Política Europea de seguridad y Defensa (PESD): la perspectiva británica

Artículo publicado el 31 de Marzo de 2003
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Artículo publicado el 31 de Marzo de 2003

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La actual crisis sobre Irak demuestra más que nunca cuán difícil será tener una “voz europea”.

Mientras sus gobiernos rompen filas sobre Irak, los ciudadanos europeos se mantienen unidos por el espectáculo más inmediato, los concursos televisivos de entretenimiento. “The weakest link”, un programa británico en el que un equipo de participantes expulsa a la persona que consideran ha sido la más estúpida de cada ronda, - el vínculo más débil del título- ha sido adaptado y exportado a la mayoría del continente. Así mientras Tony Blair fracasa en su propósito de convencer a alguien en Europa de que la guerra en Irak es una buena idea, mientras Donald Rumsfeld afirma que América no lo necesita de ningún modo, Blair debe sentir una conspiración del mismo tipo de la que perciben los perdedores del concurso. Para el primer ministro de un país que todavía se recuerda rigiendo los devenires del mundo debe ser humillante.

Gran Bretaña parece estar actualmente en posiciones periféricas en lo que a política de seguridad y defensa se refiere. Europa entera está en un apuro al respecto. La Unión Europea tiene una posición común sobre cómo debería ser una guerra en Irak, pero ¿puede alguien recordar cuál es? La política europea de seguridad y defensa (PESD) obliga a los estados miembros a “apoyar la política exterior y de seguridad de la Unión activamente y sin reservas en un espíritu de lealtad y solidaridad mutuas”, pero la mayoría de ellos están demasiado ocupados discutiendo en la ONU y la OTAN para prestar alguna atención a todo esto. Países como Francia y Alemania no sólo se muestran en desacuerdo con la posición pro-bélica británica, también están ofendidos por la falta de “lealtad y solidaridad mutuas” que exponen. ¿Es la PESD insignificante para el gobierno británico?

Cosas distintas para gobiernos distintos

El problema con la PESD, como con la mayoría de las políticas europeas es que pueden significar cosas distintas para gobiernos distintos -y todos pueden estar en lo cierto. Su tortuoso proceso no intenta infringir la soberanía de nadie u ofender su neutralidad, además permite tomar decisiones colectivas. Las variadas interpretaciones del ámbito y propósito de la PESD dependen de dos elementos: política interior y opinión pública, además de la ideología. ¿Qué nos dice todo esto sobre la perspectiva británica en la PESD?

Primero, debemos aclarar que la ideología dominante en la política de seguridad y defensa del Reino Unido es el neorrealismo. El neorrealismo describe un sistema internacional en el que los estados soberanos compiten usando la fuerza (militar o económica) más allá de sus propios intereses. Los británicos son conscientes de que el mundo está regido por fuerzas mayores, ya que así lo solían regir ellos. Tienen recuerdos de grandeza, y ahora no basta con ser relativamente importantes. Su fuerte alianza con la hegemonía mundial del momento, América, representa tanto un deseo de estar del lado de los ganadores, como un compromiso con la creencia de que tanto los intereses del Reino Unido como los del resto de Europa están mejor representados por la alianza con América. No sólo mejor representados sino que estarían debilitados en caso de enfrentamiento con los estadounidenses. La ideología reinante en el Reino Unido es un poco más matizada que la simple defensa realista de los intereses propios: también involucra una profunda creencia arraigada en el valor del multilateralismo y la cooperación como un mecanismo proactivo para solucionar problemas. En el caso de no ser así, ¿por qué Blair se hubiera preocupado por persuadir a Bush de acudir a la ONU en primer lugar?

Por supuesto que es la alianza con América, más que el compromiso al multilateralismo, lo que está creando una posición británica ambigua hacia la PESD. La alianza transatlántica toma forma en la OTAN, y la lealtad del gobierno británico a ella es tan famosa como irritante para algunos de sus colegas de la Unión Europea. Pero esta lealtad no supone de hecho en Gran Bretaña problema ideológico alguno hacia la PESD. Quiere mantener tanta soberanía como sea posible, tal y como lo hacen en general otros Estados de pensamiento neorrealista como Francia. Esto es aplicable a todas las políticas de la Unión Europea, no sólo en lo referente a la seguridad. El Reino Unido, por lo tanto, aboga fuertemente por la política de lo subsidiario, esto es, que nada debería hacerse a escala europea a menos que no pueda hacerse en cualquier otro sitio. ¿Si no por qué, por ejemplo, necesitaría la Unión Europea incluir una cláusula de defensa mutua en la PESD (tal es la propuesta de Francia y Alemania) cuando todos sus miembros no neutrales están cubiertos por el artículo 5 de OTAN? ¿Por qué querría la Unión Europea interferir en las políticas nacionales cuando éstas están mejor llevadas por los gobiernos nacionales?

Bien, este último comentario no está ni siquiera en la agenda todavía. Esto no impide a los euroescépticos preocuparse al respecto. Guste o no guste, son los escépticos los que tienden a fijar la agenda en la opinión pública del Reino Unido. Los ciudadanos británicos están en realidad más preocupados por la protección de su soberanía que por la interacción europea. ¿Porqué necesitamos un ejército europeo, preguntan, cuando ya tenemos uno perfectamente válido? Los franceses pueden pensar que un ejército de todos los europeos sería algo de lo que estar orgullosos- pero entonces los franceses siguieron lanzando eurodiputados sobre Bruselas y Estrasburgo una vez al mes por motivo de orgullo en su caro, y por otro lado inútil, edificio parlamentario. ¿Qué bien hace todo esto a Europa?

Gran Bretaña, un aliado atractivo

El hecho es que la opinión pública británica no es pronorteamericana del mismo modo que otras muchas del resto de Europa. Es frustrante pensar que todavía confiaríamos en los Estados Unidos para sacarnos de una guerra civil, pero el desarrollo de la capacidad defensiva para rivalizar con la OTAN de América no es, según la opinión británica una opción realista. El Reino Unido es el país que mayores gastos militares tiene en toda Europa, y aunque un reciente documento político del ministerio de defensa (MDD) reconoce que por muy relevantes que sean las fuerzas del Reino Unido, no son suficientes para emprender nada mayor que la primera (y todavía única) guerra del golfo. La otra opción es reducir la defensa y depender por completo de los acuerdos internacionales y las instituciones- pero ningún gobierno europeo iría, de hecho, tan lejos.

El término medio, por supuesto, en palabras del MDD, es “mejorar la capacidad europea de reacción en tiempos de crisis”. Esta crisis puede ser una amenaza convencional, un desastre humanitario o una necesidad para operaciones pacificadoras: la clave es mas bien que las capacidades europeas necesitan mejorarse. Cada vez nos falta la tecnología o los niveles de gasto militar para defendernos con efectividad en el caso de tener que hacerlo- no podemos si quiera intervenir en operaciones de relativa pequeña escala, como en Kosovo, sin la ayuda de Estados Unidos.

Desde la perspectiva del Reino Unido la mejoría en la defensa y seguridad podría significar el mutuo y equilibrado fortalecimiento de las capacidades de la OTAN y la UE. Si no es así, los esfuerzos militares de ambas organizaciones encontrarán dificultades. Tan sólo hay que fijarse en el reciente intento por parte de Francia, Alemania y Bélgica para llevar a cabo una posición conjunta de la UE y la OTAN – a favor de la paz y evitando una “lógica de guerra”, hasta el punto de no prestarse a defender a un aliado. De hecho ellos parten la alianza por la mitad. Esto no hace de Europa un aliado atractivo con el que trabajar. Y como podemos ver de la reciente crisis en Naciones Unidas, si no somos aliados atractivos con los que trabajar, los Estados Unidos harán lo que quieran sin nosotros.

Tres soluciones posibles

Existen tres soluciones posibles para la PESD. La primera consiste en que Europa construya capacidades con la OTAN, logística y políticamente, y ambas fuerzas se debiliten, tratando y fracasando en el intento de mantenerse a la altura de Estados Unidos. La segunda salida es que la Unión Europea se especialice en la salvaguarda de la paz, convirtiéndose en expertos en labores humanitarias y construcciones nacionales, que está convirtiéndose en la razón de ser de su política exterior en general. Se podría coordinar con los Estados Unidos a través de la OTAN, pero haciendo más hincapié en la búsqueda de la paz. Es posible imaginar que la mayoría de la opinión pública Europea estuviera orgullosa de tal postura. Pero Gran Bretaña tiene un largo historial de envíos de tropas al exterior para fijar la agenda mundial: el orgullo nacional en misiones humanitarias no iguala la fuerza del sentimiento que todavía existe a favor de un ejercito fuerte y de la voz dominante y global que trae consigo.

La tercera solución es que tanto la OTAN como la UE se vean fortalecidas por la PESD, haciendo de Europa un actor global comparable con cualquiera, libre de dedicarse a la pacificación si así lo desea, pero también capaz de hacer escuchar su voz en América. La visión de Tony Blair sobre el Reino Unido es la de una posición central, de puente entre Europa y América que haga esto posible. Pero no puede hacerlo sólo. Únicamente funciona si el resto de Europa tira a su lado para construir las capacidades europeas y de la OTAN de forma igualitaria. Trabajo en equipo en una atmósfera de desconfianza y propósitos de competencia- sonará familiar a espectadores desde España hasta Escandinavia. ¿Será Gran Bretaña la ganadora o el vínculo más débil?