Planta nuclear en Finlandia como si nada

Artículo publicado el 8 de Febrero de 2008
Artículo publicado el 8 de Febrero de 2008
“Cuando le pregunto al gobierno iraní qué piensa hacer con el uranio enriquecido, nunca obtengo respuesta”, declaró míster PESC, Javier Solana, el 30 de enero. Mientras Irán espera que occidente le ayude a construir plantas de energía nuclear, nosotros tomamos un desvío hacia Finlandia.

Se pueden divisar las hileras de vides en la distancia. Flanqueadas por bosques densos, la vegetación, de un intenso verde, emerge de la tierra bajo un despejado cielo azul. Sopla el aire con suavidad. Ni que estuviéramos en Francia. Sobre las vides se proyectan las sombras de dos imponentes estructuras de granito y varias altas grúas rojas. No se trata, en efecto, de la campiña bordelesa, sino Olkiluoto, la mayor planta nuclear de Finlandia, y estas vides producen vino con uvas calentadas con el agua refrigerante residual de la planta. Por lo general pruebo cualquier tipo de vino, pero hoy haremos una excepción.

Apoyo entusiasta y festivo

“¡Por supuesto que no lo vendemos!”, me aclara enseguida Ollie-Pekke Luhti, oficial de medioambiente de la planta que me mira como si hubiera dicho algo absurdo cuando pregunto por la producción. “Es para las fiestas de nuestra plantilla”, sonríe; “producimos alrededor de unos 600 galones al año (2.271 litros)”. Eso da para muchas fiestas. Y en verdad que la plantilla en Olkiluoto tiene mucho que celebrar. Hace cinco años, el gobierno finlandés dio el visto bueno para la construcción de una tercera planta de última generación, nombrada Olkiluoto 3. Será el primer reactor nuclear construido en Europa desde el desastre de Chernobil y la opinión pública finlandesa está sorprendentemente a favor de su construcción.

“La gente de Finlandia apoya la energía nuclear porque nosotros no ocultamos nada aquí”, asegura radiante Anneli Nikula, vicepresidenta de comunicaciones, la insólita cara amable del debate pro-nuclear en el país. Se asemeja a una dulce abuelita en su traje de chaqueta color pastel con su sonrisa acogedora. Momentos después, en una bata de laboratorio y un casco de seguridad, se encuentra de pie señalando los contenedores de residuos nucleares que se encuentran abajo. Cualquier crítica la descarta con un endurecido semblante. Muy culta y con una gran energía, se le reconoce ser la fuerza motora tras los recientes avances nucleares de Finlandia.

Diseño finlandés y limpieza aparente

Las centrales nucleares no son lugares hermosos. Remota y aislada, Olkiluoto se alza sobre una isla en la costa oeste, pero ni siquiera los abetos que han plantado alrededor de ella pueden ocultar su enorme tamaño. Sólo el nuevo reactor abarca de por sí un área de 27 estadios de fútbol. Es difícil hacer que un gigantesco reactor nuclear resulte atractivo, y los ingenieros lo han hecho lo mejor que han podido, usando madera de roble para los acabados del nuevo y reluciente centro para visitantes. Por lo demás, el moderno diseño finlandés puede poco para tapar las imponentes estructuras rojas setenteras que se encuentran detrás. No hay ventanas. No hay ruido. Nada de enormes chimeneas humeantes como en la planta de Los Simpson en Springfield. En efecto, uno de los principales argumentos a favor de la energía nuclear es la ausencia de emisiones de carbono que produce esta forma de electricidad. Sólo queda la pequeña cuestión de los peligrosos residuos radioactivos. Pero eso también lo tienen ya resuelto en la actualidad.

El debate sobre los residuos fue la principal polémica cuando se expusieron las preocupaciones sobre la construcción de Olkiluoto 3. Las negras charcas de los alrededores son sólo un vertedero temporal para las miles de toneladas de residuos producidos por los dos reactores ya existentes. El número 3 añadirá aún más a ello. Sólo quedaba una solución. “Los residuos están enterrados aquí abajo”, continúa explicando Nikula, mientras bajamos por un empinado túnel subterráneo en un autobús directo desde la planta. Medio kilómetro bajo los cimientos examinamos los contenedores de cobre rellenos de residuos nucleares altamente reactivos. Un tablón informativo y algo propagandístico pende las paredes grises. “SE HA BLOQUEADO EL ACCESO DE LAS SUSTANCIAS RADIOACTIVAS A LA NATURALEZA”, explica. “LA RADIOACTIVIDAD DE LOS RESIDUOS DESAPARECE RELATIVMENTE PRONTO”. Añadiendo por último: “DENTRO DE UNOS CUANTOS SIGLOS”.

¡Venga esa copa de vino!

Otra vez sobre la faz de la tierra se nos pide que cada uno llevemos un pequeño detector de radiación mientras nos abrimos paso por los sinuosos corredores e infinitas escaleras del edificio del reactor. La seguridad en la entrada es rigurosa, pero una vez dentro, el personal se mueve de un lado a otro sobre pequeños triciclos negros, como curris de Fraggle Rock a tamaño humano. El interior de la planta es una madeja de cañerías y cierres, señales de peligro amarillas y bidones de acero. Todo el mundo lleva idénticas batas blancas y cascos azules, con calcetines verdes cubriendo sus zapatos. Estoy un poco nerviosa pero no sabría decir por qué. Olkiluoto tiene desde luego un impresionante historial de seguridad, pero algo sobre la energía nuclear me tiene intranquila, y me encuentro a mi misma mirando de soslayo repetidamente a mi detector de radiación, que se mantiene en un tranquilizador 0.000 durante todo el tour.

Cuando nos vamos, cada uno debemos desfilar a través de una enorme máquina plateada, presionando nuestros cuerpos contra un panel que detecta cualquier posible exposición a la radiación. Una pantalla informática parpadea a cada escaneo. “Sin contaminación”, repite en una voz mecánica de ordenador. Para cuando cuelgo mi casco, creo que sí podría tomarme esa copa de vino después de todo.

Observe nuestro mapa

Fotos: 3º reactor en construcción (foto, Angela Steen); Anneli Nikula (foto, Angela Steen); Como Fraggle Rocks (foto, Angela Steen); No problem (foto, Angela Steen)