Polonia-Rusia: ¿el partido se juega sobre el vodka?

Artículo publicado el 17 de Septiembre de 2012
Artículo publicado el 17 de Septiembre de 2012
Que a los polacos no les gusta tener de vecinos a alemanes y rusos no es para nada una novedad. La historia explica el porqué. Sin embargo, sobre la base de las históricas rivalidades fronterizas, se han construido nuevos objetos de contención quizá menos objetivos pero seguramente más simbólicos: uno de ellos es la paternidad del vodka, reivindicada con orgullo tanto por rusos como por polacos.
La solución al enigma, directa desde Varsovia, podría finalmente aplacar los espíritusen ebullición.

El gobierno polaco temía que se desencadenaran choques el día en que los rusos festejaban la caída de la URSS.“¡Bienvenidos a Varsovia hermanos rusos! ¡Que les jodan a los políticos, vamos a beber vodka esta noche!”: este es el eslogan que ondeaba sobre el puente Poniatowski durante la víspera del partido de la Eurocopa entre Polonia y Rusia el pasado mes de junio. Una pena que la política no se mantuviera fuera del juego y que los choques entre las aficiones opuestas fueran tan duros.

“Sacar de paseo por la ciudad los símbolos del comunismo aun sabiendo que la ley polaca lo prohibe, —me cuenta Mateus, de 21 años y aficionado del Legia de Varsovia— significa no tener respeto por quien te acoge. Y con los rusos esto no es una novedad”. Pero ¿estamos seguros de que el vodka pondría de acuerdo a las dos partes? No tanto. La cuestión de la patente del destilado, de hecho, parece ser una de tantas sobre las que los dos países se enfrentan siempre. ¿Acaso no has oído nunca hablar de las Vodka Wars?

El vodka en Polonia: cambian los hábitos

Que los polacos están orgullosos del vodka es indudable: “Nuestro vodka es seguramente mejor que el ruso —afirma Karol Szynkowski, gerente de un conocido bar de vodka establecido en el interior de la vieja destilería Koneser, en el barrio de Praga, situado en la orilla derecha del Vístula—. Es inútil negarlo, las materias primas aquí se pueden beneficiar de un clima más templado y el resultado es mejor. En Rusia hace demasiado frío para obtener un buen producto”. Él, como casi todas las personas con las que me he encontrado en Varsovia, solo bebe vodka polaco. Y se enorgullece de hacerlo.

El gerente del bar de vodka Koneser, que no bebe vodka ruso, asegura que el producido en Polonia es mejor. ¿Orgullo o prejuicio?

A pesar de que beber el agüita —ese es el significado literal del término vodka— forma parte de la vida cotidiana de un polaco —pensad que, aunque no sin suscitar polémicas, hay un bar incluso dentro del parlamento—, es difícil negar que la moda occidental está poniendo a prueba las antiguas costumbres. ¿Os imaginaríais a alguno de los modernos que ahora pueblan el centro de Varsovia bebiendo tragos de vodka, uno tras otro? No. Y de hecho ahí están sentados con las piernas cruzadas dando vueltas delicadamente a una copa de vino tinto.

La cartografía polaca del consumo de vodka confirma la tendencia. Vino y cerveza conquistan progresivamente los hábitos en el centro de las grandes ciudades, mientras que en la periferia y en las zonas rurales el vodka es aún el indiscutible dominador. “En el centro es más fácil encontrar un perrito caliente a las cuatro de la mañana que una botella de vodka congelada —me dice Andrzej, estudiante de 21 años—, mientras que en la periferia, como por ejemplo en el barrio de Praga, ocurre todo lo contrario”.

Descenso de los ingresos hospitalarios

¿Que el vodka está pasado de moda? Es demasiado pronto para decirlo, pero lo que sí es cierto, me confirma Karol, es que los jóvenes consumen menos vodka blanco y que “ya no beben las viejas marcas, aquellas aún legadas al periodo comunista”. Incluso aunque cuesten menos.

Eso no quita que el vodka sea siempre bienvenido cuando hay que celebrar un evento importante y que las mesas de los típicos bares-restaurantes, abiertos las 24 horas y en los que los platos tradicionales polacos se acompañan con tragos de vodka, estén llenos de gente hasta las cuatro de la mañana (y más allá). Ver para creer.

Estos típicos locales en los cuales se come para continuar bebiendo vodka están siempre abiertos. La última vez que tomamos un trago era de día.

También charlando con la sonriente Elzbieta Kossakowska, directora de la S.O.D.O.N. de Varsovia (una clínica pública polaca que acoge y trata a los alcohólicos), tengo la confirmación del descenso en el consumo del vodka: “Hemos detectado que desde hace unos años los ingresos son en su mayoría debidos a la mezcla de cerveza y vino”. Ingresos que, consultando las cifras de la clínica, “han disminuido en casi tres mil unidades en el último año”. ¿Podemos pensar que bebiendo menos vodka se reduce el riesgo de alcoholismo y los comportamientos violentos?

Rusia: la nación del vodka

La respuesta a la anterior pregunta es afirmativa. Lo descubro hablando de lo que sucede en Rusia con el director polaco Jerry Sladkowsky, autor, entre otros, del documental Vodka factory, en el que se denuncia la triste herida de las mujeres rusas, a menudo abandonadas y maltratadas por sus maridos alcoholizados y violentos. Escuchando sus palabras, que alternan desprecio y admiración por el pueblo ruso, me convenzo de que “el vodka en Rusia está realmente en todas partes”, mucho más que en Polonia: “Beber vodka es un acto estrechamente unido al modo de ser de un ruso, a su naturaleza. Es un peculiar sentimiento nostálgico el que empuja a los rusos a beber continuamente, el sentimiento de no sentirse adaptados, el deseo de volver al pasado o, más precisamente, la conciencia de que su pueblo ya no es capaz de influenciar en el destino del mundo”.

Tras los cuatro años pasados en Rusia, es un observador atento y apasionado de la política, historia y sociedad rusas. Es además un gran entendido en vodka.

Cuando me cuenta que “si en Rusia se sientan tres personas en un restaurante, les llevan a la mesa tres botellas de vodka” y cuando él mismo, un polaco, me confía con voz firme y segura que “no hay discusión: el vodka ruso es el mejor del mundo”, siento que mi investigación está llegando a su fin. Rusia es la nación del vodka. Con todos sus pros y sus contras.

Ahora quiero que sea la historia quien me dé la confirmación definitiva. Por desgracia, mi carácter de indómito cronista, dispuesto a experimentar el sentido más profundo de la experiencia alcohólica, no me ha permitido encontrarme personalmente con el historiador y experto en vodka Andrzej Trześniewski, a causa de un fuerte dolor de cabeza.

“Na zdrowie!”

Debido a que la pregunta era fundamental, se la he hecho por correo electrónico: “¿Quién inventó el vodka?”. Y aquí está su respuesta: “La técnica de destilación de los cereales fue perfeccionada en el siglo XII. Este método no viene seguramente de Rusia, ni tampoco de Polonia, porque los dos países, en aquella época, no estaban lo suficientemente desarrollados como para implementarlas”. Ni vencedores ni vencidos, finalmente. ¡Y lo descubro ahora! La única diferencia entre las dos naciones es que, mientras que en Polonia la producción estaba controlada por la potente aristocracia terrateniente, en Rusia estaba en manos del gobierno que invirtió en su desarrollo, confiando el cuidado al ilustre científico Dmitri Ivanovich Mendeleev y transformando el vodka en un importante negocio para el país.

Ahora, después de haber curioseado para descubrir qué queda de aquel negocio y tras haberme dado cuenta de que las marcas más vendidas en el mundo no son ni rusas ni polacas —aun siendo las mejores—, entiendo por qué aquí (y allí) todos tenían ganas de tomarse un trago... o demasiados. Na zdrowie!

Este artículo forma parte de Multikulti on the Ground 2011-2012, una serie de reportajes sobre el multiculturalismo realizados por cafebabel.com en toda Europa. Nuestro agradecimiento al equipo de cafebabel Varsovia.

Fotos: portada, (cc) nick_rock/Flickr; texto, © Eric Lluent. Vídeos: "Wodka Wars", VbSdotTv/YouTube; “Medio litro de vodka en 20 segundos”, muskular27/YouTube; "Vodka Factory", Hotdocfest/YouTube.