Polonia, viaje gratis hacia Dios

Artículo publicado el 6 de Mayo de 2005
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Artículo publicado el 6 de Mayo de 2005

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Sesenta años después de la guerra, judíos y ortodoxos vuelven a poblar las calles de una pequeña ciudad polaca. Vienen desde todo el mundo para conmemorar la muerte de su respetado zadik Elemenech Weissblum, fallecido en Lezajsk en 1787.

Polonia, Lezajsk, marzo de 2005. La grava rechina bajo el paso apresurado de Chaim Weisfishs al subir la colina en direccion al mausoleo, dejando atrás las latas con donaciones provenientes de Estados Unidos e Israel. Tal y como esta prescrito, se lava brevemente tres veces las manos en una palangana provisional antes de reunirse con los otros hombres en la parte central de la cámara funeraria. Es el 21 de Adar en el calendario judío, y el momento exacto de la muerte del santo zadik Elemenech Weissblum: dia de peregrinacion hacia el este de Polonia para los jasidos ultra-ortodoxos.

¿Tenéis dos horas?, le habia preguntado en Jerusalén su guía de viaje. Chaim se encuentra ahora en una habitación iluminada con tubos de neón azulados en medio de hombres con sombreros y abrigos negros. Los bucles a los lados del rostro se balancean con el movimiento de su cuerpo –hacia alante y hacia detrás-. Las oraciones del Talmud resuenan sin sincronía contra las paredes desnudas. De vez en cuando, el sonido de un móvil irrumpe entre las voces de los orantes y alguien grita con ojos luminosos al otro lado del mundo: ¡Sí, ya he llegado, es fantástico!

Conversación con Elemenech

Los jasidos creen que el alma de un muerto vuelve el dia del fallecimiento al lugar donde se enterró el cuerpo. Por eso, desde 1787 la gente peregrina a Lezajsk para expresar sus preocupaciones en una conversación con el alma del zadik Elemenech. El alma del zaddik funciona como intermediario entre el fiel y Dios. Para un zadik, es un honor ponerse en contacto directo con Dios, explica Ben Stern de Nueva York. Por eso es tan importante rezar aquí en este día. Un trozo de papel con deseos se arroja tras la oración sobre la lápida del zadik. El brindará salud a la familia, éxito en el trabajo y seguridad en el reino de lo espiritual.

El nacimiento del jasidismo comenzó con una catástrofe. En 1648, hordas de cosacos mataron durante una batalla por la independencia de Polonia a 300.000 judíos en la Galicia polaca. También se destruyeron sinagogas, jeshiwas (escuelas judías) y bibliotecas, aniquilando así un centro de vida cultural y espiritual. Con ello, a las comunidades empobrecidas les fue imposible estudiar la Torá y el Talmud para acercarse a Dios, tal y como lo prescribe la religión judaica. El fundador del jasidismo, Baal Shem Tov (1689?-1760) colmó este vacío espiritual al reconocer que Dios estaba en todos los lugares y que la experiencia religiosa también se podía suplir con oraciones, cantos y danzas en comunidad. Este pensamiento llegó al corazón de los judíos empobrecidos de Galicia, que redescubrieron con ello su religión y su cultura. En poco tiempo, los carismáticos zadiks reunieron a muchos fieles. A finales de siglo XVIII, los jasidos se establecieron en Galicia.

Historias del Schtetl

Antes de la guerra Lezajsk era un típico Schtetl (pueblo de jasidos) gallego. De sus 5.000 habitantes, 3.000 eran judíos. El abuelo de Greg Stein, de Amberes, era uno de ellos. A él le pertenecía entonces una manzana entera de casas en la plaza del Mercado. Su nieto, que ha vuelto por primera vez a sus raíces, ha encontrado sin dificultades las casas nada más llegar. Todo sigue siendo tal y como le había contado su abuelo, que nunca más regresó. Demasiados recuerdos dolorosos están enterrados bajo esta tierra como para poder pisar de nuevo suelo polaco. A muchos supervivientes del holocausto les falta esa fuerza. La generación siguiente, sin embargo, tiene la curiosidad de descubrir la tierra de sus antepasados, ya que no han vivido la guerra y sólo tienen en la cabeza los relatos de los ancianos. Greg Stein le da la espalda a la cámara funeraria y observa pensativo la ciudad. “Aquí”, y planta como un estandarte su pie en la nieve, como si quisiera tomar posesión oficial del suelo que pisa, “aquí se junta el pasado espiritual con un judaismo nuevo y emprendedor, que es consciente de la necesidad de redescubrir sus raíces en Polonia”, declara con firmeza en la voz. Más tarde, visitará otras poblaciones judías de los alrededores. No sólo para mostrar presencia en un país en el que ya sólo quedan 10.000 de los 3 millones de judíos que antes vivían allí: esta vez será él quien le cuente a su abuelo historias de Galicia.