Polonia: visita turística al comunismo

Artículo publicado el 25 de Octubre de 2006
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Artículo publicado el 25 de Octubre de 2006
Michal Ostrowski, un joven empresario de Cracovia, se gana el dinero ofreciendo originales visitas guiadas a lo comunista.

Es irremplazable el mal olor y el ruido que dejan dos Trabis y un viejo Fiat 125 polaco a al pasar por delante de la universidad en el centro de Cracovia. El conductor del Fiat polaco saluda en inglés a un grupo de gente que espera en la calle: “Hola. Soy Michal Ostrowski, pero me podéis llamar el Loco Mike. Hoy seré vuestro guía. Bienvenidos a Cracovia”.

Esta mañana, los alumnos de la ciudad alemana de Mainz que acaban de finalizar un curso de verano de idiomas en Cracovia son los invitados a esta “loca visita guiada” a lo comunista. Mike nos presenta al conductor del Trabis: “Este es Kuba, otro tío que está como una regadera”. Montados en las dos antiguallas del Este y con los neumáticos chirriando nos dirigimos al barrio de Nowa Hutta, que significa “nuevo refugio”. Una muestra del paso de los comunistas por Polonia.

El capitalismo que les rodea

En nuestro camino hacia esta ciudad artificial nos encontramos con un centro comercial -"Hypermarket” en polaco-, un mercado de materiales de construcción, unos multicines y unas piscinas, todo ello construido en los últimos años. Para poder saber lo que es el comunismo, los estudiantes alemanes tienen que olvidarse del capitalismo que les rodea.

Según Kuba, Nowa Hutta “es algo único en toda Polonia”. El nombre completo de Kuba es Jakub Bialach, tiene 22 años y estudia sociología. “Esa es la razón por la que vienen tantos turistas a Nowa Hutta: Cracovia empieza a aburrirles”. Cuando Kuba habla de turistas se refiere a extranjeros. Dos tercios de sus clientes son británicos, el resto provienen de EE UU o de otros países de Europa Occidental. Por ahora, ningún visitante polaco ha participado en sus visitas guiadas por Nowa Hutta.

El primer destino, en nuestro viaje al modelo de ciudad comunista es el restaurante Stylowa, que conserva un estilo comunista inalterado. El encanto lo crean los árboles de plástico, las gruesas cortinas y los manteles de color rojo burdeos. Tocan música de moda polaca en los años setenta y ochenta. En un clima de serenidad bastante aburrido, los camareros sirven a los invitados comida casera polaca. A los estudiantes se les sirve arenque salado con una capa de cebolla por encima. Kuba le comenta a un estudiante: "Comida típica polaca". A todo ello hay que añadirle el imprescindible Vodka "Bebida alcohólica típica de Polonia".

“No me gustan los sindicatos”

Después de la comida viene la gran actuación del “Loco Mike", el guía del grupo. Relata algunas historias y muchas anécdotas de la época comunista en Polonia. Según cuenta, todo comenzó en 1949: “Supuso un orgasmo para los arquitectos porque pudieron construir en diez años una ciudad a partir de la nada”.

Los invitados se interesan, sobre todo, por el día a día en el régimen comunista. “Cuando éramos niños coleccionábamos latas de cerveza, de Coca-Cola, de lo que fuera con tal de que vinieran de Occidente. Se trataba, por tanto, de todas aquellas que no había aquí. A partir de 1989, comenzaron a venderse aquí también y las anteriores latas terminaron en el cubo de la basura". Según Mike, "una vez me dieron una barrita de chocolate Bounty y guardé el envoltorio en un recipiente de cristal. Era la primera vez que descubría el sabor del coco”.

El viaje continúa hacia Plac Centralna. Hoy lleva el nombre de Ronald Reagan porque el ex presidente americano es, para algunos polacos, el símbolo de la libertad política. Las avenidas se abren en forma de estrella. Las más importantes conducen a la enorme planta siderúrgica que daba empleo a 40.000 personas. La avenida llevaba el nombre de Lenin pero hoy se la conoce como la avenida de Solidarnosc. Uno de los estudiantes quiere saber lo que opina Mike de la Solidarnosc. Mike responde: “Eran muy buenos”, subrayando lo del “era”. “Hoy es un sindicato y a mí los sindicatos no me gustan”.

El negocio va como la seda

No es ninguna sorpresa que el joven empresario, Mike de 30 años, llame a sus trabajadores de forma irónica “mis esclavos”. Hace dos años que comenzó con sus locas visitas guiadas a lo comunista. Una pareja de americanos, convencidos por la idea de Mike, le dieron 1.000 dólares de capital inicial: “Ya habían estado en Cracovia y querían ver algo distinto. Entonces les llevé con mi antiguo Fiat polaco a Nowa Huta y les encantó”. Con el capital inicial se compró los dos primeros Trabis y desde entonces el negocio de estas locas visitas guiadas va como la seda para sus trabajadores y para él.

La última parada de los estudiantes es su piso en el legendario Schulsiedlung. Mike alquila en este edificio un piso tradicional de dos habitaciones en el que parece que el tiempo se ha detenido: los muebles, el papel de la pared, los cuadros, la televisión, las estanterías y la cocina son originales de los años setenta. Tampoco faltan cuadros de Cristo, una representación mariana y el Papa Juan Pablo II. "A la gente de Nowa Huta no le interesaba la política pero eran profundamente religiosos", comenta Mike.

En el piso que es ahora el museo privado de Mike, se sirve de nuevo Vodka con salchichas y pepinillos en vinagre. Al final de la visita algunos estudiantes compran bustos de Lenin y gorros de piel de recuerdo. Después de cuatro horas regresan en las reliquias automovilísticas a Cracovia. Cuando llegan a Rynek que es la plaza central, esta se encuentra llena de vida. No se puede comparar con la plaza de Ronald Reagan en Nowa Hutta. En aquella plaza sólo se podían ver pasear a un par de jubilados solos y a amas de casa.

Fotos, Ziesing & Ostrowski.

El autor es miembro de la red de corresponsales n-ost