Pierre y Gilles : claroscuro, entre sueño y realidad

Artículo publicado el 7 de Mayo de 2017
Artículo publicado el 7 de Mayo de 2017

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

El martes 18 de abril a las ocho de la tarde, Cafébabel acudió al encuentro de los artistas Pierre Commoy y Gilles Blanchard en el Flagey (Bruselas, N. del T.). Pierre es fotógrafo, Gilles pintor; y la fusión de estas dos disciplinas en un estilo muy particular es lo que hace única su obra. 

Pierre y Gilles hacen su entrada en una sala llena de curiosos, venidos a oír las aventuras, las anécdotas y, sobre todo, la historia de estas obras tan particulares. Les acompaña Sophie Duplaix, comisaria de la exposición y jefa de conservación de las colecciones contemporáneas del Centro Pompidou. A ella corresponderá la difícil tarea de moderar el debate con los dos artistas cómplices.

Cuarenta años de pasión y trabajo  

La retrospectiva se presenta de manera inteligente: no lineal y cronológica, sino asociando obras que comparten temática y están marcadas por una influencia común. Viajamos a través de los diferentes universos creados por los artistas, que tienen el don de magnificar la realidad y navegar entre lo maravilloso y la normalidad. Los temas de la pareja son numerosos: desde pinturas mitológicas que flirtean con lo religioso, hasta obras abiertamente gays, pasando por autorretratos humorísticos. El estilo de Pierre y Gilles es a la vez intemporal y estrechamente ligado a su época. Ejemplo: la serie de obras bajo el título les Naufragés (los náufragos, N. del T.), que a primera vista muestra jóvenes dormidos. Cuando Gilles nos explica el contexto de la serie, toma otra dimensión. En efecto, las obras fueron realizadas en los años 80, años marcados para la comunidad LGBT (Lesbiana, Gay, Bisexual, Transexual) por el principio de la epidemia del SIDA. Varios de sus amigos desaparecieron en este periodo. Y nos damos cuenta de que aquellos jóvenes quizá no están sólo dormidos, sino que puede que ya no estén. Es un juego de equilibrio entre serenidad y tristeza.

Un taller diferente:

En la segunda parte, Sophie Durand nos introduce en la intimidad de Pierre y Gilles. Descubrimos su casa, que es también su taller. Un lugar a su imagen y semejanza, recargado y lleno de pequeños objetos que les sirven de decorado para sus obras. Para Pierre y Gilles, cada obra es única y se compone en función del modelo, de su personalidad. La pareja elabora todas las piezas del decorado; un conjunto de arreglos frágiles pero muy elaborados. «Somos artesanales y es algo que apreciamos», nos confía Gilles. El decorado consiste en una serie de varios planos (a veces, hasta 6 diferentes) para darle a la foto la perspectiva necesaria, como en el teatro. Pierre hace la foto y luego Gilles pinta encima. Su objetivo es que no se vea la pintura, que se funda con la obra. Las dos formas artísticas se mezclan y forman un todo. Finalmente, son indisociables la una de la otra.

Otras obras marcan este encuentro salpicado de notas de humor y autoderrisión. Un ejemplo es el retrato de Stromae, para el que construyeron el decorado en función de su camisa; camisa que Stromae insistía en llevar en la foto. Los artistas tuvieron que adaptar su idea de partida y realizaron u retrato que gira en torno a la camisa. «Una suerte, la camisa...», suelta Pierre con humor. Para ellos, todo comienza siempre con un detalle, y sobre él se construye la obra.

Caracterizado por la saturación de colores, un efecto algo kitsch y el eterno azul-blanco-rojo, el trabajo de la pareja es inconfundible. Este encuentro nos ha adentrado por completo en el mundo de Pierre y Gilles, un mundo feérico pero teñido de tristeza y fragilidad. Como el espejo del mundo que nos rodea, sus obras nos maravillan y nos conmueven. Podéis descubrir su exposición hasta el 14 de mayo en el Museo de Ixelles. ¿A qué estáis esperando?