¿Por qué da miedo Gomorra?

Artículo publicado el 18 de Julio de 2016
Artículo publicado el 18 de Julio de 2016

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(Opinión) La polémica sobre la conveniencia de llevar o no a la pantalla determinadas realidades en verdad no es tan nueva. Pero quizá sería más conveniente preguntarse qué es lo que realmente da miedo: ¿por qué nos preocupamos más de la representación del mal que del mal en sí mismo?

Quién sabe si en el año 431 a. C. algún ateniense, tras la primera escenificación de Medea, pensó que Eurípides podría ser acusado de instigación al infanticidio. Pero hoy estamos en 2016 y Roberto Saviano, autor del best seller Gomorra (diez millones de copias vendidas en todo el mundo) y cocreador de la homónima serie de televisión que ha batido todos los récords de audiencia, está en el centro de una polémica que anima periódicos, televisiones y web. ¿Cuáles son las acusaciones que han lanzado sus detractores? «Celebra el mal», «Dibuja un Estado ausente o con medios insuficientes», pero sobre todo: «Da una mala imagen de Italia».

La polémica del absurdo

Gomorra tiene el efecto de llevar ante los ojos del gran público el horror, el mal absoluto, una escalada de violencia sin fin, impactante como una bofetada en plena cara. En Nápoles se cometen asesinatos, se negocia con la Camorra y se combate la eterna lucha entre el bien y el mal. Todos sabemos que el mal existe, el más feroz, el más vulgar. Y a pesar de ello no somos capaces de tener reacción alguna, al menos hasta que no conseguimos mirar al mal directamente a los ojos. Y no reaccionamos ni siquiera cuando leemos ciertas noticias en los periódicos o cuando las vemos en televisión: la matanza de miles de muertos en poquísimos años ha activado el peligroso mecanismo de la costumbre.

En cambio, somos capaces de indignarnos, a veces de forma explosiva, cuando nos muestran el mal a través de una serie de televisión que nos arranca durante un instante de nuestro estado de feliz ignorancia (o, peor todavía, de pasotismo). Y aquí llega la gran paradoja: no nos indignamos tanto por la existencia de esta realidad como por el hecho de que nos la cuenten. No sea que nuestros hijos, tan inocentes por ejemplo frente a sus videojuegos «absolutamente no violentos», quieran cortarse el pelo como Genny Savastano o empiecen a utilizar expresiones inapropiadas. Miedo a la imitación, en otras palabras.

Pero ¿se trata de un riesgo real? Más bien lo contrario: los niños empuñan las armas en Scampia, los jóvenes conocen las drogas demasiado pronto en Secondigliano y las lápidas con fechas de nacimiento demasiado recientes se acumulan sin fin en los cementerios de Nápoles y alrededores. Esto ha sido lo que ha inspirado las historias de Gomorra, y no al revés.

¿Qué es lo que realmente nos da miedo?

No hay que olvidar que en el fondo Gomorra es una expresión artística que ha tenido un éxito extraordinario. Y que, como sucede cada vez que una obra (sea cual sea el tema del que trate) llega al gran público, inevitablemente se convierte en un instrumento en manos de quienes la disfrutan. Así que hay chicos que emplean las expresiones que oyen a lo largo del capítulo y grupos de Facebook como O' sistema o Malavita siciliana, dedicados a los presos (porque sí, existen grupos de Facebook que están dedicados a los presos y que siguen sin ser bloqueados), que usan las fotos de la serie de televisión o sus expresiones al sentirse representados por lo que ven. Otros, en cambio, que no conocían antes esta realidad después de haber estado mucho tiempo anestesiados por la desinformación galopante que relega a las últimas páginas de los periódicos locales estas noticias, a veces empiezan a leer, a documentarse, a querer saber la verdad.

Siempre habrá quien se inspire o se sienta representado por una escena de violencia y corrupción moral (ya sea grabada, dibujada o narrada), mientras que en el otro lado habrá quien vea reforzarse cada vez más su conciencia civil. El arte es esto, y desde siempre ha sido así.

Si se culpa a la representación de un mal existente de la misma existencia de ese mal, se entra en una paradoja. Quizá mirarse en el espejo y ver la sociedad enferma en la que vivimos hoy, saber cómo de bajo es capaz de descender el hombre y reflexionar sobre lo extendida que está la criminalidad nos da miedo a todos, sobre todo a aquellos que gobiernan y que son en parte responsables de todo esto. En el fondo es sabido que un pueblo ignorante es más fácil de gobernarO quizá, más allá de todos los razonamientos y las opiniones, lo que más nos asusta es admitir que todo este mal nos fascina un poco. Lo que de verdad nos aterroriza es mirarnos a nosotros mismos en el espejo y no saber, al final, por qué parte vamos a tomar partido, si tenemos la valentía de elegir la parte del bien o si, en cambio, nos doblegaremos a la violencia y a la corrupción moral. Lo que es cierto es que no podemos delegar nuestra elección a una serie de televisión. Tenemos la obligación de saber para poder escoger. Somos nosotros los que debemos decidir en qué sociedad queremos vivir, qué enseñamos a nuestros hijos y quiénes queremos ser realmente. Para hacerlo no hay Saviano, Jesús o Hitler que valga, solamente estamos nosotros.