¿Petting en lugar de Pegida?

Artículo publicado el 13 de Enero de 2015
Artículo publicado el 13 de Enero de 2015

Alemania sufre la fiebre de Pegida: ciudadanos enfurecidos frente a una política que consideran demasiado blanda. ¿Por qué el debate sobre la islamofobia, a pesar de todo, es bueno para las reformas en Europa?

Alemania sale a la calle. Es extraño, no siempre somos los más rápidos cuando se trata de salir a la calle para expresar nuestra opinión. El alemán se ha vuelto comodón. En 1989 cayó el Muro durante las manifestaciones de los lunes bajo el lema Wir sind das Volk (Nosotros somos el pueblo). Ésta fue la última rebelación de los alemanes. Desde entonces, el panorama de las protestas políticas se ha vuelto más bien silencioso. Mientras que los franceses se movilizan en los bulevares parisinos por cualquier pequeñez -como ocurrió el año pasado cuando volvieron a las barricadas con la Manif pour tous contra el matrimonio homosexual-, los alemanes prefirieron continuar siendo fieles a sus mandos a distancia y siguiendo los debates de opinión en sus cajas tontas. Esto ha cambiado ahora con Pegida: toda Alemania es pegidaloca. Tanto online como offline tienen lugar cada vez más debates sobre nuestra sociedad. Eso está bien. El país necesita debates.

¿Alemania como país de Pegida?

El lunes por la tarde allí estaban de nuevo. "Dresde sigue siendo alemán". "No a la sharía en Europa". Más personas que en las manifestaciones anteriores salieron a la calle como "Europeos Patrióticos Contra la Islamización de Occidente" (Pegida, por sus siglas en alemán). Desde octubre de 2014, siempre tienen lugar este tipo de "paseos" cada lunes. Al principio eran sólo 200, pero en la del lunes de la semana pasada se presentaron 18.000 personas con carteles. Antes, la gente salía a la calle para luchar por la libertad, por los Derechos Humanos...¿Y hoy en día? Utilizan las mismas palabras ahora, de repente, para el aislamiento de Europa y para la delimitación de la política nacional para asilados y para refugiados. Y esto ocurre en Sajonia, que cuenta claramente con menos demandantes de asilo que otros estados federados y donde, según estudios actuales, la inmigración por el Estado social alemán sale rentable desde el punto de vista financiero.

Sin embargo, también han surgido movimientos de protesta desde hace algunas semanas: no se quiere dejar las calles al ciudadano enfurecido. En HamburgoColoniaBerlínMünster, más de 30.000 personas salieron a la calle el 6 de enero para manifestarse en contra de la islamofobia. En los carteles se podía leer Petting en lugar de Pegida y "Bienvenidos, refugiados". En Berlín se pudo incluso bloquear el movimiento Pegida (Bärgida), nombre que hace referencia al movimiento y al símbolo de la ciudad, el oso; la ópera Semper y la catedral de Colonia apagaron sus luces por los manifestantes; en Facebook surgió el movimiento opuesto: Tegida (Europeos Tolerantes Contra la Idiotización de Occidente). Además, más de 320.000 personas han firmado la petición #nopegida en la plataforma charge.org. Son buenas señales. Incluso Angela Merkel dedicó su discurso de año nuevo, realmente soso quitando esto, a la lucha contra la xenofobia y por la tolerancia con los refugiados en Alemania. Los ex-cancilleres Schmidt y Schröder se subieron al tren y abogaron por una Alemania abierta al mundo.

En el zoo de mascotas de los partidos de centro

Sin embargo, es cuestionable si el petting y la política blanda son actualmente mejores variantes. Los debates sobre la extranjerización, que, cocinados a fuego lento durante años, se han vuelto a reavivar en tiempos de crisis. Y no sólo en Alemania. Por toda Europa crece el escepticismo ante los estáticos partidos de centro, que sólo tendrían como objetivo el próximo éxito electoral. Esto lo demuestran resultados como el alcanzado por partidos de derecha como el Frente Nacional en Francia o el AfD en Alemania; o el alcanzado por los partidos populistas de izquierdas como Podemos, en España, o Syriza, en Grecia. Hace tiempo que ya no son fenómenos aislados, sino más bien alternativas que han calado en el centro de la sociedad.

En relación a esto, también se habla a menudo sobre una prensa engañosa políticamente correcta y las dudas sobre el funcionamiento de nuestra democracia moderna aumentan. "Ha llegado el momento de que aceptemos que ya no existe el concepto del Estado-nación étnicamente homogéneo desde hace 30 años como mínimo", explica el investigador de migración Andreas Zick, quien, junto con otros de sus compañeros, reivindica una nueva imagen de Alemania en los planes de estudio. Son señales buenas e importantes que no habrían podido empujar al discurso multicultural "de afecto" en el pasado. Precisamente, lemas como "en casa, en Alemania" sólo funcionan, desgraciadamente, durante el mundial de fútbol.

Así, es contraproducente que los que critican el Islam se hayan inclinado directamente hacia la rama de la derecha extremista. El portavoz de Pegida, Lutz Bachmann, no tiene contactos demostrables con la escena de extrema derecha, ha estado en prisión por delitos de drogas y aún continúa bajo vigilancia. Según un estudio del instituto de sondeo de opiniones Forsa, uno de cada cuatro partidarios de la izquierda participaría en las marchas de protesta contra la islamización de Alemania. Pegida es una señal, un receptáculo para los que tienen miedo o los que no están satisfechos, independientemente del color político. La dicotomía derecha-izquierda ya no funciona. Últimamente, el Frente Nacional francés se alegra del "triunfo del pueblo" en Grecia, donde el partido de izquierda popular Syriza aparece como el favorito para las próximas elecciones parlamentarias del 25 de enero. El bipartidismo se tambalea.

Además, se ha publicado en Francia la nueva novela de Michel Houellebecq, Soumission (Sumisión), que será seguramente el próximo bestseller del país tras la publicación en 2014 del libro más vendido del controvertido periodista Eric Zemmour, Le suicide français (El suicidio francés). La última novela de Houellebecq trata de la llegada al poder de un partido islamista ficticio tras la derrota electoral del Frente Nacional en el año 2022. Queda sólo en manos de la democracia ver qué pasará en 2022 en la Alemania post-Pegida y en Europa. Por eso, los debates actuales sobre la islamofobia brindan una oportunidad para participar de una vez en la política.