Pippo Delbono: “¿Italia? Una realidad teatralmente muerta”

Artículo publicado el 22 de Abril de 2007
Artículo publicado el 22 de Abril de 2007

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El actor y director italiano de Liguria nos habla de su teatro, en el que suben a escena niños con síndrome de Down e indigentes rehabilitados. “Cultura es trabajar para las próximas generaciones, no para las próximas elecciones”, insiste.

En la Cámara de los Diputados los hombres sólo pueden entrar con traje de chaqueta. Él, sin embargo, entra con una chaqueta vaquera sin más. Algo normal cuando se es Pippo Delbono, el actor y director que desde hace años pone en escena un teatro que sorprende por la elección de los actores: muchos profesionales, pero también personas que han vivido en un sanatorio, artistas callejeros, indigentes rehabilitados, cantantes de rock, un niño con síndrome de Down, etc. Un teatro, el de Delbono, que establece la diversidad como modus operando inquebrantable. Vamos a charlar de teatro, de diversidad, de locura, de la “cultura que nos salvará del vacío”, como le gusta decir.

Desear lo imposible

¿Cuál es la clave del trabajo de Delbono? La cultura, a secas. Aquella que sirve para “ayudar a la gente a vivir mejor. Cultura es preguntarse para qué hemos nacido, por qué morimos y por qué existimos. Cultura es cambiar la manera de ver el mundo. Parafraseando a Pasolini, la cultura es desear lo imposible.” En una Italia donde a menudo la cultura está a merced de los cambios electorales, “cultura”, explica Delbono, “es trabajar para las próximas generaciones, no para las próximas elecciones. En Italia hay un vacío cultural, así que nos adherimos a cualquier iniciativa que nos prometa la vida eterna para colmar ese vacío”. Hace alusión, casi imperceptiblemente, al papel de la religión. Sin embargo, Delbono critica también la gestión del patrimonio cultural, a pesar de que Italia tenga el patrimonio más vasto del mundo: “El nuestro es un país que sabe conservar pero no renovar”.

“¿Los directores de teatro italiano? Pegados al sillón”

En cuanto al teatro local, Delbono dice que se trabaja mejor en el extranjero. “En Italia tenemos teatros muy bellos del siglo XIX que, sin embargo, dificultan la posibilidad de representar teatro de danza, de poesía, de visiones. Aquí se representan sólo los grandes textos clásicos. Sólo tenemos teatro tradicional y las estructuras arquitectónicas son poco hospitalarias con la diversificación”. No sólo eso: los puestos los ocupan siempre los mismos. “Los directores de teatro italiano están pegados con Super Glue a sus sillas de director. Un obstáculo para la renovación. Se necesitan formas directivas diferentes, personas extranjeras que aporten aires nuevos, es necesario romper el muro italiano de una realidad cultural que no me da reparo definir como teatralmente muerta”.

De las cárceles sudamericanas a los palcos escénicos europeos

Delbono, hoy por hoy muy apreciado en Italia, siempre ha tenido la vista puesta en el extranjero también para huir de la esterilidad de la realidad italiana. De hecho, el director escénico ha trabajado con el actor argentino, Pepe Robledo, con el grupo Farfa dirigido por Iben Nagel Rasmussen en Dinamarca y con la coreógrafa alemana Pina Bausch en el espectáculo Wuppertaler Tanztheater. El insitito lo ha llevado a Oriente, donde aprovecho para profundizar las técnicas de actor-bailarín en India, China y en Bali. También sus películas son un guiño a la internacionalidad. Ha ganado un premio David de Donatello con Guerra, mejor largometraje documental, filmado durante su gira en Israel y Palestina entre diciembre de 2002 y Enero de 2003. Hace veinte años, la gira de su primer espectáculo, Il tempo degli assassini, pasó por teatros, cárceles y pequeños pueblos sudamericanos. Desde entonces, ha tenido una sucesión de éxitos nacionales e internacionales. Éxitos que Delbono recoge sin renunciar nunca a su interés por el mundo de las personas marginadas. Todo lo contrario.

El teatro de Delbono es un teatro que utiliza ciudadanos extracomunitarios, indigentes rehabilitados, enfermos mentales, personas con limitaciones…, como, por ejemplo, Bobò, que ha vivido durante cincuenta años en el sanatorio de Nápoles: “Después de haber trabajado con ellos, no tolero que se vea a las personas socialmente ‘difíciles’ con otros ojos. Las personas diferentes que trabajan conmigo me han abierto los ojos a su mundo. Se han convertido en las protagonistas de mi trayectoria, son personajes que van de gira por todas las grandes capitales europeas con mis espectáculos. Es la prueba de que la diversidad puede funcionar como instrumento fundamental de apertura cultural”. “En Moscú”, explica Delbono, “me decían que ¡allí los niños con síndrome de Down los tenían encerrados!” En un de mis espectáculos, en cambio, hay un niño con síndrome de Down que cierra el espectáculo con una sonrisa, nadie lo hubiera hecho mejor: en él veo la luz de Buda”.

CONOCE EL TEATRO DE PIPPO DELBONO

Échele un vistazo a este vídeo con algunos fragmentos extraídos de Questo buio feroce (y lea la crítica), un espectáculo basado en el libro autobiográfico del escritor estadounidense Harold Brodkey, víctima del SIDA, donde cuenta los últimos años de su vida.