"Pobre pero sexy": ¿Vender Berlín a cualquier precio?

Artículo publicado el 1 de Agosto de 2014
Artículo publicado el 1 de Agosto de 2014

"Po­bres, pero aun así sexis". La de­cla­ra­ción de Klaus Wo­we­reit en no­viem­bre de 2003 en la re­vis­ta Focus se con­vir­tió r en es­lo­gan para Ber­lín. Prin­ci­pal área de tra­ba­jo en Eu­ro­pa, orien­ta­da hacia el fu­tu­ro, la ca­pi­tal ale­ma­na es una ciu­dad mo­der­na «ac­tual». Sin embargo, su imagen está formada sobre todo por su historia. Un pasado que se vende a precio de oro. 

París. Ciu­dad de la luz, ca­pi­tal de la moda. Ro­mán­ti­ca o bohe­mia, la ca­pi­tal fran­ce­sa evoca al mundo la ima­gen de una ciu­dad mí­ti­ca. París es la torre Eif­fel, el Arco del Triun­fo, Mont­mar­tre, los bu­le­va­res ideados por Haussmann. Es el París de Vic­tor Hugo, el de Zola. Se com­pran pe­que­ñas to­rres Eif­fel o imá­ge­nes de Notre Dame. Lo que París vende al mundo es una his­to­ria mi­le­na­ria. Las ca­pi­ta­les eu­ro­peas a me­nu­do ob­tie­nen su ima­gen de marca por su pa­tri­mo­nio. Con gran can­ti­dad de re­pro­duc­cio­nes de toda clase, de ca­mi­se­tas y de pos­ta­les, las gran­des ciu­da­des ela­bo­ran su iden­ti­dad a tra­vés de su his­to­ria. De esta forma, Roma está li­ga­da al Co­li­seo, Lon­dres al Big BenAte­nas al Pan­teón. El pa­tri­mo­nio, ya sea ar­qui­tec­tu­ral, cul­tu­ral o na­tu­ral, vende. 

UN PA­SA­DO RE­CIEN­TE Y OS­CU­rO SA­BIA­MEN­TE EX­PLO­TA­DO.

Ber­lín no es una ex­cep­ción. Y sobre todo por­que la ciu­dad está pro­fun­da­men­te mar­ca­da por la his­to­ria. Tea­tro de nu­me­ro­sos even­tos im­por­tan­tes del siglo pa­sa­do, Ber­lín con­ser­va las hue­llas in­crus­ta­das en sus muros. Sin em­bar­go, lejos de su­frir este pa­sa­do re­cien­te y a me­nu­do os­cu­ro, Ber­lín ha sa­bi­do apro­piár­se­lo y ex­plo­tar­lo para verse fa­vo­re­ci­da. 

Del es­pec­ta­cu­lar Me­mo­rial del Ho­lo­caus­to al espacio denominado "To­po­gra­fía de los Te­rro­res", pa­san­do por el Museo Judío o in­clu­so el menos co­no­ci­do –más dis­cre­to- mo­nu­men­to de­di­ca­do a los gi­ta­nos víc­ti­mas del na­zis­mo, la se­gun­da gue­rra mun­dial es uno de los ar­gu­men­tos de venta de la ca­pi­tal ale­ma­na. El ter­cer Reich, la So­lu­ción Final, los bom­bar­deos,de 1933 a 1945... todos los en­gra­na­jes del con­flic­to más mor­tal del siglo XX pa­sa­ron por la criba, fue­ron con­ta­dos y ana­li­za­dos. Así, la ciu­dad está sal­pi­ca­da de mo­nu­men­tos a los fa­lle­ci­dos, ho­me­na­jes a todas las víc­ti­mas de esta gue­rra. 

Pero es sin duda de la Gue­rra Fría de la que Ber­lín saca el mayor pro­ve­cho para ven­der su ima­gen. La larga se­pa­ra­ción de la ciu­dad y su reuni­fi­ca­ción for­man parte in­te­gran­te de su iden­ti­dad. Las imá­ge­nes del Muro y sobre todo las de su caída han dado la vuel­ta al mundo. Ese muro al que mu­chos de­no­mi­na­ban Muro de la vergüenza hace la for­tu­na de la ca­pi­tal. Re­cons­truc­ción de una his­to­ria com­ple­ja, el East Side Ga­llery quie­re ser tes­ti­go de la eu­fo­ria que si­guió a la caída del Muro. Aquí y allá hay tro­zos del Muro co­lo­ca­dos en la ciu­dad, acom­pa­ña­dos de un car­tel ex­pli­ca­ti­vo, que hacen fe­li­ces a los tu­ris­tas que posan de­lan­te de esta de­co­ra­ción mi­ti­fi­ca­da. En las tien­das de sou­ve­nirs, re­pro­duc­cio­nes o fotos de pin­tu­ras del East Side Ga­llery e in­clu­so "ver­da­de­ros tro­zos del Muro con cer­ti­fi­ca­do de au­ten­ti­ci­dad" que se los qui­tan de las manos. 

UNA HIS­TO­RIA PO­LÍ­TI­CA Y PO­LI­TI­ZA­DA 

El Muro no es el único sou­ve­nir de la gue­rra fría que se vende en Ber­lín. Más sutil, menos mar­ca­do di­rec­ta­men­te por la his­to­ria, encontramos al Am­pel­mann. Este pe­que­ño pea­tón de se­má­fo­ro del ex Ber­lín Este está a par­tir de ahora en má­xi­ma de­ca­den­cia, desde la pasta alimenticia a los pendientes, lo vemos en cal­ce­ti­nes, decorando las tazas y hasta en las fundas para el iP­ho­ne. La marca re­gis­tra­da ha crea­do in­clu­so el equi­va­len­te fe­me­nino de la es­tre­lla ber­li­ne­sa: Am­pel­frau. Sur­fean­do sobre la ten­den­cia vin­ta­ge y sobre la "Os­tal­gie" ("nostalgia del Este"), los sím­bo­los y la cul­tu­ra de la ex RDA (Re­pú­bli­ca de­mo­crá­ti­ca ale­ma­na) han sido re­to­ma­dos y re­pro­du­ci­dos de nuevo para mayor de­lei­te de los tu­ris­tas. El  Tra­bant, coche tí­pi­co de la RDA, se vende bajo todas sus for­mas e in­clu­so se al­qui­la para dar una vuel­ta a través de  Trabi World.

Pero la "RDA-Ma­nía", este en­tu­sias­mo nos­tál­gi­co sa­bia­men­te ex­plo­ta­do para pro­mo­ver la ima­gen de la ciu­dad, debe que­dar­se en unos lí­mi­tes pre­ci­sos, unos lí­mi­tes de na­tu­ra­le­za cla­ra­men­te más ideo­ló­gi­cos. Las imá­ge­nes de la Puer­ta de Brandemburgo, del cas­ti­llo de Char­lot­ten­burg o in­clu­so de la ave­ni­da Unter den Lin­den -todos sím­bo­los de la glo­rio­sa época pru­sia­na- con­tri­bu­yen tam­bién a ela­bo­rar la ima­gen de la ca­pi­tal ale­ma­na. En cam­bio, la ima­gen del Pa­last der Re­pu­blik de­ja­rá de apa­re­cer entre los sou­ve­nirs con los que se iden­ti­fi­ca a la ciu­dad. Cen­tro cul­tu­ral más vi­si­ta­do de la Ale­ma­nia so­cia­lis­ta, sede de la Cá­ma­ra del Pue­blo, fue des­trui­do en 2006, a pesar de la gran po­lé­mi­ca que sacudió a la clase po­lí­ti­ca ale­ma­na. Como para bo­rrar de­fi­ni­ti­va­men­te de la me­mo­ria ber­li­ne­sa este epi­so­dio de su pa­sa­do, se de­ci­dió re­cons­truir en la plaza el an­ti­guo Stadt­schloss, re­si­den­cia de los Hohen­zo­llern hasta la caída del im­pe­rio ale­mán en 1918, des­trui­do en 1950

Salta a la vista que la ca­pi­tal ale­ma­na ha sa­bi­do re­mar­ca­ble­men­te uti­li­zar y ven­der a su favor su his­to­ria re­cien­te. In­clu­so si esto sig­ni­fi­ca a veces tomar ata­jos con la his­to­ria.