Por los caminos de un país desconocido: Albania

Artículo publicado el 14 de Septiembre de 2009
Artículo publicado el 14 de Septiembre de 2009
Lo más difícil es encontrar una guía que hable de este país de Europa del este, no mucho más grande que una región francesa. Con sus 400 kilómetros de costa, sus lagos y sus aldeas de piedra, Albania tiene mucho que ofrecer a los viajeros en busca de autenticidad

“¿Por qué Albania?”, fue la pregunta más corriente cuando declaramos nuestra intención de visitar el país durante nueve días. Incluso sobre el terreno, los propios albaneses se sorprendían de nuestra elección como destinación veraniega. Halagados, nos acogieron maravillosamente. Conversábamos en un inglés aproximativo, usando aquí y allá términos italianos. Albania deja la singular impresión de ser un país que escapa a los embates del tiempo, lejos de la agitación y el movimiento de las grandes capitales donde nadie sabe ya tomarse su tiempo. Allí todo el mundo espera pacientemente el autobús, y no duda nunca en dedicar veinte minutos a orientarnos, guiarnos o simplemente charlar. “Paciencia”, ese es el refrán que hay que mantener en mente en los caminos albaneses. Raros son los pueblos donde hay horarios señalados y no siempre existen paradas de autobús oficiales. Pero aunque todas las mañanas nos preguntáramos cómo y en cuánto tiempo lograríamos llegar a nuestro destino, ya fuese en bus, minibus, taxi o autoestop, siempre acabábamos llegando a buen puerto.

Autoestop en un maletero

©J.Bathellier

Apretados dentro de minibuses o metidos con calzador al fondo de un autobús, recorrimos las rutas escarpadas del sur del país. Pasamos de aldea en aldea constatando que cada una, incluso la más pequeña, tenía una estación de servicio; y aunque en el país hay carestía de agua en verano, los lavazho para limpiar el coche son innumerables. En un país con una red ferroviaria prácticamente inexistente, el coche –como el famoso Mercedes 240D- tiene un papel preponderante. Además, dado que los autobuses y minibuses no cubren todo el territorio, el autoestop es una solución alternativa muy útil –ventajosa económicamente-, especialmente en las distancias cortas: la gente para espontáneamente y no dudará en apretujarse o en vaciar el maletero del coche especialmente para uno.

lassi.kurkijarvi/FlickrDurante los trayectos no pudimos dejar de ver por la ventana los innumerables búnkeres abandonados que jalonan el paisaje y que 'crecen' en los campos y las playas. Construidos bajo la dictadura de Enver Hoxha para disuadir a posibles invasores, son testigos de una psicosis de guerra. Aunque nunca fueron utilizados, estos búnkeres recuerdan hoy en día los 40 años de aislamiento del país. Puede parecer curioso que no hayan sido destruidos al acabar la dictadura: algunos incluso han sido repintados. Esto nos recordó a los edificios pintados de Tirana. Esta bella iniciativa se debe a Edi Rama, alcalde de la capital desde 2000. Desde el principio de su mandato hizo un llamamiento a artistas para embellecer las monótonas fachadas de los inmuebles de arquitectura comunista. Si estos colores llamativos pueden parecer una manera de ocultar la miseria, no es menos cierto que al menos tienen el mérito de alegrar la vida cotidiana de los habitantes y de ser un elemento característico de la capital, cuyas fotos han dado la vuelta al mundo.

Tirana, capital europea

©A.MerOlvidada durante largo tiempo, Tirana busca elevarse al rango de capital europea. Hoy por hoy es una ciudad en pleno auge, de lo que es testigo la modernidad de su barrio de negocios y las animadas calles donde se alinean los restaurantes y los bares más modernos. Pero con sus 'Campos Elíseos' mantenidos a duras penas, el escaso mobiliario urbano y la desastrada e infravalorada orilla del río, Tirana difícilmente puede competir con sus vecinas occidentales. En toda Albania puede notarse cierta fascinación con los países de Europa occidental y los EE UU. La juventud es la que más claramente muestra esta influencia cultural: los éxitos musicales americanos resuenan tanto en las discotecas de la capital como en los autobuses campestres. Por la noche todos se visten a la moda; los chicos perfumados, las chicas bien dispuestas, sin dudar en ponerse sus tacones más altos a pesar del pavimento y el desnivel en calles como Berat o Gjirokastra.

"La reciente candidatura de Albania a la UE viene a confirmar la ambición del país de abrirse al exterior"

Albania también intenta emanciparse de su pasado comunista aprendiendo inglés en la escuela, que antes estaba prohibido. El país cuida claramente sus nuevas relaciones con los enemigos de antaño y no duda en rebautizar una de sus calles con el nombre del último presidente americano, Rruga Presidenti George W. Bush, tras una visita diplomática. La reciente candidatura de Albania a la UE viene a confirmar la ambición del país de abrirse al exterior. Realmente nos sentimos como asistiendo desde el palco a la transformación de un país entero. Las ciudades no dejan de desarrollarse y extenderse, de lo que son testimonio las numerosas canteras que bordean los caminos. Aunque Albania es todavía poco visitada, el país tiene potencial y ciertos promotores invierten ya en complejos hoteleros como los de Vlora o Saranda, donde los rascacielos comienzan a alterar el pasado.

Algunos consejos...

Cómo llegar: no hay vuelos directos desde España. Con Malev hungarian airlines, puede hacerse el viaje con escala en Budapest. En temporada alta, hay que contar con entre 300 y 400 euros ida-vuelta.

isidro2007/FlickrDónde alojarse: en los albergues juveniles –hay dos en Tirana- hay que contar con 7 a 12 Euros la noche. Los hoteles suelen costar cerca de 25 Euros por habitación doble fuera de Tirana.

Comer: el Byrek –entre 20 y 40 céntimos- es la comida local, una pasta hojaldrada rellena de queso, espinacas, carne picada o tomate. Por una dorada a la brasa en la playa hay que calcular 3,50 Euros. Un plato en un restaurante moderno de Tirana cuesta sobre 4,50 Euros.