Ponerse morado

Artículo publicado el 17 de Diciembre de 2008
Artículo publicado el 17 de Diciembre de 2008
¡Cuidado! Durante las fiestas, el pavo relleno acecha. Un pequeño cuento navideño para los oídos europeos

Sentado sobre un banco de madera, al fondo de una iglesia abarrotada de parroquianos expectantes, mi estómago lucha contra una digestión complicada. El cura se calienta la voz y yo intento hacer recuento de todo lo que he comido en estas últimas horas. La lista es larga. Ostras al limón, caracoles con salsa de mantequilla, fuagrás, bûche de Navidad acompañado de champán… Estoy relleno hasta las branquias, como dicen los ingleses (to be stuffed to the gills©Nabee) y mi color se acerca cada vez más al violeta, tras ponerme morado©Pedro de exquisiteces navideñas, como dicen los españoles. La crisis de hígado es inminente, como diría un francés (crise de foie©Jane). 

Miro a la polaca que se sienta a mi lado que me dice con una sonrisa maliciosa que algo me pesa en el hígado (Coś mi leży na wątrobie) entre dos estrofas de los cánticos navideños. Puede que la ostia se me haya atragantado, o que me cueste ‘digerir’ la homilía. Was ist Dir über die Leber gelaufen?©Katha, me diría un alemán, para los que tener algo que les pasa por el hígado es sinónimo de cólera. ¡Uno de los siete pecados capitales! Inmerso en el silencio religioso del rezo, me arrepiento de no haberme confesado: me como el hígado, como en la expresión italiana mangiarsi il fegato©Francesca. Ira y gula… Tarde para rectificar, ¡voy de cabeza al infierno!