Plan D, de democracia

Artículo publicado el 9 de Agosto de 2005
Artículo publicado el 9 de Agosto de 2005

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

El Consejo europeo quiere darse un año de pausa para posponer, una vez más, ese “plan D” que Europa ansía desde hace 15 años.

Tuvo que ser muy bueno el vino servido el 16 de junio pasado durante la cena del Consejo europeo en Bruselas. Y es que la decisión de “proseguir” con el proceso de ratificación de la Constitución europea ha adoptado un carácter surrealista. Sobre todo tras el “non” francés, el “nee” holandés y el “wait and see” británico.

Los electores no desean una Europa así

Las incoherencias no se detienen ahí. Los Jefes de Estado y de Gobierno decidieron darse una pausa, un “tiempo de reflexión” de un año que en realidad no será respetado ya que algunos países van a organizar referendos, empezando por Luxemburgo.

En realidad, Europa no necesita pausas, pues hace un tiempo que no avanza; exactamente desde 1992 y la cumbre de Maastricht: el euro, la PESC, la cooperación judicial, los avances más importantes de estos últimos años se decidieron entonces. Ahora, mientras nos detenemos a reflexionar, el resto del mundo avanza y Europa entera se hunde sin remedio en una crisis demográfica, social y económica.

Sería muy fácil esconderse tras el argumento de la voz del pueblo: “Los electores no están listos para emprender una huída hacia delante”. Sería una falsa argumentación, pues franceses y holandeses no han rechazado Europa en tanto proyecto de futuro, sino a una Europa a la que le cuesta entrar en el siglo XXI.

Asamblea constituyente

A este fin, el Sr. Juncker tiene razón al proponer un plan D, no ya para el “Diálogo y el Debate”, sino para más “Democracia”. Pero a tal propuesta le hacen falta medios reales, y no los improvisados durante una “cena de idiotas” como la del Consejo de Bruselas. Europa debe retomar la confianza de sus ciudadanos mediante las urnas. Puesto que los europeos quieren una Europa que se les asemeje, démosle la oportunidad de moldearla a su imagen y semejanza eligiendo una asamblea constituyente. Esta asamblea tendría por misión la de redactar un verdadero proyecto de constitución, y sus miembros habrán sido elegidos con esa finalidad, de modo que harán campaña para defender su visión del continente. Dicha campaña se vería animada por movimientos políticos y medios de comunicación transnacionales. El texto redactado se sometería a un referéndum para todos los países en un mismo día. Este es el plan D que hace falta; respondería a la triple exigencia de diálogo, debate y democracia que muchos europeos expresan, y que permitiría además a Europa dejar de ser el rehén de las diplomacias nacionales cuyas divergencias se explayan en cada cumbre.

Para salir de la crisis, Europa requiere de voluntad para ir hacia delante. Nada de “pausas”.