Perroflauta, la otra #MarcaEspaña

Artículo publicado el 30 de Octubre de 2013
Artículo publicado el 30 de Octubre de 2013

Un parque cualquiera, a las afueras de una ciudad cualquiera. Comienza a caer el sol y unos jóvenes de apariencia similar, mismas ropas, cortes de pelo, expresiones y otros abalorios, se reúnen, hablan, se ríen y comparten qué ha pasado en sus últimos días con una jerga que a veces no llegas a comprender.

Esta podría ser la historia de cómo una tribu urbana marginal, antisistema, punki, macarra y contestataria se convierte en mainstream. De cómo hasta el quinceañero que cada mañana se atusa su cresta verde y la señora Puri, la anciana del quinto, están unidos casi sin saberlo. En España, país que vió nacer la fregona, el futbolín o a los Indignados que se reparten por medio mundo, también se ha creado un concepto, el Perroflauta. Surgido desde lo más profundo de las calles, desde el tugurio más underground de las urbes españolas, el clásico punki, el que eligió que la vida en una sociedad capitalista no era lo suyo y que el vagabundeo eran la máxima expresión de libertad individual, se ha convertido en bandera de todo movimiento de protesta, y aquí no hace falta llevar chupa de cuero o escuchar a los Sex Pistols, basta con no estar de acuerdo con la austeridad. O al menos así es para la derecha política del país con la segunda tasa de paro juvenil más alta de Europa, que lo usa de manera despectiva, para ridiculizar y estigmatizar cualquier protesta.

"Mejor Perroflauta que Perro policía" 

El concepto, que literalmente hace referencia al cliché del punki con un perro callejero y esa flauta, siempre vieja y sucia, que acompaña a este tipo de individuos, ha degenerado y ha unido bajo su paraguas a personas de toda índole y condición social. Punkis de la vieja escuela, ancianos que lo más transgresor que escucharon en su vida fueron los dejes de Antonio Molina, o los modernos ( aka hipsters), que aunque aborrecidos por muchos, alguna vez sienten que tienen conciencia social. El Perroflauta se ha hecho mainstream, ha saltado a los grandes medios, ha sido engullido por la postmodernidad. Como una camiseta del Che Guevara que se malvende en una centro comercial. Capitalismo de protesta, también como grupo social.

La protesta con otros acentos

El salto del Perroflauta desde las sucias aceras del Madrid combativo a los informativos en prime time, también se ha dado hacia otros países. En España no sólo se exportan ingenieros, también palabras además del binomio mortal "Fiesta/Siesta". Así, los compañeros de mar y crisis, Italia, se refieren al "Punkabbestia" para hablar del Perroflauta. Pierde dulzura y gana en potencia y radicalidad traducido a la lengua de Maquiavelo, como alguna vez lo fuera el viejo Partido Comunista Italiano. En Francia, donde el Mayo del 68 marcó un antes y un después en eso de salir a a la calle a protestar en pantalones de campana, hablan del "Punk à chien", algo así como "Punki con perro", claro, preciso, y sin pérdida etimológica del cliché, de esa dupla, casi más famosa ya que Messi y Cristiano Ronaldo. Hay que añadir que tienen para todos a la hora de hacerlo de forma despectiva, en Francia hablar de "Anar" o "Anarcho-punk" es sinónimo, todos malos para la burguesía bien pensante, aquí no se salva ni el bueno de Durruti por lo visto.

En Alemania, ese país de kebabs baratos y al que todos parecen querer imitar, al igual que la idea de paro no ha cruzado por la Puerta de Brandeburgo, minijobs mediante, el Perroflauta aún no ha pisado territorio alemán. Allí dicen "Friedensbrezel", algo así como "Lazitos de paz" , de esos deliciosos lazos que todos alguna vez hemos comido. Una versión más hippie y gastronómica para la protesta que no sé si gustará por las calles de Frankfurt, tan acostumbradas a la algarabía política.

Es posible que la crisis haya llegado a todos los rincones del continente, que las cifras del paro suban y bajen en función de según qué medidas políticas, aún así, parece que el Perroflauta es todavía un concepto que sólo tiene cabida en el imaginario colectivo español, campo de batalla del neoliberalismo y la indignación.