Petr Uhl: “La policía secreta me ofreció abandonar el país”

Artículo publicado el 20 de Junio de 2008
Artículo publicado el 20 de Junio de 2008
Estuvo en las barricadas del 68 de París y Praga, luego en Berlín oeste. Compartió sus horas en la cárcel con Václav Havel: el disidente checoslovaco pro-derechos humanos Petr Uhl mira sobre todo al futuro, a Europa.

“El trotskista de servicio y su gigantesco televisor de pantalla plana”. Esto es lo primero que se le viene a la cabeza a un joven periodista francés que trabaja en Praga cuando le comento que voy a entrevistar a Petr Uhl. En la República Checa, este antiguo disidente pro derechos humanos y publicista llama la atención. Hasta la fecha escribe tres veces a la semana una columna para Pravo, la publicación de izquierda liberal. A sus 66 años, nos está esperando con impaciencia en la puerta de su vivienda del primer piso en la Londýnská (calle de Londres) del barrio de Vinohrady, en el sudeste de la ciudad. Su mujer Anna Šabatová, cofundadora del movimiento pro derechos humanos Carta 77 y antigua suplente del Defensor del Pueblo, aún está de viaje. En la pequeña vivienda huele a ropa recién lavada. Con perfectos giros franceses y alemanes, Uhl se disculpa varias veces por la ropa que se airea colgada en las puertas: la secadora acaba de pasar a mejor vida.

Nos invita a pasar a la salita a través del estrecho pasillo, y nos enseña con un guiño el libro Mayo del 68 explicado a Sarkozy, del filósofo francés André Glucksmann, que le acaba de regalar un amigo periodista. Y allí, en la salita oscura de la casa de Petr Uhl, en esta primaveral tarde de viernes, cuelga en silencio de la pared una enorme pantalla plana, negra, llena de historias e imágenes borrosas.

©Boris Svartzman

Barricadas en París y rejas en Praga

Petr Uhl tiene historias para contar horas y horas. Sobre todo este año. Han pasado cuarenta agitados años desde aquella Primavera de Praga. Perdón: “Primavera Checoslovaca”, señala Uhl. El ilustrado ingeniero estuvo desde 1965 en París, donde aspiró el aire revolucionario de París junto a los estudiantes de la Sorbona y se rebeló contra el estalinismo. “Cuando volví a Praga, me emocioné al ver que se vendía Le Monde por tres coronas en plena Plaza de Wenceslao”, recuerda sonriente. También el 21 de agosto, cuando las tropas del Pacto de Varsovia entraron en Praga, Uhl se encontraba en París. En su país se derrumba en esos momentos el ‘socialismo con rostro humano’ de Dubček. Empieza la llamada ‘normalización’.

Pero pocos meses después, Petr Uhl conmociona también el panorama universitario praguense y funda el movimiento de la juventud revolucionaria (Hnutí Revoluční Mládeže -HRM-). “Los activistas eran sobre todo estudiantes de Humanidades. En diciembre del 68, la HRM colgó su manifiesto en la entrada de la facultad. Pero ya en abril de 1969 nos tocó entrar en la clandestinidad. Yo pertenecía a los padres fundadores de la juventud revolucionaria y tenía un papel que fue considerado por muchos –también por la policía secreta- como fundamental. Y entonces me condenaron a cuatro años de prisión”, deja caer Uhl con toda la naturalidad del mundo, hablando de esta etapa tan influyente para la Historia. También Sibylle Plogstedt, estudiante de Berlín Occidental y por aquel entonces compañera y novia de Uhl, fue procesada en 1971. Sentencia: dos años y medio. Plogstedt no soportó el terror psicológico y se exilió. Uhl se quedó hasta el final.

ČSSR-Stasi a las espaldas

Nueve años pasó el ingeniero diplomado entre rejas por sus convicciones críticas con el régimen. Ni un día menos. Junto con su mujer Anna Šabatová, con la que se casó tras su primera condena, y Václav Havel, Jiří Dienstbier y otros artistas, políticos, trabajadores, disidentes y religiosos, Uhl redactó la Carta 77, un manifiesto contra las violaciones de los derechos humanos en el ‘periodo de normalización’ de Checoslovaquia. La petición llegó a sumar 241 seguidores. Un año más tarde, se creó el Comité para la Protección de los Injustamente Perseguidos (VONS), con las consecuencias esperables: “Por el cargo que entonces llamaban ‘Amenaza a la República’, y considerado como un reincidente por trotskista, fui condenado a cinco años; Havel recibió cuatro y medio. Cuando volví a casa, los niños habían crecido de repente”, ironiza Uhl a toro pasado.

¿Nunca pensó en la emigración en su celda de aislamiento? “La policía secreta me ofreció abandonar el país. Dejé la decisión en manos de mi mujer, ella era, junto con la Carta, lo más importante de mi vida. Decidió quedarse. Me alegré. Nadie de nuestro grupo eligió la emigración”. La familia de Uhl era continuamente controlada por la policía; había un coche patrulla permanentemente ante la casa, y junto a la puerta de la vivienda se habían colocado una mesa y dos sillas. Aún así, desde la casa alquilada de los Uhl en la Anglická (Calle de Inglaterra) llegaban noticias al extranjero. Más tarde se enteró Uhl de dónde estaban los micrófonos. “Por suerte no en la cocina, donde lo hablábamos todo”. Durante los 80 trabajó con Jiří Dienstbier –“el que se sirve de la cerveza”, como le gusta recordarle a Uhl- en una empresa de calefacción a gas y carbón. Como ingeniero ya no encontraba trabajo.

“Podíamos pasarnos toda la noche tecleando y por la mañana me daba sus manuscritos. Debíamos ser muy cautelosos, pero en general sabían lo que estábamos haciendo allí, Londres y Viena llegaron a contactar con nosotros”. Con la Revolución de Terciopelo cayó en 1989 un pesado telón. El cambio fue evidente: Dienstbier se convirtió en el primer Ministro de Exteriores checo tras la caída del comunismo; Uhl pasó a ser director de la agencia de noticias checoslovaca ČTK.

Eurotrotamundos Uhl

Tras muchos años de compromiso, de enfermedad y con muchas distinciones a sus espaldas, Uhl consiguió en mayo el Premio Europeo Carlomagno, otorgado por las comunidades alemanas de los Sudetes, por su inconmovible actuación en defensa de los derechos humanos. “Ayudará a rellenar los puntos en blanco que cubren nuestra Historia común, también nuestra convivencia dentro de la Unión Europea. Esta no puede construirse sobre el secretismo y la ocultación del pasado”, escribió en su agradecimiento.