Políticos y cigarrillos: la osadía de ser fumadores

Artículo publicado el 19 de Abril de 2012
Artículo publicado el 19 de Abril de 2012
En la estación de tren, en el trabajo, de marcha por la noche e incluso en casa… “Al final, el que fume se va a tener que ir al océano Atlántico”, declaraba hace poco el presidente del gobierno español, Mariano Rajoy. Fumar mata. Y mata incluso en el sentido político: los políticos no pueden permitirse el lujo de ser poco claros sobre esto.
He aquí una breve descripción del panorama europeo en relación con las prácticas políticas fumadoras y no fumadoras.

Una losa ha caído sobre las cabezas de los fumadores de alquitrán. El cigarro ya no está de moda entre los políticos. ¿Que acusan al presidente francés Sarkozy de haber bebido un poco más de la cuenta en el encuentro del G8 con Vladimir Putin? No pasa nada, así pasamos un buen rato con el vídeo. ¿Que Hollande, candidato socialista a las elecciones presidenciales francesas, se da un homenaje frente a las cámaras con un desayuno a base de “fiambre-filete de buey-queso” cuando, desde 2007, no paran de escucharse mensajes del tipo “por tu salud, evita las comidas demasiado grasas, demasiado dulces, demasiado saladas”? No pasa nada, lo calificarán de vividor y campechano.

Marine Le Pen, ¿única candidata fumadora?

Dejemos de lado los escándalos político-financieros y los delitos sexuales perdonados: parece que los políticos solo quieren dar ejemplo a través del tabaco, siempre con la complicidad de los periodistas. ¿Y qué ocurre en época electoral? La cosa empeora. De sobra es conocido que varios candidatos fuman un cigarrillo tras otro. Como Jean-Luc Mélenchon, que en su página web electoral confiesa “fumar un poco demasiado” en un intento de acercamiento a los electores.

Marine Le Pen ha sido la única que ha podido ser fotografiada fumándose un pitillo, aunque en los medios “oficiales” no haya ni rastro de la foto. El periódico Libération se atreve tímidamente a afirmar que “la jefa fuma”, pero es para demonizar mejor a la candidata de la extrema derecha en un reportaje sobre sus oficinas electorales. El tabaco, tema tabú.

El último cigarro de Chirac

Otros tiemposEn realidad, los políticos son unos personajes públicos más: controlan su imagen pública y filtran los aspectos de su vida privada que quieren que sepa todo el mundo. Y los paparazzi les siguen el juego. Aun así, cuando una foto sale a la luz, ¡horror! ¿Carla Bruni-Sarkozycazada “por sorpresa” fumando? El consenso de lo “tabacológicamente” correcto está tan presente que la imagen resulta chocante. Por suerte para nuestros ojos poco acostumbrados, han tapado el cigarro. Estamos salvados. Bertrand Delanoë, alcalde de París, no correrá la misma suerte: su cigarro es bien visible, orgulloso, provocador, insostenible bajo un título donde hay que leer entre líneas: “Bertrand Delanoë fumando hasta en un entierro”. Será imbécil.

Turno del pobre Jacques Chirac, cuya fotografía cigarro en mano no pudo convertirse en portada de sus memorias en 2009. De hecho, este visionario ya había dejado de lado la nicotina en 1988, tras su segunda derrota en las presidenciales, constatando el fracaso de su imagen de “francés cualquiera”: puede que Chirac no sea un buen ejemplo para ese adolescente que duda si dar su primera calada o no, pero sí lo es para la clase política francesa. ¿Qué Primer Ministro sacaría en 2012 su paquete de tabaco en plena entrevista para encenderse un cigarrillo emulando a Pompidou en 1962? El hecho conocido de que José Luis Zapaterosea fumador ocasional no ayudó a que su ley antitabaco fuera vista con buenos ojos en enero de 2011: los resultados, más por dar ejemplo que por pudor, dictan que es mejor no fumar, y sin embargo Chirac nunca ha dejado de lado su Corona: su dependencia a la cerveza resulta hasta simpática.

Churchill y los recalcitrantes

Una cierta idea de clase

Winston Churchill, por el contario, nunca dejó de fumar puros: la lucha antitabaco no puede plantarle cara a la impronta de la Historia y a ese halo de icono mítico. Varios son los políticos que jamás han dejado de ser dependientes del tabaco hasta el punto de hacer de ello su imagen de marca. Santiago Carillo, que dirigió el Partido Comunista Español desde 1960 hasta 1982, no salía nunca sin su cigarro, ni siquiera en los platós de televisión, espirando volutas que reivindicaban una cierta libertad de pensamiento. El mismo tipo de lujo que también podía permitirse Helmut Schmidt, figura histórica del Partido socialdemócrata alemán quien, con 93 años, aún sigue fumando, incluso en el hospital.

Y su cigarro en los labiosEn Italia todo el mundo sabe que Pier Luigi Bersani, secretario general del Partito Democrático (centro-izquierda), fuma puros: es un hombre que proviene del pueblo llano y esto no hace más que recordárnoslo. Lo contrario le ocurría al canciller alemán Gerhard Schröder, cuya afición por los exclusivos puros Cohiba le convirtió en el adalid de una izquierda sin complejos desde el punto de vista monetario, aun a riesgo de convertirse en el centro de las críticas. Nicolas Sarkozy, por su parte, evita fumar puros últimamente, aunque ello no sea suficiente para que dejen de acusarle de ser el “presidente de los ricos”, sobre todo después de que regalaran 12.000 euros en puros a un miembro del gobierno a cuenta del Estado, escándalo que salió a la luz pública en 2010.

Otros tiempos, otras costumbres. Lech Walesa fumaba cigarros mentolados durante sus mítines y la mesa redonda de 1989, que anunciaba la vuelta de las elecciones libres, es famosa por sus espesas nubes de humo que envolvían la sala de negociaciones. 20 años más tarde se subastaban los ceniceros del Parlamento mientras que Walesa hace tiempo que ya no fuma. A la libertad conquistada le ha seguido la prohibición de fumar para el homo politicus. Que no se disgusten los abanderados de la libertad de fumar, antes no era forzosamente mejor. La sanidad pública es quisquillosa pero no está prohibido alegrarse de que pocos políticos fumen en público, aunque sea por razones equivocadas. Un pequeño esfuerzo más y dejará de ser indecente pedirles que dejen sus orgías.

Fotos: portada © Falk Steinborn ; Texte : Chirac (cc) quicheisinsane/flickr, Bersani (cc) scorcidemocratici-torino2010/flickr, Churchill (cc) johnmcnab/flickr, Churchill (une) (cc) Leo Reynolds/flickr ; Vídeo (cc) igreka/YouTube