Polonia y la comunidad judía: exterminando complejos

Artículo publicado el 25 de Julio de 2012
Artículo publicado el 25 de Julio de 2012
Durante toda la Eurocopa 2012, algunos medios de comunicación de Europa occidental se han ensañado con el supuesto carácter antisemita de la actual Polonia. Según estos, entre el hooliganismo y los estigmas históricos, los poloneses parecen estar acorralados por una especie de complejidad perpetua con respecto a los judíos.
Sin embargo, en Varsovia, una joven generación sustenta cada vez más un cierto despertar de la cultura judía.

Jueves 28 de junio, 20.43. Gianluigi Buffon y Philipp Lahm acaban de pronunciar un discurso que poco tiene que ver con lo que está en juego en la semifinal del Campeonato Europeo de Fútbol entre sus dos países. Plantados delante de una enorme pancarta en la que se lee Respect Diversity, los capitanes de las selecciones italiana y alemana intentan sensibilizar a los 58.000 espectadores del Estadio Nacional de Varsovia sobre la importancia de la lucha contra el racismo.

La relación de los judíos con el esférico

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Para qué engañarse, a los miles de telespectadores presentes en el recinto, situado en las inmediaciones del Palacio de la Cultura de Varsovia, este mensaje de tolerancia proclamado por los dos futbolistas no les ha cautivado los sentidos, aunque la iniciativa se puso en marcha en Polonia al inicio de la Euro 2012. La persona detrás del proyecto es Piara Powar, director ejecutivo de Fútbol Contra el Racismo en Europa (FARE por sus siglas en inglés), que vino desde Inglaterra para tomarle el pulso al país. Este londinense de unos cuarenta años e increíblemente flemático sabe perfectamente que apuntando al antisemitismo en Polonia se está metiendo en un polvorín: “La gente se sorprende al saber que hubo una comunidad judía, muy poco presente en la actualidad. En cambio, sí que hay espacio para la extrema derecha y los neonazis”.

Por espacio, entiéndase los estadios de fútbol donde las locuras extremistas han hecho las delicias de los medios de comunicación de Europa occidental. Remojándose los labios en su café americano, Piara asiente: “Aquí, a los hooligans —y, por extensión, los aficionados— se les considera antisemitas en potencia. Nuestro trabajo responde a un problema real. Me impresionó escuchar la leyenda urbana según la cual 2.000 o 3.000 judíos dirigían todo el país. Es la peor manera de ver las cosas”.

Aficionado empedernido del Arsenal y director del proyecto “Fútbol Contra el Racismo en Europa”.

Como testigo, el documental de la BBC titulado Los estadios del odio. El bombardeo, a menudo parcial, de los medios de comunicación sobre un problema de medio siglo de antigüedad quizás ha servido para fijarse en un conflicto siempre latente entre los poloneses y la comunidad judía. Rafal Pankowski, cofundador de la asociación Never Again y autor de varias obras sobre la extrema derecha en Polonia, nos recibe en el lujoso marco de uno de los restaurantes del Palacio de la Cultura. Director de la estructura de supervisión de reciente creación East Europe Monitoring Centre y principal colaborador de la UEFA en la campaña de sensibilización contra el racismo, este pequeño hombre con gafas es seguramente una de las personas que mejor conocen el problema en el contexto de la Euro 2012. Según Pankowski, la complejidad alrededor de la cuestión judía es “aún un problema”. Y añade: “Durante los partidos de fútbol, los aficionados se llaman judíos entre ellos porque se han convertido en símbolos del mal absoluto”. También comenta que los excesos parecen ser propiedad de brutos irreductibles que intentan hacer olvidar la imprescindible aportación de la comunidad judía a este deporte. Los dos principales clubes poloneses en Lodz, el LSK Lodz y el Widzew Lodz, fueron fundados y establecidos por grupos de intelectuales judíos en los años treinta. ¿Y en la actualidad? “Tenemos un jugador israelí en el Wisla Cracovia, Maor Melikson. Es muy reciente: fichó el año pasado y su entrenador le pidió que jugara con la selección polonesa. Melikson se negó. Es una lástima porque creo que nos habría ayudado mucho”.

Los poloneses, condenados “a la culpabilidad”

El jugador del “Wisla Cracovia” tras aterrizar en Polonia.Melikson representa la historia de un país desprovisto de símbolos pero que intenta, después de la caída del comunismo, fomentar mal que bien un cierto despertar de la cultura judía. En este sentido, en 2013 se debería inaugurar el Museo de historia de los judíos poloneses en el norte de la ciudad. En el lugar donde se emplazaba el barrio judío de Varsovia y en tres hectáreas de construcciones rodeadas de vallados, se levanta un andamio alrededor del que debería ser el centro cultural más grande dedicado a la cultura judía europea. Todo esto con el principal objetivo de preservar el último vestigio de patrimonio de la comunidad judía de la capital. “En Polonia, la comunidad judía fue la más importante de Europa y la segunda del mundo, justo después de la de Nueva York”, afirma Nitzan Reisner, de 23 años y encargada de la comunicación del museo. Nitzan nació en Nueva York en el seno de una familia judía tradicional antes de emigrar a Varsovia para que su madre estableciese la primera escuela judía. “En este museo revelaremos al público lo que ocurrió. Creo que la mayoría aún piensa que Polonia es un país antisemita. Los poloneses continúan confundidos con el recuerdo del Holocausto que les condena, de alguna manera, a la culpabilidad”. El trauma se explica en cifras: la comunidad judía pasó de 359.827 miembros (es decir, casi un 40% de los ciudadanos de Varsovia) el 28 de octubre de 1939 a 18.000 el 1 de enero de 1946.

El futuro centro judío de Varsovia visto desde las alturas.Es la pesada carga del pasado que puede estar relacionada con una “obsesión por la inocencia”, según explica una antropóloga polaca en una revista francesa. O también con el tabú de lo inconfesable, particularmente palpable desde la aparición de la obra del historiador Jan Gross, Los vecinos, donde demuestra que los pogromos contra los judíos se sucedieron después de la ocupación nazi. Nitzan prefiere personalmente mirar hacia el futuro: “Sí, antes era un tabú. Pero la juventud polonesa es ahora muy abierta, curiosa y tiene interés. Tengo un montón de amigos que cuando salimos se estresan por los pasteles que puedo comer o el alcohol que puedo beber. La nueva generación se preocupa de los judíos, lo noto de verdad”.

Lo judío está de moda

Según Kinga, de 28 años y que defendió su tesis en 2007 titulada El Holocausto en la cultura pop, el complejo agonizante del que no podían escapar muchos historiadores se ha transformado en “tendencia”. Al menos, para la generación Y. De hecho, hoy en día, los jóvenes varsovianos utilizan el término “judío” como tema. “Se ha convertido en algo bueno para introducir un debate. El periódico principal de Polonia, la Gazeta Wyborcza, publica a menudo artículos que hacen pensar que la palabra judío está de moda. En Varsovia, el ser judío o tener un colega judío se ha convertido en una tendencia, como ser un moderno o tener un iPhone”. Que alguien le explique a Buffon y Lahm que ya estaban marcando estilo antes de sacar de centro.

La autora de “El Holocausto en la cultura pop” en una cafetería del barrio varsoviano de Praga.

Este artículo forma parte de Multikulti on the Ground 2011-2012, una serie de reportajes sobre el multiculturalismo realizados por cafebabel.com en toda Europa. Nuestro agradecimiento al equipo de cafebabel Varsovia.

Fotos: portada, (cc) laprimadonna/Flickr; texto, Piara Powar, Nitzan Reisner y Kinga © Èric Lluent; Maor Melikson © cortesía de la página oficial en Facebookde Maor Melikson; Museo de historia de los judíos polacos © cortesía del sitio oficial del museo. Vídeo: UEFA (cc) zeppymetal/YouTube.