorprendió descubrir que mi derecho como ciudadana danesa a vivir en Dinamarca con la pareja que yo elija es más complicado de lo que anticipaba. Creo, además, que este tipo de situaciones no deben de ser muy diferentes en otros países. Ya que de por sí el amor no es lo suficientemente complicado, las leyes transnacionales no facilitan nada las cosas. Me atrevería a decir que el mundo ha acogido la globalización de manera satisfactoria en muchos ámbitos, pero que los gobiernos nacionales y sus legislaciones siguen teniendo problemas para solucionar sus consecuencias humanas. Hemos sobrellevado más o menos bien la globalización económica, tecnológica, de derechos humanos, etc. pero cuando se trata de construir un sistema capaz de aceptar las consecuencias sociales y humanas de la globalización queda aún trabajo por hacer. ¿Cómo podemos crear un mundo que este preparado para esta pregunta: ¿Qué hacemos cuando las interacciones internacionales y culturales causadas por la oportunidad de viajar y las redes sociales dan lugar a personas de carne y hueso enamorándose y que quieren estar juntas??

Reconozco que, como las fronteras siguen existiendo, se deben tomar precauciones. Es necesario algún sistema que como mínimo lleve un seguimiento de quién viene y va. Sin embargo, los criterios para recibir el permiso para quedarse en Dinamarca más allá de los tres meses que da la visa Schengen son a veces difíciles de cumplir, a pesar de no ser un criminal y ser independiente económicamente. 

Pronto nos quedó claro que casarse es el camino más fácil para que aprueben el permiso de residencia. Sin embargo, como mujer danesa, libre e independiente del siglo XXI que tiene sentido de la justicia y el romanticismo, la idea de casarme por unos papeles me parece detestable. Por lo tanto, hemos decidido hacer la solicitud como pareja no casada, ya que llevamos juntos tres años. Ahora estamos intentando justificar que hemos estado viviendo juntos durante un año y medio durante visitas más prolongadas a nuestros países de origen. Quizá sea un riesgo, pero es también una pequeña forma de rebeldía contra un sistema que de alguna forma fomenta el "matrimonio forzoso".    

Además, debido a la intensa inmigración que está experimentando Europa recientemente, cuyo estatus de "crisis" alcalza unas proporciones algo desmesuradas, según mi opinión; nos han dicho que el proceso normal de solicitud de reunificación familiar suele durar de 3 a 5 meses pero ahora ha aumentado y dura de 5 a 9 meses. No es imperdonable, pero sí es preocupante, ya que mi pareja no puede trabajar en Dinamarca, y ni siquiera salir del país durante ese periodo. 

Según el gobierno, el problema con la inmigración en Dinamarca es la mala integración; pero me atrevería a decir que casarte o estar con una persona danesa es probablemente el mejor prerequisito para una integración satisfactoria en la sociedad. 

Con una solicitud de 57 páginas en proceso, solo nos queda esperar a que las personas que tienen que decidir nuestro futuro tengan piedad de nosotros, y no me destierren de mi propio país. 

Para mí, lo más molesto de todo el proceso de traer a tu pareja a Dinamarca es que alguien que no nos conoce (ni a mí, ni a mi pareja) tiene el derecho y el poder de decidir si nuestra relación es "válida", y más aún, aprobar o rechazar nuestro derecho de vivir juntos dónde nosotros queramos. Al final, y con respeto por las precauciones que tienen que tomar los gobiernos, ¿no estamos poniendo en peligro varios derechos básicos cuando se lo ponemos tan difícil a las parejas internacionales para vivir juntas? ¿Qué pasa con el derecho a la familia, movilidad y el derecho a elegir con quién compartir tu vida? Parece problemático que alguien con un conocimiento limitado sobre nuestra situación tenga tanto poder para influir en nuestro futuro.