Por las calles de Estambul: Islam para principiantes

Artículo publicado el 5 de Noviembre de 2010
Artículo publicado el 5 de Noviembre de 2010
Pasear por las calles de Estambul puede ser una experiencia muy exótica para un europeo que nunca ha tenido contacto con la cultura islámica. Todo (o casi todo) aquello que quisiéramos saber del Islam, pero que no nos atrevemos a preguntar por miedo a que nos tachen de ignorantes, lo hemos averiguado con un guía excepcional: Anas Eryarsoy, profesor universitario y experto en historia del Islam.

A primera vista podría parecer una ciudad europea como cualquier otra: el tráfico, la muchedumbre, los carteles de Burger King, los restauradores que intentan atraerte por toda la calle... Insisto, a primera vista. Pero si te paras y cierras los ojos, todo cambia. Los olores de las especias que te hacen cosquillas en el olfato, una voz dulce y lamentosa invade el aire casi como si quisiera parar el paso del tiempo, y los pequeños gatos que reclaman tu atención. Y cuando abres los ojos de nuevo y te encuentras delante de la Mezquita Azul, entiendes que el verdadero Estambul todavía está por descubrir.

1) La voz del almuecín

Mucho más cómodo y sencillo que poner a uno orando en cada minareteFederico(editor italiano): "Pero... ¿Quién canta?".

Archi(editor español): "Bueno, vaya pregunta, es la plegaria del almuecín...".

Anas: "Tienes razón, Archi. Es una manera de recordar a los fieles que recen, para que no se distraigan, para que no se olviden de Alá. Lo oiréis cinco veces al día: desde el alba hasta la puesta del sol!".

Federico: "¿Y... Qué dice?".

Anas: "Son fórmulas fijas que se repiten varias veces: '¡Alá es grande!', por ejemplo, o también 'No hay Dios si no es Alá'. Pero no os penséis que las repite de modo mecánico. Es también, y antes que nada, su propia plegaria. Entre las pausas, él continúa rezando por lo bajo".

Federico: "Pero ¿hay uno en cada mezquita?".

Archi: "Claro, ¿no oyes que hay dos voces que dialogan entre ellas?".

Anas: "Realmente no es del todo así. Sólo hay un almuecín. O mejor dicho, no hay sólo uno en Estambul, sino en cada barrio. Él canta al micrófono dentro de una sala especial y el sistema de altavoces lo difunde a través de las diferentes mezquitas".

2) Alá

Federico: "Pero, en la práctica, ¿quién es Alá? Es como el Jesucristo cristiano, ¿no?"

Archi: "Pero qué cosas piensas... ¡Estamos en Turquía!".

Anas: "Digamos que en cierto modo es lo mismo, pero el concepto sobre el cual insiste nuestra religión es el de unicidad. Vuestro dios está rodeado de apóstoles y santos. Nuestro panteón es mucho más fácil: sólo esta Él. Entrando en la mezquita, habréis notado que no hay imágenes sagradas ni vidrieras historiadas. A nosotros nos basta amarlo y rezar sólo a Él".

Federico: "Bueno, ¡al menos ahorráis en santitos!".

Archi: "Federico, un poco de respeto".

3) El Imam

Anas: "Pero la cosa más importante es que nosotros no tenemos intermediarios. Vosotros tenéis a los sacerdotes, normalmente muy importantes. Nosotros nos dirigimos directamente a Alá y somos muy libres de gestionar nuestra relación con él".

Archi: "¿Por ejemplo?".

Anas: "Bueno, nosotros no tenemos plegarias establecidas. Cada uno escoge la manera de dirigirse a Alá: pidiendo ayuda, o recitando de memoria una parte del Corán; cada uno como prefiera. Además, somos libres de rezar donde sea, siempre que sean cinco veces al día. Parece una obligación, pero es sólo una forma de respeto hacia él".

La religión musulmana es más monoteísta; su panteón, en lugar de una legión de santos, tiene sólo a Alá

Federico: "Sí, pero... ¿Al Imam dónde lo situamos?".

Anas: "El Imam no es como vuestros sacerdotes. Él está exactamente como nosotros, es uno más de nosotros. No puede confesarnos, no da ninguna liturgia, no tiene ningún poder. Es sólo un punto de referencia dentro de la mezquita".

Archi: "Pero tendréis un criterio para escogerlo...".

Anas: "Claro. Se escoge porque tiene una voz bonita, ¡sólo por eso!".

Federico: "¡Ah! Debería decírselo a un párroco al que han excomulgado por mala conducta. Mejor aquí que en Factor X".

Archi: "¡Yo no te conozco!".

4) Las mujeres

Federico: "Pero... ¿Era Alá quien quería que las mujeres se cubrieran la cara?".

Anas: "¿Bromeas?".

Federico: "¡No!".

Anas: "Escucha. Sois vosotros, los occidentales, quienes véis el velo como un castigo, una voluntad de esconder. Para nosotros y para las mujeres es sólo un accesorio étnico, que han cogido prestado de la tradición bíblica, de las referencias que aparecen en las escrituras. También María o la Madre Teresa de Calcuta, antes de hacer los votos, lo llevaban. Y por razones prácticas: las grandes religiones nacieron en el desierto, donde es necesario cubrirse para protegerse del sol y la arena".

Federico: "Sí, pero amigas nuestras se han visto obligadas a ponerse el velo para entrar en la mezquita...".

Anas: "Sí, pero también vosotros os quitáis el gorro cuando entráis en la iglesia. ¿Qué más da? Es una forma de respeto hacia un sitio sagrado".

Archi: "Como el hecho de sacarse los zapatos y lavarse los pies...".

Anas: "Exacto".

Archi: "Pero ¿por qué, por ejemplo, en la mezquita, durante la plegaria, las mujeres están separadas de los hombres?".

Anas: "En este caso también se trata de respeto hacia Alá. En la plegaria nos ponemos de rodillas y nos plegamos apoyando la cabeza en el suelo. Esto es porque la cabeza es el sitio más noble de nuestro cuerpo. ¿Os imagináis un hombre que reza a Alá detrás del culo de una mujer?".

Federico: "Convincente. Aprobado. Pero, aun así, querido Anas, no me convences. No pensaras que la condición de la mujer es la misma que en occidente".

Anas: "Mira. En el Corán hay un capítulo entero dedicado a la mujer. El capítulo de María. No me parece que en las escrituras cristianas tengáis lo mismo, o que la mujer tenga mucho espacio. Al contrario: sólo se necesita relativizar. Vuestro objetivo es la igualdad, nuestro principio es la justicia. Vosotros queréis que el hombre y la mujer sean exactamente iguales. Nosotros nos esforzamos para tener una sociedad justa".

Archi: "¿Qué quieres decir?".

Anas: "Por ejemplo, a una mujer no se le pide que rece cinco veces al día si tiene el ciclo menstrual, o si está embarazada no está obligada a llevar a cabo el Ramadán. Hombres y mujeres no son iguales: nosotros intentamos ser justos a la hora de 'tutelar' la diferencia entre ellos".

5) Los homosexuales

Federico: "Sí, pero me parece que en algunos casos vuestra religión no es muy tolerante. Esta mañana nos hemos encontrado con un chico homosexual que nos ha dicho que aquí puedes morir por el simple hecho de ser gay".

Anas: "Pero esto no tiene nada que ver con el Islam. El la discriminación existe en todas partes, no sólo en los países musulmanes. Es el mismo discurso que se hace para el terrorismo. Un hombre, si es malo, no lo es porque sea musulmán. Es malo y basta. Un buen creyente se mide sólo en relación al amor que intenta manifestar hacia Alá. No importa que sea mujer, hombre, gay o bisexual. Nosotros diferenciamos las malas acciones de las malas personas".

Archi: "¿Podrías explicarte mejor?".

Anas: "No es que un homosexual no sea una buena persona. Pero, mira: para nosotros la cosa más importante son los niños. Los hijos. En una pareja homosexual no puedes entrar en el mundo de los hijos. Y menos adoptándolos. Los niños para nosotros son un pilar de la sociedad: deben tener un padre y una madre. Para no mandarlos a un orfanato, el estado ayuda económicamente a las familias que deciden adoptar un huérfano".

Federico: "¿Sabes qué, Anas?... ¡Todo este discurso me ha dado una sed terrible!".

Archi: "¡Es la cosa más interesante que te he oído decir en toda la entrevista!".

Foto: (cc)RICCIO "il colore del ricordo inganna"/flickr; (cc)jean-pierre jeannin/flickr;