Polonia-Alemania: Productos nazis al otro lado de la frontera

Artículo publicado el 9 de Septiembre de 2009
Artículo publicado el 9 de Septiembre de 2009

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En Alemania es un delito y en Polonia está totalmente permitido. En los mercados fronterizos se venden condecoraciones de las SS, cruces gamadas, camisetas con simbología de extrema derecha y por supuesto, su música. Polonia es el mayor productor europeo de propaganda de extrema derecha, aminado por una ley permisiva

Deutsche Wut (‘Rabia alemana’), es el logo que aparece en las camisetas que se venden en un mercado de la ciudad polaca de Custrin del Oder. Al lado, aparecen soldados del ejército alemán, Wehrmachtsoldaten, de los años 1921 a 1945. Otras camisetas llevan impresas las cabezas cortadas de miembros de las SS, y otras están adornadas con los mensajes del grupo de música de extrema derecha Landser. A cinco euros la pieza. “Esta es ropa para adolescentes”, asegura Marian Kalicki, propietario de uno de estos puestos. Afirma no tener ni idea de que Landser ha sido la primera banda musical en Alemania declarada organización criminal por el tribunal Federal o que encarcelaron durante tres días al líder de la banda por atentado a la autoridad. 

©Marcin RogozinskiUn hombre de un puesto vecino vende ropa falsificada de la marca Thor Steinar. En Alemania, es un símbolo en ambientes de extrema derecha. Las protestas de los ciudadanos en Fráncfort del Óder, llevaron en abril de 2008 al cierre de una de sus tiendas en la plaza de la estación. El vendedor de Custrin no quiere saber nada de eso y da la bienvenida a los nuevos clientes del otro lado del Óder. Algo así siente el propietario de un kiosco próximo que vende discos y deuvedés: expone sin tapujos los álbumes de Landser titulados Rock Gegen Oben (‘Rock contra el sistema’) y Das Reich kommt wieder (‘El Reich volverá’), al lado de discos de música tradicional sajona.

Originales e imitaciones nazis

Ambas carátulas están ilustradas con imágenes de soldados listos para la batalla. Un cedé cuesta doce euros. “Los productos ilegales son caros”, afirma el vendedor mientras sin vacilar un cedé de Lansder. Las provocadoras canciones llegan hasta las tiendas de Boguslaw. Desde hace seis años vende distintivos de las SS, esvásticas y bustos de Hitler. Polonia es el mayor productor europeo de objetos históricos e imitados de la época nazi.

La mayoría de los clientes llegan de Alemania del este. La policía alemana confisca a menudo objetos con símbolos prohibidos. La prensa polaca informa sobre naves de producción en Breslau, de donde han salido miles de imitaciones de condecoraciones nacionalsocialistas. Solo en Polonia occidental, existen dos textiles que fabrican en exclusiva uniformes nazis. En julio de 2008, el ministro del interior de Brandenburgo, Jörg Schönbohm (CDU), pidió al gobierno polaco que parara la producción y el comercio de objetos nazi.

©zokete/flickr

Sin embargo, las cosas no han cambiado mucho desde entonces. “La policía ha efectuado controles, pero la fiscalía no ha realizado ninguna investigación”, afirma Artur Chorazy, portavoz de la policía de Gorzów. Señala a las leyes polacas: en Polonia no está prohibida la distribución o venta de propaganda nazi, sino su difusión por motivos políticos. Los juristas afirman la existencia de lagunas en el sistema jurídico polaco.

Aprobación muda

“No habría que culpar a las leyes, sino a la complaciencia muda de la sociedad”, explica Marcin Kornak, de la asociación antifascista Nigdy Więcej (en español, Nunca más) en Varsovia. En su opinión, ni los políticos, ni los ciudadanos ni la policía quieren ver el problema. “Nuestro país es el centro logístico e ideológico del movimiento neonazi en Europa. La organización terrorista Combat18 ha basado aquí su centro de producción”. La ultraderecha distribuye su periódico Stormer en la región del Vístula, organizan conciertos y reuniones, trabajan en sus estudios de música. Construyen explosivos, como con el que intentaron atentar contra en el centro judío de Múnich en 2003, que la policía abortó a tiempo. 

A pesar de todo, no hay consciencia del problema que supone el crecimiento de la extrema derecha en Polonia, confirma también el catedrático Krzsztof Podemski, sociólogo de la Universidad de Poznan. “A veces se asume que no vale la pena analizar o investigar los ambientes de extrema derecha”, admite. Es por eso que no existen estadísticas fiables del número de ataques cometidos por la extrema derecha. Desde 1987, la asociación polaca Marcin Kornak ha registrado 2.500 incidentes, incluyendo 50 muertes, datos que no pueden ser confirmados por los organismos oficiales. 

Las autoridades locales pretenden no saber qué se vende en los mercados de sus municipios. “No entiendo mucho de música”, expone Bartlomiej Bartczak, alcalde de Gubin, en la Baja Lusacia polaca. “Cuando los comerciantes sean conscientes de que se trata de contenidos nazis, sus conductas serán condenadas moralmente. Es el deber de nuestros legisladores”. 

Del corresponsal de n-ost Marcin Rogozinski