“Politizando los vientres” en Polonia

Artículo publicado el 8 de Febrero de 2007
Artículo publicado el 8 de Febrero de 2007
En la primavera de 2006, la Liga de las familias polacas, formación ultracatólica presente en el gobierno, anunció su intención de inscribir el derecho a la vida “desde su concepción” en la Constitución. La polémica está servida.

Los años noventa marcaron en Polonia el inicio de una larga campaña de restricción del acceso al aborto, libre y gratuito durante el periodo comunista.

En 1993, se aprobó la ley sobre planificación familiar, aún en vigor. En ella se protegía jurídicamente al feto y se limitaba el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo. La ley sólo la autoriza en tres supuestos: embarazo por causa de violación, por causa de incesto o si existe un riesgo para la salud de la madre o malformación del feto.

En la primavera pasada, la Liga polaca de las Familias (LFP), la extrema derecha polaca presente en el gobierno, echó más madera al fuego al proponer sus diputados la modificación del artículo 38 de la constitución e inscribir la protección del derecho a la vida “desde su concepción”. Desde entonces, el debate no ha dejado de hacer estragos entre la opinión pública.

Una demanda interpuesta en febrero de 2006 ante la Corte Europea de los Derechos Humanos (CEDH) de Estrasburgo puso en tela de juicio el discurso de los Pro-Vida: la demandante, una invidente polaca, había sido forzada de hecho por la ley a proseguir con su embarazo sabiendo que sufría una miopía progresiva y galopante.

Se sabe que la ridícula cifra de abortos en los hospitales públicos [193 en 2004, 225 en 2005] se justifica mdiante el recurso oportunista de ciertos médicos polacos a la “cláusula de conciencia”.

Por otro lado, la La federación de Planificación familiar de Varsovia estima que entre 80.000 y 200.000 operaciones se practican cada año de manera ilegal, en consultas privadas en las que médicos poco escrupulosos callan su conciencia por el equivalente de un salario mensual. “Si cayera embarazada contra mi voluntad, tendría que elegir con toda probabilidad entre abandonar Polonia o arriesgar mi vida”, nos sugiere Anna, de 32 años y militante de Planificación familiar.

¿Para la familia o para la mujer?

En Varsovia, la prohibición del aborto tiene una dimensión religiosa pero también pragmática. En efecto, en Polonia, los indicadores demográficos está en números rojos y la natalidad ha bajado de modo espectacular. Animadas por el gobierno conservador de los hermanos Kaczynski, se han alzado muchas voces para recordar que la maternidad, vocación natural y fundamental de la mujer, es también un deber social.

“¿Pór qué limitar nuestras posibilidades de tener y educar a nuestros hijos?”, se preguntan las intervinientes en el Foro de las mujeres polacas el Día de la Mujer en 2005. Elbieta Kruk, miembro del partido de derechas PiS (Derecho y Justicia), opina que “los progresos en los derechos de la mujer deben provenir de un reconocimiento colectivo de su deber de maternidad y de educar a una familia. En Varsovia, “politizar los vientres” se ha convertido en el credo de los antiabortistas.

Mientras tanto, muchas polacas perciben este conservadurismo rampante como una amenaza personal. “¡Asusta ver a esta gente de la Liga polaca de las familias (LPR) o del PiS -hombres, en su mayoría– querer arrogarse el derecho de decidir por los demás!, exclama Patrycja, una socióloga de 28 años.

Un vientre más político

Los activistas en favor del derecho al aborto siguen coreando sus consignas: “Nuestro cuerpo, nuestro derecho” o “Mi vientre es mío”. Sin embargo, parecen menos movilizados. En Polonia, esta visión individualista no es la más compartida. Muchos juzgan, según los preceptos de la Iglesia Católica, que el bien común es superior al interés individual. Según un estudio del instituto polaco CBOS, publicado en noviembre de 2006, el 44% de los polacos se mostraba favorbale al derecho a abortar en 2006. Un año antes lo hacía el 57%.

¿En el nombre de las madres?

La voz de la Iglesia, aunque influyente, no parece ser la más decisiva. Oposición al aborto en nombre del feto, desprecio de la causa femenina o visión retrógrada de la pareja y de la familia: son principios que caracterizan la postura de la Iglesia y que cada vez tienen menos eco entre la población. Es más, parece estar surgiendo un cierto hartazgo en relación al tema del aborto. Fruto de un debate que viene de muy lejos, la cuestión del aborto termina por decidirse siempre entre las sombras de los pasillos políticos. También según el instituto CBOS, un 42% de los Polacos pensaban que la interrupción voluntaria del embarazo era un “problema importante pero secundario”.

“Hay más estudiantes que hayan participado en la manisfetación contra Maciej Gierty [ministro polaco de Educación y miembro de la Liga polaca de las familias] en septiembre de 2006 que mujeres en la última protesta contra el endurecimiento de la legislación contra el aborto, deplora Anna, que ha decidido acudir a las manifestaciones organizadas por las feministas confiando así sensibilizar a sus compatriotas. “Sin embargo, la sociedad ya no reacciona”, se lamenta.

La poca movilización de los últimos años, demuestra que no habrá revolución en el terreno de la interrupción voluntaria del embarazao en Polonia: los grandes discursos o las manifestaciones llamativas corren el riesgo, muy al contrario, de reforzar la tendencia conservadora y suscitar aún más reformas restrictivas.

“Lo que desean los militantes de la liberalización del aborto es legítimo”, dice Marta, miembro del colectivo femisnista Oka, “pero lo que toca ahora es concentrarse en un trabajo de base”. Si la lengua es capaz de moldear pensamiento, aún habrá que esperar mucho tiempo para ver liberalizado el aborto en Polonia. De hecho, el polaco sólo conoce una manera de decir “embrión”: “ser que nacerá”.

Polonia: muchas mujeres acuden al aborto clandestino

Tres preguntas a Wanda Nowicka, directora de la Federación para la causa de la Mujer y la planificación de la Familia.

¿Cuál es el principal problema para las mujeres que deciden practicar el aborto?

Los médicos en Polonia establecen barreras de acceso muy grandes a las solicitudes legales de interrupción del embarazo, lo cual se confirma en las estadísticas oficiales. No desean interrumpir legalmente un embarazo, ya que en los hospitales públicos prefieren jugar el papel de personas de gran rectitud moral, conduciéndose de acuerdo a su conciencia. Al mismo tiempo, realizan abortos en la clandestinidad por dinero, práctica que se encuentra muy extendida. La mujer no tiene dónde presentar sus reclamaciones, en el caso en que el médico rechace la solicitud. Habiendo ya pasado por este martirio, renuncia o se dirige a los clandestinos.

¿La Iglesia Católica tiene influencia en el trato social del aborto?

La Iglesia no sólo toma la palabra, sino que juega un papel muy importante, ya que la prohibición del aborto en 1993 fue realizada en Polonia bajo enormes presiones de la Iglesia, que también vigila para que de ninguna manera se facilite el acceso a la anticoncepción y siempre protesta contra todo intento de educación sexual en la escuela.

¿Las mujeres en Polonia abortan a menudo en otros países, en donde es legal?

Algunas mujeres lo hacen, pero desde nuestro punto de vista, una parte importante de las mujeres acude al aborto clandestino en Polonia, ante todo por motivos de facilidad y cercanía, y porque es más barato. Las polacas viajan en situaciones determinadas, sobre todo quienes viven cerca de la frontera y tienen contacto con los países vecinos. Son comúnmente personas muy pudientes y educadas, para quienes no es ningún problema encontrar en Internet clínicas en Holanda y junto a esto, algún viaje de recreo.

Traducción: Kasia Ortiz