Por qué el 67% de los irlandeses votan Sí al Tratado de Lisboa

Artículo publicado el 5 de Octubre de 2009
Artículo publicado el 5 de Octubre de 2009
El 2 de octubre, el pueblo irlandés permitió el cambio a la constitución para aprobar el Tratado de Lisboa. El “rotundo” y “convincente” voto aleja los miedos de un referéndum aprobado por los pelos que demostraría la falta de fe de los irlandeses en el proceso democrático de la UE

Los votantes aprovecharon la oportunidad de reconsiderar su elección el 2 de octubre, con una participación un 6% superior a la del primer referéndum en junio de 2008. Es difícil sacar grandes conclusiones a la luz de estos datos, pero vamos a intentarlo: la pérdida de números de votantes del No en comparación al anterior referéndum equivale al 9% del electorado nacional. La participación fue aproximadamente del 59%, y el aumento de los que votaron Sí fue del 15% del total de los votantes registrados.

Se oyen discursos de celebración por todas partes. El primer ministro irlandés, Brian Cowen, dice que se ha avanzado hacia una “Irlanda más fuerte, más justa y mejor, y una Europa más fuerte, más justa y mejor”, e Irlanda, cuyo objetivo era “permanecer en el corazón de Europa: hoy es un buen día para Irlanda y un buen día para Europa”. La Comisión Europea y el Presidente del Parlamento Europeo, José Barroso y Jerzy Buzek, además del presidente del Consejo Europeo y el primer ministro sueco, Fredrick Reinfeldt, repitieron el mismo discurso.

Los votantes del Sí tienen más apoyo

Tan alentador como este sincero sentimiento sea para la población de Europa, también estamos preparados para ser bombardeados por la negatividad procedente de una variedad de fuentes dudosas. Nigel Farage lanzó la primera piedra. El europarlamentario del UKIP (el inquebrantablemente euroescéptico partido del Reino unido) dijo confidencialmente que en la cuenta atrás del referéndum irlandés, grupos favorables al Sí eran diez veces más numerosos a los del No y que los mensajes de los medios eran 7 a 10 favorables al sí.

No se conocen los datos exactos, pero es seguro que el campo del Sí tenía sustancialmente más apoyo económico, tal y como dijo el europarlamentario irlandés Joe Higgins en septiembre: “los relativamente escasos recursos del No eran absolutamente empequeñecidos por las obscenas cantidades de dinero del lado del Sí”. El jefe de Ryanair, Michael O’Leary, admitió haber donado medio millón de euros a la campaña del Sí, dando pie a la especulación que insinuaba que intentaba ganarse los favores del Parlamento Europeo. Este último le ha impedido repetidamente hacerse con el control de la aerolínea irlandesa Aer Lingus. Las no declaras donaciones de fuentes privadas y corporativas aseguran que la mayoría de organizaciones lobistas contaran con lo suficiente para hacer pasar su mensaje. Los que apoyaban la campaña del Sí donaron dinero más fácilmente que los del lado del No. En 2008, el partido euroescéptico Libertas fue investigado tras ser acusado de haber sido financiado por la CIA. Esperemos que este año todos los grupos se sientan lo bastante seguros como para desvelar de donde vinieron sus donativos.

De vuelta a la política irlandesa como es costumbre…

Hoy el gobierno irlandés continúa teniendo en su agenda apremiantes asuntos, como el controvertido proyecto NAMA (agencia de gestión nacional de activos), enfrentando a la constante crítica sobre el manejo de las finanzas públicas y el enfado creciente que empeora con el sentimiento de malestar e inseguridad de los contribuyentes públicos y privados. Otro asunto principal para el partido Fianna Fáil es la amenaza que supone el partido opositor, el Labour party, que, según se especula, se haría con el gobierno dentro de tres años. La presión existe.

Todo esto ya no está eclipsado por el Tratado de Lisboa y los asuntos nacionales vuelven a primer plano. “Sí al trabajo”, “Sí a la economía”, y otras coletillas tan convincentes e informativas de la campaña del Sí van a ser descartadas desde ahora. De la misma manera, cualquier preocupación acerca de la credibilidad dañada del electorado irlandés tras este cambio de opinión radical en solo 16 meses no será discutida en estos tiempos felices. Después de todo, es un buen día para Irlanda, un buen día para Europa.