Polański : «Estuve a punto de ser un actor cualquiera»

Artículo publicado el 10 de Diciembre de 2013
Artículo publicado el 10 de Diciembre de 2013

Cuan­do se le pre­gun­ta por sus re­cuer­dos, Roman Polański es hom­bre de pocas pa­la­bras. Sin em­bar­go, el pa­sa­do 19 de no­viem­bre el ci­neas­ta  fran­co-po­lo­nés no dudó en par­ti­ci­par en una con­fe­ren­cia ti­tu­la­da "In­fan­cia per­di­da, in­fan­cia en­con­tra­da" den­tro del fes­ti­val de cine po­la­co Ki­no­pols­ka 2013.

El pia­nis­ta es su obra maes­tra ¿con­tie­ne  mu­chos re­cuer­dos de su in­fan­cia?

Roman Po­lańs­ki: fue una buena oca­sión para uti­li­zar al­gu­nas ex­pe­rien­cias que viví en aque­lla época. La en­tra­da de los ale­ma­nes en la pe­lí­cu­la es exac­ta­men­te como la viví con mi padre. El pri­mer pe­río­do con mi madre a Var­so­via no fue muy largo, pero duró al menos va­rias se­ma­nas. Si que­réis más re­cuer­dos, está tam­bién la es­ce­na en la que Sz­pil­man in­ten­ta agu­je­rear una lata de pe­pi­ni­llos. Cuan­do te­nía­mos ham­bre, mi madre iba a bus­car co­mi­da entre las rui­nas. Una vez, trajo azú­car que en­con­tró por el suelo. Lo di­lu­yó en agua ca­lien­te y lo coló con un trapo para se­parar­lo de la arena. En otra oca­sión llegó con una lata enor­me de pe­pi­ni­llos. Estába­mos en­can­ta­dos por­que tam­po­co te­nía­mos agua. El sabor de aquél pri­mer pe­pi­ni­llo fue in­creí­ble. Por eso peen­sé en aquel mo­men­to para re­pro­du­cir la es­ce­na.

¿En qué mo­men­to de­cic­dió hacer cine?

Roman Po­lans­ki: creo que la ma­yo­ría de las cosas en esta vida, y en el uni­ver­so, pasan por evo­lu­ción. Me acuer­do de los mo­men­tos im­por­tan­tes y de los malos, cuan­do es­ta­ba en el co­le­gio al co­mien­zo de la gue­rra. Re­cuer­do el epi­dias­co­pio (ins­tru­men­to que sirve para pro­yec­tar imá­ge­nes). Me fas­ci­nó, aquel apa­ra­to me fas­ci­nó. Des­pués llegó el se­gun­do año de la ocu­pa­ción. Es­tá­ba­mos ya den­tro del gueto y había un muro con alam­bre de es­pino. A tra­vés del alam­bre veía­mos una plaza donde por la tarde, los ale­ma­nes pro­yec­ta­ban pe­lí­cu­las en su hora libre. Cada se­ma­na po­nían una nueva y no­so­tros, de­trás del alam­bre, mi­rá­ba­mos las pe­lí­cu­las ale­ma­nas. Era nues­tro cine del gueto. Tuve el ter­cer en­cuen­tro con el cine cuan­do un chico que co­no­cía me en­se­ñó un pe­que­ño pro­yec­tor que tenía. Había tro­ci­tos de pe­lí­cu­la que du­ra­ban como unos 30 se­gun­dos. Le su­pli­qué al cha­val que me pro­yec­ta­se las imá­ge­nes sobre la toa­lla del cuar­to de baño, pero me costó todos mis se­llos. A esas tres oca­si­noes les si­guió la época de Cra­co­via en la que iba a cines con las pa­re­des lle­nas de gra­fi­tis que de­cían "sólo los cer­dos van al cine"

Usted entró en la Es­cue­la Na­cio­nal de Cine de Łódź de forma to­tal­men­te na­tu­ral pero, ¿no quiso nunca rea­li­zar otros es­tu­dios?

Roman Po­lańs­ki: real­men­te, tenía ganas de en­trar en esa es­cue­la de cine, pero jamás soñé que me fue­ran a ad­mi­tir. Des­pués de la gue­rra cons­truí una radio de ga­le­na (apa­ra­to pri­mi­ti­vo de ra­dio­te­le­gra­fía). Es­ta­ba bas­tan­te ma­ra­vi­lla­do por todas las téc­ni­cas, por todo lo que podía hacer con mis manos. In­ten­té cons­truir un epi­dias­co­pio con di­fe­ren­tes cajas y len­tes que en­con­tra­ba entre los desechos. Más tarde, en­con­tré una ga­le­na y pude fa­bri­car un pe­que­ño ar­ti­lu­gio. Un día, los pro­pie­ta­rios de una radio in­vi­ta­ron a los niños a in­ter­ve­nir. Evi­den­te­men­te, fui di­rec­to. Des­pués de pe­dir­me opi­nión acer­ca de aque­llas ac­tua­cio­nes, que en­con­tré muy poco na­tu­ra­les, me pre­gun­ta­ron si podía ha­cer­lo mejor, a lo que res­pon­dí: "desde luego". Con aque­lla edad aun era más arro­gan­te que ahora, es nor­mal, y como era un buen scout había pre­pa­ra­do unos mo­nó­lo­gos que apren­dí en los cam­pos. Em­pe­cé con uno de ellos y me con­tra­ta­ron. Y así es como em­pe­zó todo.​Cuan­do ter­mi­né el ins­ti­tu­to pensé en en­trar en la es­cue­la de ac­to­res, pero jamás en esa es­cue­la de cine tan ex­tre­ma­da­men­te ex­clu­si­va. No me acep­ta­ron en nin­gu­na es­cue­la de ac­to­res, y gra­cias a Dios, por­que ahora pro­ba­ble­men­te sería actor en algún pe­que­ño tea­tro de Byd­goszcz (una pe­que­ña ciu­dad al cen­tro de Po­lo­nia). Es­ta­ba de­ses­pe­ra­do y pedí ayuda a uno de mis pro­fe­so­res. '¿Por qué no prue­bas con la es­cue­la de cine, que es lo que de ver­dad quie­res hacer?', me dijo. 'No ten­drás nin­gu­na opor­tu­ni­dad si no lo in­ten­tas'. Lo in­ten­té y mira, aquí estoy ahora".

Pa­la­bras re­co­gi­das por Ka­tarzy­na Pia­se­cka en la con­fe­ren­cia de pren­sa.

Pro­gra­ma del fes­ti­val Ki­no­pols­ka 2013.